Crónicas

En Sevilla… Muy sólido ha estado Alfonso Cadaval

Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Miércoles 27 de Abril, 2022. Un tercio de entrada. Se lidiaron toros de Santiago Domecq -el primero como sobrero por despitonarse el titular-, justos de presencia, mansos en su conjunto, se estrellaban en el caballo pero no pelearon, recibiendo apenas y un breve puyazo. El tercero y el cuarto tuvieron movilidad.

José Garrido: Palmas tras aviso y oreja.

Joaquín Galdós: Silencio y ovación.

Alfonso Cadaval,: Oreja y silencio.

Detalles:

Se guardó un minuto de silencio en memoria de Fray Carlos Amigo Vallejo.

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Aquí soy extranjero porque nadie me entiende”: Ovidio

  • Advertencia: Siempre es oportuno advertirle tanto a ganaderos como a toreros que esta crónica no es apta para ellos, porque aquí no aparecerán ni los falsos elogios ni las inútiles justificaciones para acomodar todo en una artificiosa ficción y así dañar al arte del toreo. Para ello, existe la prensa corrupta, la que enaltecerá el engaño e intentará convencer a la buena fe de los lectores de lo que no ocurrió en el redondel. Bajo advertencia… no hay engaño.

Justo en esta frase del genial Ovidio reflexionaba cuando veía torear a, Alfonso Cadaval, quien llegó a Sevilla con apenas 5 corridas en su historia…

… ¡sí!, 5 corridas en su haber, y ante ese océano de incomprensión pareciera que era un extranjero de una Fiesta, de un sistema decrépito que ahora mismo debería de arroparlo ante los argumentos expresados.

Asumió el reto que tuvo esta tarde con innegable entrega, serena inteligencia y lo afrontó con grandeza y sin arredrarse.

La corrida de Santiago Domecq fue masona, si el ganadero quiere engañarse, estará en su perfecto derecho y continuará consolidando la mansedumbre y alejando de la casta a su ganadería.

Sus seis toros llegaron a los caballos para estrellarse, no para pelear. Porque debe quedar muy claro que una cosa es pelear con  fuerza y poder en el caballo, característica que otorga la bravura; y otra defenderse para huir y quedarse a dormir en el peto claudicando así como lo haría una ovejita perdida en la serranía, a esto se le denomina mansedumbre.

El toro que le correspondió a, Alfonso Cadaval si bien tuvo casta, también mostró la asfixiante mansedumbre con movilidad, y fue el mérito de este joven hacerle ver bien, porque lo toreó muy bien.

Los eruditos que transitan por los lugares comunes, seguramente tratarán de menospreciar el notable esfuerzo de, Alfonso, pero alguien debe reconocerle lo bien, lo muy bien que ha estado.

Si el joven Cadaval no le hubiera llevado con suavidad, ese toro no habría permitido nada.

Desde con el capote comenzó a entonarse, para con la muleta sumar series francamente pulcras que constituyeron la fina arquitectura de una faena cristalina.

Eso fue lo que impactó al respetable, la naturalidad con la que ejerció su mando en el redondel y convocó a su toro a embestir, en trazos largos y sentidos que resultaron la delicia para el espíritu del diletante taurino.

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Cuando decidió rubricar, citó y al encuentro dejó una entera que no fue de inmediatos efectos mortíferos -por la colocación- lo que provocó que tardara un poco en caer el mansurrón.

Tras claudicar el bovino, al unísono la gente exigió al presidente la merecida oreja que paseó con la satisfacción que concede la apasionada entrega.

Con su segundo poco pudo hacer por la evidente mansedumbre y el notorio descastamiento del astado. Elementos que deberían preocuparle al ganadero antes de izar las banderas de humo del supuesto éxito.

José Garrido con su habitual toreo violento con tintes vulgares, recibió a su primero -sustituto del que se despitorró- pero no logró entender que ese no era el camino. Ya con la muleta en lugar de conducirlo con suavidad para que el torillo pudiera tener un poco más de tiempo en su andar. Inició con demoledores doblones que resultaron un par de guantazos que hicieron mucho daño al toro, lo que se evidenció en la faena ya que pronto se resistió a embestir.

Con su segundo que tuvo movilidad, le faltó serenidad al señor Garrido. El toreo como arte exige que en la creación haya la paz espiritual que debe habitar en el artista; y en José Garrido pareciera que ni remotamente existe.

Con una espantosa, violenta serie con la derecha de hinojos inició la faena, para ya de pie proseguir con más pases, violentos y vulgares, que no conducen a la recreación del espíritu. Faena machacona con un par de series correctas con la derecha y otra más con la zurda pero que por la violencia implícita provocó la reticencia explícita del bovino. Un pinchazo hondo trasero hizo claudicar al toro y le concedieron sorpresiva, muy sorpresiva oreja.

Joaquin Galdós, tuvo dos toros imposibles por la evidente mansedumbre y falta de casta. Intentó, sí así fue, intentó. Como con aquellas verónicas a sus primero; o el entusiasmo desbordado al saludar en la puerta de toriles a su segundo aguantar y luego lancear, no obstante, no hay más que escribir porque los pésimos toros acabaron enseñando la asfixiante mansedumbre y el avasallador descastamiento.

Al final, queda el grato recuerdo de, Alfonso Cadaval, quien con toda su inexperiencia anunció esta tarde que si los empresarios le anotan en muchos carteles, podrá evolucionar hacia más, a mucho más.

Ojalá y así suceda.

¡Dígase la verdad… Aunque sea motivo de escándalo!

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