Opinion

Iván Arias y sus Contrapuntos Taurinos: La inmortalidad de Beethoven y su Novena Sinfonía

  • Se cumplen 200 años del estreno de unas de las obras más icónicas, imprescindibles y cumbres de la literatura sinfónica: la Sinfonía Número 9 Coral Op. 125 en Re menor de Ludwig van Beethoven

Y es que hablar de Beethoven y su gran revolución musical ya anticipada en sus obras previas (Sinfonías 3, 5, 6, 7, su cuarto concierto para piano, su sonata para corno, por mencionar solo unas pocas) supone un gran esfuerzo porque podría decirse que todo se ha dicho. Que si cambió las formas musicales, que si tuvo la ocurrencia de tener sentado un coro por largos 50 minutos para cantar solo al final de la obra, en fin. Un sinnúmero de controversias que solo los genios provocan.

Pero la idea de estas líneas no es navegar por las muy comúnmente agitadas aguas de la música, sino más bien, mover a la reflexión de cómo una obra que cumple 2 siglos de haber sido escuchada por primera vez sigue siendo tan taquillera, interpretada y exigida en la programación de todas las orquestas del mundo.

Una de las máximas de cualquier arte nos dice que el artista antes de pretender gustar al público, debe gustarse a sí mismo, antes de pretender conmover se debe estar en ese estado donde uno mismo vive tal cúmulo de sentimientos, que llega a esa inusitada catarsis. Pues bien, Beethoven vivió esos momentos que le permitieron crear magnífica obra.

Ante una total imposibilidad para escuchar sus obras (los signos de la sordera empezaron desde su quinta sinfonía, unos 15 años antes del estreno de la novena) aunado a problemas mentales, y una precariedad económica, la magia de la música no dejaba de fluir en su ser y en su oído interno.

Tal vez por eso Beethoven decide poner no solo música, sino aquel texto de Friedrich von Schiller, donde habla de un Padre bondadoso, aquel en el que siempre creyó firmemente. También manifiesta un enorme deseo de hermandad, de unión fraternal humana, anhelos que tenemos 200 años después de la concepción beethoveniana. Deseo tan vigente como la misma obra, por eso aún queremos escucharla, por eso ha roto las barreras temporales, idiomáticas, y nos sigue conmoviendo, incluso, hasta las lágrimas.

Porque el arte es aquello que busca remover nuestra más íntima fibra, aquello que cuestiona al mundo exterior y al mundo propio, aquello que confronta y nos reconcilia. Como lo comenté en aquella entrevista que don José Mata me hiciera hace algunos años, el arte no cumple una función vital en el cuerpo humano, biológicamente podríamos vivir sin arte, pero el espíritu, el alma exigen permanentemente nuestra convivencia con él.

Y es así como llega ese estado de gracia, surge la chispa y Velázquez pintó Las Meninas o Picasso El Guernica; Dante escribiendo su Divina Comedia; Cervantes El Quijote; Miguel Ángel esculpió al David. Gracias a esa inspiración se han rodado películas como: La Vida es Bella, Cinema Paradiso

En fin. Podríamos usar esa frase que reza: inserte su obra de arte favorita aquí.

Ese mismo estado de gracia llega a nuestros héroes modernos, los que se visten de seda y oro y logran crear belleza en una danza dramática que juega entre la gloria y la muerte. Claro, Beethoven tuvo la osadía de retirarle su dedicatoria a Napoleón al coronarse emperador, pues él era ferviente creyente en la república. Pues bien, esa osadía, sustentada en la convicción personal, debe imperar en nuestra fiesta: al enfrentarse al toro bravo, con trapío, con la edad reglamentaria. Que la verdad sea la carta de presentación.

Y que nosotros, los aficionados, convivamos con todas las expresiones artísticas que podamos disfrutar. Que el arte llene nuestros sentidos, sacie nuestro espíritu y, a su vez, exija día a día más de él y de nosotros. No le tengamos miedo y dejémonos llevar por la aventura. Se dice que no sabemos apreciar lo que nos conocemos, pero si antes de conocer, sentimos, la distancia entre el creador y el diletante es cada vez más corta.

Le dejo aquí, apreciable lector, un par de sugerencias, esperando, encuentren en ellas el mejor señuelo para engancharse:

Conciertos para la juventud. Forever Beethoven. Leonard Bernstein y la Filarmónica de Nueva York.

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Grabación de la Novena Sinfonía de Beethoven. Camerata Metropolitana. Humberto López director, Ivan Arias Castellanos, corno principal.

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Larga vida a Beethoven, larga vida a la Música, al Arte y a la Fiesta Brava.

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* Iván Arias Castellanos. Cornista principal de la Camerata Metropolitana. Egresado de la Escuela Nacional de Música de la UNAM. Ha participado en orquestas como: Filarmónica de la Ciudad de México, Sinfónica del Estado de México, Sinfónica de la Universidad de Guanajuato, Sinfónica del Instituto Politécnico Nacional, Orquesta de Cámara de Bellas Artes. Ha tenido participaciones internacionales en ciudades como Bruselas, Bélgica y Ereván, capital de Armenia. Y gran aficionado al arte de la tauromaquia.

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