En Manizales… Un mano a mano en el que perdimos todos

Monumental plaza de toros de Manizales, Colombia. Domingo 8 de enero de 2023. Último festejo de la temporada taurina de la capital caldense en su edición LXVIII, correspondiente a una corrida de toros con el formato de mano a mano; se anunciaron animales la ganadería de Ernesto Gutiérrez (Santacoloma – Murube), impresentables para una plaza de primera: anovillados y cornimochos; en su totalidad protestados de salida, siendo el quinto pitado en el arrastre.

Julián López El Juli: Palmas tras aviso, silencio y pitos.   

Andrés Roca Rey: Oreja, silencio y dos orejas.

Detalles:

Antes de iniciar el festejo los dos alternantes recibieron reconocimientos; al madrileño por sus 25 años de alternativa, el peruano por ser declarado ganador de la corrida de la juventud del año anterior.

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Gélida y lluviosa tarde en la ciudad caldense con un lleno parcial en su coso Monumental, para ver el festejo de cierre de la temporada cafetera.

El tan anunciado mano a mano entre dos diestros que son del afecto de la afición de esta plaza: Julián López El Juli, en la celebración de sus 25 años de alternativa y Andrés Roca Rey, quién durante los últimos años se ha convertido en un referente de la tauromaquia contemporánea ostentando el titulo de figura de la torería mundial.

Un festejo que sin duda deja mucho de qué hablar; una tarde en la que todos hemos perdido un poco; perdió la plaza que, aunque llena carece de brillo y rigurosidad, perdió el aficionado, que esperaba ver toros y toreros, recibiendo miserias y tramposos (incluso uno de ellos increpo al Juli, tras la lidia del quinto toro), perdió la fiesta, pues confirmó su falta completa de norte; perdieron los toreros nacionales pues a nadie le importan, ya que valen más la figuras, aunque vengan a engañarnos.

Siento que hemos perdido todos, pues sin verdad la fiesta está condenada a desaparecer.

Pero…

¿A quién atribuir esta perdida?

En primer lugar, a una empresa caprichosa y arbitraria que encumbra y legitima toros y toreos; igualmente, a los figurines (ibéricos o latinos) que, en el afán de triunfar y cobrar, no miden el peso de sus caprichos.

También, a la prensa corrupta que llena páginas, espacios radiales o pantallas, con mentiras y engaños, con espejismos hechos con palabras.

Y, finalmente, a nosotros mismos, a los que callados participamos del engaño, conformándonos con las miserias taurinas que nos arrojan figurines, apoderados y empresarios.

Revisemos pues, de manera sintética lo sucedido en la tarde de hoy en Manizales:

El primero de la tarde Silvestre (448 kilos) recibió pitos de salida, a razón de sus hechuras indignas e insuficiente cornamenta, mostrando una cara brocha al extremo.

El de Madrid montó una faena a distancia kilométrica, toreando por el pico y dejando trompicar el paño; con el acero, la pirueta de siempre el julipié dejando ventajosa pero insuficiente estocada, despachando con el verduguillo tras un aviso. Saludo.

El segundo, Clarinete (452 kilos) un morlaco anovillado, pitado de salida, apenas se llevo un pellizco en el tercio de varas, llegando a las telas del peruano con más ganas de recular y rajarse que de presentar franca lid.

Por este motivo Roca Rey apeló a una faena de provincia tocando demasiado al toro, enrollándose con él para evitar la huida y sacando, cuando se lo permitía el animal momentos de quietud que ante un rival tan disminuido pasan totalmente desapercibidos.

Despachó con una tendida pero firme estocada, que le permitió recoger un excesivo trofeo.

En tercer lugar, saltó al ruedo Habanero (470 kilos) el más pesado del encierro y el que, mostraba alguna seriedad de cara; recibió una lidia de trapazo con el percal, que auguraba una desacompasada labor con la pañosa, en la que el morlaco pasaba a regaña dientes y con la cara a media altura; el ibérico monto una labor inteligente y ventajosa, que cerró de fea manera pues su ya conocida fórmula no le funcionó pinchando en dos ocasione y dejando una espadazo caído. Silencio.

Con el cuarto Centellita (448 kilos) el peruano hizo gala de su ya conocido repertorio capotero, vistoso y con espectacularidad, pero minimizado por la merma del cornimocho rival.

Con la muleta el peruano expuso sus argumentos por los dos pitones, amoldando la embestida de un soso, gazapón y desentendido animal que buscaba la vereda de los mansos; faena larga, con más transmisión que profundidad; que cierra de mala manera al esta pesado con el acero, pinchando hasta en tres ocasiones. Silencio.

Muy protestado fue el quinto, Madremonte (460 kilos) a razón de su mermada presencia, fuerza y huidizo comportamiento; el de Madrid, muy al estilo morantista, al ver que el animal no tenía un pase, optó por acelerar la muerte, congestionándose con los aceros dejando numerosos pinchazos; termina su presentación en medio de una bronca.

El cierra plaza Perdicero (456 kilos) siguió la línea de mansedumbre de toda la corrida, distraído y huyendo; lo que implicó para el peruano un sobre esfuerzo en el que mostró más recursos de viveza que de valor o grandeza; una actuación sin ninguna factura artística, pero de gran calado en la gradería; con la tizona deja certera estocada. Dos orejas.

A modo de cierre:

Quiero analizar cuatro de las variables que identifico necesarias para dar cuenta de la naturaleza de este mano a mano; en su orden serían: la naturaleza del festejo, el público, el ganado y los toreros, dado que su combinación y correspondencia son factores decisivos para que usted, apreciado lector, se lleve una idea de la dimensión de lo sucedido en este cierre de la feria de Manizales.

El festejo: Junto a la encerrona de ayer, son apuestas de una empresa que se adapta al gusto de las figuras y que, en completa actitud de sumisión, se deja imponer cuanto experimento se inventan apoderados y toreros; ahora, el formato de mano a mano, no sólo es caduco por la falta de competitividad que al día de hoy se observa en los ruedos, sino que es excluyente al restringir un puesto para un tercer alternante, que para un festejo de toreros extranjeros como este debía ser un torero nacional, y con ello nos referimos no a Luis Bolívar que ya ha tenido más que oportunidades, sino aquellos toreros emergentes que esperan y anhelan vestirse de luces.

El público: Como ya se ha escrito y bien se sabe, es quién llena la plaza y sostiene la fiesta; este año, el público se ha volcado con generosidad a los tendidos; público heterogéneo y de todo el país se ha congregado en esta particular ciudad, mostrando a los políticos de turno, la vivacidad de la afición; por ello, indigna lo que le presentan como toro bravo; exaspera, la imposición de formatos que en ferias más grandes quizá funcionen pero acá son apuestas para el bostezo; encoleriza, como, siendo los que pagan son los que menos derechos poseen; sin embargo, hay están y hoy han llenado la plaza, no sé si por ingenuos, generosos o ignorantes, pero hay están y enhorabuena por ello.

El ganado: Sirva la extensa galería del buen Emanuel Sánchez para dar cuenta de la clase de miserias taurinas que seleccionaron adrede los dos actuantes y que con la complicidad del ganadero y el empresario saltaron al ruedo Manizalita; Aquí los amigos del engaño hablaran de un encaste propio, de un genotipo y fenotipo, del toro de la casa y demás ridiculeces, pero lo que si queda claro es que el toro ha de ser integro, bravo, encastado y con trapío, máximo en una plaza de primera; por eso es inaceptable la presentación de este tipo de ganado y más aún que los que deben velar por la grandeza y continuidad de la fiesta avalen este tipo de alimañas.

Los toreros: Principales responsables del soberano petardo que han pegado, pues sus imposiciones y facilismo han hecho de la tarde un motivo de vergüenza, indignación y rechazo. De El Juli ya se esperan este tipo de cosas, pues sin descaro deja ver el poco interés por pasar miedos o afanes; sin embargo, al peruano, quien desde el 2015 tras su doctorado no ha venido más que toreando ganaderías comerciales, pues indigna como un artista con tan claros recursos se ha refugiado en la comodidad del amaño y del toro a modo; hecho que desdice todo lo que de valor y quietud pueda mostrar y le quita todo mérito a su manifiesto talento.

Así, con más sombras que luces cerró la temporada la temporada taurina de la capital caldense en su edición LXVIII, y de ella, si me lo permite su generosidad, les invito a quedarse con tres estampas:

Primera: Los llenos en los tendidos, congregando todas las edades, procedencias y conceptos.

Segunda: El escaso juego de los toros, su mansedumbre manifiesta y su escaso trapío.

Tercera: La autenticidad de los toreros, jóvenes y emergentes, que sin mucho cartel ni apoyo han dejado los momentos más bonitos de esta feria.   

Por su atención infinita gratitud.

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