El reportaje de Martín Campos… El Huayt’o cumplió su sueño junto a Andrés Roca Rey

Hay historias que se cuentan por sí solas. Basta apenas una imagen o un impulso para hacerlas posibles, sentirlas y emocionarse con ellas. Como esta, la del Huayt’o, el niño torero del remoto pueblo de Paruro, en Cusco. La misma que en torno suyo podrían escribirse varias otras más, por su carga emotiva y conmovedora.

En todo caso, representa un elogio a la felicidad. O mejor dicho, a la forma de buscar y encontrar la felicidad. Lo sentenciaba Voltaire cuando afirmaba que buscamos la felicidad como los ebrios buscan su casa: saben que tienen una, pero no dónde está.

Si somos capaces de proporcionarnos satisfacción haciendo lo que nos gusta y, especialmente, brindarla al resto, nuestra labor queda plenamente recompensada. Jean Paul Sartre lo dejaba muy en claro cuando decía que la felicidad consiste en no hacer lo que uno quiera, sino querer lo que uno hace.

Entrando al tema, contábamos en un artículo anterior aquí mismo en Toros en el Mundo (El Huayto, la tierna imagen de un niño torero captada genialmente por el lente de Marco Yanque) sobre cómo unas fotografías maravillosas del joven artista Marco Yanque hicieron posible conocer la existencia del niño parurino Elizbán Huayt’o Consa cuando lo retrató capeando una becerra y saludando torerísimamente al público en la pequeña placita de toros de Paruro.

Luego de investigar y hacer unas cuantas llamadas, pude encontrar a la familia de Elizbán y hablar con su padre Eduardo. Al principio fue un tanto difícil tratar de explicarle lo que tenía en mente hacer y saber si estaría de acuerdo. Antes, me puse inicialmente en contacto con Marco y hasta nos pudimos ver y conocer personalmente en Viraco, Arequipa.

Marco Yanque es infatigable seguidor de los festejos taurinos que registra con su cámara fotográfica. Para esto, el primer reportaje publicado aquí en el portal ya había generado mucho interés por el niño debido a su manifiesto deseo de conocer a su ídolo máximo, el consagrado matador Andrés Roca Rey. Otros medios, incluso impresos, como la revista Fiesta Brava habían rebotado también la nota. Tan solo era cuestión de tiempo para que surja seguramente alguna llamada que nos diera mayor información sobre el entorno de la familia de Elizbán.

Esa llamada tuvo nombre propio. Fue de mi amigo Silvio Esquivel, muy conocido en las plazas y ruedos de la región como alguacilillo que va siempre ataviado con el característico traje de la época del rey Felipe IV. Silvio me dijo haberle encantado el reportaje. Entonces la posibilidad de que pudiera ir a Paruro para hablar con la familia del Huayt’o; explicarles y sobre todo convencerlos de que todo esto no era un timo ni cosa por el estilo, se hacía posible: ¡Señor Martín cuente conmigo de inmediato! —me respondió entusiasmado.

Con Silvio empezamos a detallar todo lo necesario para traer al niño y su familia. Me pasaría una relación de gastos locales, los datos personales de identidad de todos los que vendrían y así poder gestionarles sus pasajes. Tenía en claro que lo más conveniente era que viajaran en vuelo directo desde Cusco a Lima.

El distrito de Paruro es la capital de la provincia homónima ubicada en la región Cusco. Se encuentra a una altura de 3,070 msnm y dista por carretera a hora y media aproximadamente de la ciudad del Cusco. Su población no sobrepasa los 3,500 habitantes. La familia Huayt’o Consa la conforman los dos padres y sus diez hijos. Dos de los cuales ya son independientes. Quedan aún bajo su cuidado ocho niños. Elizbán, con sus doce años, es el mayor de estos últimos. El medio de subsistencia familiar se los prodiga el campo.

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El Huayt’o y su familia. Paruro, Cusco (Perú)

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Cuando llegó donde ellos, a Silvio lo atendieron muy bien, dentro de sus modestas posibilidades. Según me contó por teléfono, incluso le convidaron un cuy asado. Pude entonces, hablar ya más fluidamente con el padre y también saludar al niño. Silvio les había pormenorizado de todo cuanto se trataba este empeño para hacer realidad el sueño del Huayt’o.

El primer paso se había logrado y me daba visos de que todo marcharía bien. Teníamos claro que la idea era aprovechar la actuación de Andrés Roca Rey el domingo 13 de noviembre en la Plaza de Acho, para que Elizbán pueda verlo allí. Se requería entonces, hablar con el mismo Andrés o su entorno para ponerlo en aviso. Conociéndolo dábamos por hecho de antemano sobre su buena disposición. Como en efecto fue.

Luego, gestionar con la Empresa los permisos y facilidades para el ingreso del niño a la plaza ese día. Reservamos el hospedaje y dejamos preparado todo lo relacionado para su estancia en Lima. Paralelamente, generosos amigos aficionados propusieron habilitar un medio que haga posible canalizar las ayudas para el niño.

Aquí prestó enorme colaboración el aficionado Jorge Luis Pérez quien puso a disposición una cuenta personal para administrar ese fondo. De tal suerte que, solventados los gastos, se le pudo entregar al padre del niño un monto importante en efectivo que seguramente ayudarán a la economía familiar.

Por razones de compromisos laborales, el buen Silvio no pudo seguir al tanto de las coordinaciones previas. Contacté entonces con otro familiar, Mily Huayt’o, que me dio más y mejores detalles del entorno familiar del niño. Providencialmente surge la presencia de un muchacho estupendo, Rado Bustamante, a la postre, familiar también de los Huayt’o, quien se comunica conmigo y se ofrece para sumarse a la campaña ayudando con todo el tema de acompañar a sus parientes y embarcarlos hasta Lima; aprovechando que también venía para la última de la Feria.

Gracias a Rado, conocí al señor alcalde de Colquemarca, Henry Romero, quien muy generosamente ofreció apoyar con los pasajes aéreos.  Sin duda, Rado ha sido un pilar fundamental de apoyo nuestro.

En tanto, recibíamos y se sumaban las muestras de apoyo de parte de los aficionados, adquiriendo Elizbán, poco a poco, una notoriedad de la que allá, en su remoto Paruro, ni idea seguramente tenía en los días previos a su arribo en Lima.

Me convencí que todo aquello ya era una realidad y que se concretaría tal como lo habíamos previsto, cuando veo en mi correo las tarjetas de embarque de los pasajes restantes. Nuestros amigos arribarían temprano al día siguiente. Alisté los regalos que tenía preparados y enrumbé hacia el aeropuerto  Jorge Chávez. Llegaron, Elizbán, su padre Eduardo y su primo Rado. Entre asombro y alegría, Elizbán rápidamente tomó el asiento delantero de mi auto. El trayecto hacia el centro de la ciudad donde estaba separado el alojamiento se hizo interminable por el tráfico de esa hora. Ello no fue óbice para que el niño no dejara de mencionar y preguntar por Roca Rey y que cuándo lo iba a ver.

El Hotel Roma, en el Cercado de Lima, es el hospedaje habitualmente preferido por los toreros nacionales. Principalmente de las cuadrillas, debido a su ubicación céntrica y cercana con la Plaza de Acho. Creí que era el adecuado por esas mismas razones y además para facilitar que tuvieran acceso rápido a las zonas turísticas de la ciudad. Una vez instalados adecuadamente, pasearon y conocieron parte de la monumentalidad colonial de la capital del Perú.

También quedaron maravillados al conocer por primera vez el mar en el distrito mesocrático  de Miraflores y contemplar, absortos, la inmensidad del Océano Pacífico que baña la bahía de Lima. No pudo contenerse el Huayt’o y como si se tratase de un habituado surfer, gozó un buen rato de las aguas y vaivenes de ese mar límpido y atrayente que invita siempre a echarse sobre él.

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Elizbán y su padre con el autor del reportaje una vez instalados en el Hotel Roma

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El día de la corrida domingo 13 de noviembre…

Pasé a mediodía por el hotel a recogerlos. Teníamos una invitación del buen amigo Gustavo Jiménez, torero de plata retirado y excelente chef, para su restaurante el cual siempre abre para la feria. El Batán de Paula. Luego de almorzar, entramos a la plaza. En la cuadra de camino que media entre un lugar y otro, ya asomaban miradas que reconocían al Huayt’o.

Plaza a reventar. El imán taquillero en torno al astro del toreo Roca Rey, reafirma su condición de máxima figura mundial.

Los diligentes Germán Fernández y nuestro amigo Ronald Denegri, tenían ya previsto lo relacionado al ingreso del niño y su padre. El deslumbramiento empezaba a brillar como  luminosa realidad. Me dificulta poder describir en palabras lo que a vista se percibía. Un niño andino, de condición tan humilde, que apenas 48 horas antes seguramente transitaba por su cotidianidad rural, se encontraba en los patios de Sombra y de Sol del primer escenario taurino nacional recibiendo saludos, halagos y muestras de afecto por doquier: “Es el Huayt’o…es el Huayt’o…¿quién? ..el niño de Cusco que viene por Roca Rey…”

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Toreando de salón en la plaza de Acho

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El reloj marcaba ya la hora donde asoman los movimientos en la puerta de la cecina —como se le conoce al acceso a la plaza desde la calle Gastañeta. Señal inequívoca del arribo de los toreros. Tomo del brazo al Huayt’o y juntos ingresamos a cuadrillas. El primer diestro en aparecer fue el mexicano Arturo Gilio que salía esa tarde de toricantano. Muy amable, accede a fotografiarse con el Huayt’o siendo la primera foto que tiene el niño con un torero de verdad. “Ah, tú eres el famoso niño que quiere conocer a Andrés”  —le dijo, ante la sorpresa general.

Luego, más atrás, llegaba también el matador Julián López. Elizbán lo reconoció y quedó atónito. Igualmente El Juli tuvo a bien dejarse fotografiar y regalarle una cariñosa sonrisa. Pasaron algunos pocos minutos y la adrenalina se acentuaba entre nosotros. El Huayt’o se paseaba como Pedro en su casa por el patio de cuadrillas. Entre espera y espera, varios allí se fotografiaban con él. Los empresarios, toreros, ganaderos, los de las cuadrillas, y los periodistas no cesaban un instante de disparar sus cámaras.

Hasta que…el alboroto se intensificó repentinamente. Hacía por fin su aparición Andrés Roca Rey con toda esa aureola de primerísima figura del toreo que le rodea. Inmediatamente vio en medio de su paso a Elizbán El Huayt’o. El niño de Paruro que lograba estar frente a él. Se detuvo para abrazarlo, darle un beso en la mejilla y llevarlo a un lado para decirle algunas palabras mientras, claro está, la legión de fotógrafos registraban prestos sus mejores tomas. Extraordinariamente gráficas y sugerentes son cada una de esas imágenes que muestran la alegría y el asombro del niño con su ídolo, como la sobrecogedora ternura y carga emotiva del instante.

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El Huayt’o con su ídolo Andrés Roca Rey

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Eso fue, o pensábamos que así lo era, el momento cumbre que daba final feliz a toda esta historia tras dos escasas semanas de haberla imaginado. Totalmente satisfechos por lograrlo nos dábamos por contentos. Se había conseguido para Elizbán cumplirle el sueño de conocer y llevarse un recuerdo del diestro que admira. Pero también de nada menos que de la terna completa de esa tarde. De conocer la Plaza de Acho, de llegar a Lima y hacer lo propio con el mar. Hasta el mismo hecho de viajar en un avión por primera vez en su vida.

Luego también nos enteramos que en el vuelo de regreso a Cusco, el piloto de la nave que lo trasladaba, le invitó a conocer la cabina de mando y anunciar por el altavoz que contaban con “… un pasajero ilustre, el niño Huayt’o que conoció a Roca Rey en Acho”.

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Al mando del Airbus 320 con el Comandante Matías Vargas, rumbo a Cusco

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Pero aún había más y vaya que sí…

Andrés Roca Rey realizó una gran faena al toro Carasucia del Puerto de San Lorenzo, salido en tercer lugar y al que llevó cosido a su muleta de principio a fin con despaciosidad y temple superlativo. A mitad de camino paseando las dos merecidas orejas cortadas, se percata de Elizbán que lo vitoreaba desde el callejón para, en gesto que lo viste de cuerpo entero, invitarlo al ruedo y dejarle dar unos lances con un capotito que él mismo le alcanza.

Acho, entonces puesto de pie, jaleó cada lance con rotundos ¡olés! que estremecieron al aficionado más curtido. Qué momento tan emotivo. La verdad que sí. La felicidad encarnada en el rostro de este niño y de todos cuantos estuvimos presenciándolo, no tiene descripción posible. Al menos, incluso ahora que recreo aquel momento en estas líneas, me resulta imposible hacerlo.

No sé si El Huayt’o finalmente se convierta en torero, (de hecho recibo noticias suyas de que acaba de capear en Colquemarca. Hablo con su padre y le recomiendo prudencia y llevar las cosas poco a poco), pero de lo que no guardo duda es de que lo vivido en Lima, durante esos tres días de fin de feria, marcarán imborrablemente su afición. Pensar en ello, me hace un poco más feliz.

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Sueño cumplido: en el ruedo, Andrés Roca Rey y el gesto cariñoso para El Huayt’o

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Nota de agradecimiento: A todos los amigos aficionados que se sumaron a la campaña, unos incluso de forma anónima, mil gracias en nombre de la familia de Elizbán.

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