La emotiva reflexión de Álvaro Morales… Y, ¿cómo explicar?

Hace más de 15 años que no escribo de toros, he sentido hoy la necesidad de hacerlo porque llevé por primera vez a la plaza a mi hijo de 9 años. Qué mejor cartel para debutar en esto del toro: Guadalajara, el Nuevo Progreso, Payo, Roca Rey, Héctor Gutiérrez y Jaral de Peñas.

En contexto, me alejé “accidentalmente” del periodismo taurino, – mi pasión – al emigrar a otro país donde el toreo está prohibido. ¡Muchos años de no asistir a una plaza! Al regresar, poca gente con quien hablar de toros. Mis nuevas amistades son ajenas a esto, incluso antitaurinos, ¡qué se le va hacer! Mi esposa tampoco es muy afecta a la fiesta.

La necesidad de regresar a la plaza siempre ha estado ahí, pero requiero de un cómplice, mi hijo de 9 años que hasta ese domingo no tenía idea de la tauromaquia, solo comentarios de que es una “barbarie”,  matan toros”, “maltratan a los animales”.

¿Cómo explicar?

Papi, ¿van a matar al toro?

Sí…

Papi, ¿van a picar al toro?

Sí…

Papi, ¿van a ponerle banderillas?

Sí…

Papi, ¿van a indultar a un toro?

No lo sé…

¿Cómo explicar todo esto en el trayecto a la plaza de no más de 30 minutos?

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Álvaro con Leonardito en el Nuevo Progreso de Guadalajara, en la maravillosa experiencia que vivió y le hizo conocer de tan mágica expresión como es el arte del toreo; y a pesar de que en su entorno, salvo su amado padre, los demás no gustan de tan majestuosa expresión, Leonardito quiere seguir conociendo más de la luminosa tauromaquia, lo que demuestra que los niños tienen capacidad de elección.

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Salí bien librado al hacerle entender la grandeza y majestuosidad del toro de lidia, un animal único. También estuve sobresaliente en el por qué de la vestimenta y me fue mejor al platicarle de los personajes históricos que alguna vez torearon…

Decidí no tocar temas de suertes, reglamentos, avíos, música, partes de la plaza, sorteos, actuantes, etcétera, hasta ingresar al recinto.

Definitivamente acabé con el cuadro, cuando se me ocurrió decirle que tendría la suerte de ver al Messi o el Ronaldo del toreo. Hace mucho tiempo que no caía en cuenta del trasfondo de la fiesta, los rituales, costumbres, usanzas…

No hay palabras.

El ambiente impactó a mi hijo. El bullicio, la comida, la música y si hubieran visto su cara al ver el ruedo y su impaciencia de… ¿cuánto falta para que empiece? El paseíllo, el saludo en el tercio de los toreos, más explicaciones, pero…

… ¿cómo explicar el toro chico, anovillado, manso, descastado que apareció en el ruedo?

Peor aún, el toro indultado que no “merecía” el indulto y ¿quién y por qué decide si se indulta o no? Y para rematar, un toro devuelto por su poca presencia en una plaza de primera.

Tapar ese gran bache y punto central de la puesta en escena con los sentimientos que provocaron en mi hijo las suertes, la elegancia, la plasticidad, el valor y el buen quehacer de Roca Rey, Héctor Gutiérrez y por momentos de un desangelado Payo, hizo todo más ligero.

Al salir de la plaza mi hijo se quedó con una idea muy clara, “… el toro sí puede ser indultado”, pero ¿cómo explicarle que…?

Preferí dejar de explicar. Simplemente todo quedó en:

¡Papi, quiero venir otra vez!”.

-Los niños tienen capacidad de elección- 

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