En Sevilla… El fracaso del Domingo de Resurrección tiene un nombre ¿verdad Morante?

Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Domingo de Resurrección. 17 de abril, 2022. Lleno de los que llaman “No hay Billetes”. Se han lidiado siete -uno como sobrero- pésimos, en verdad, pésimos astados de Juan Pedro Domecq, indignos de haber salido al histórico albero de la Maestranza Sevillana; hubo un sobrero de la ganadería Virgen María tan desastroso como los titulares, sólo que éste resultó muy violento.

Morante de la Puebla: Ovación y silencio.

Juan Ortega: Ovación y silencio.

Pablo Aguado: Silencio y silencio.

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Todos los fracasos siempre tienen un nombre, nunca aparecen por generación espontánea…“.

Todos los fracasos siempre tienen un nombre, nunca aparecen por generación espontánea; por ello, el gran fracaso, el interminable fracaso del Domingo de Resurrección en Sevilla tiene un nombre:

Morante de la Puebla.

No sólo es la responsabilidad del ganadero, Juan Pedro Domecq, quien olvidándose de la grandeza del arte del toreo, todos sabemos que menoscabó la inobjetable verdad del toro bravo y encastado, para a través de los empadres, inventar un animalito tan inútil como obediente; que acudiera sin chistar a los capotes y muletas de los figurines, para no agobiarles sino ser el más tierno colaborador como si se tratara de un lirio desmayado…

… el torillo domesticado.

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Gran, gran entrada para una gran, gran decepción

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Así, todo hace ver que, Morante, dentro de sus condiciones para torear tantas veces y mantenerse en su nivel de confort; por ejemplo, en Sevilla, seguramente aparecieron en el pliego inquisidor, esta y otras ganaderías comerciales para su inacabable felicidad y así proseguir pregonando que es un torero supuestamente artista.

¿Qué Morante va a torear en Madrid toros de La Quinta?

Todo hace percibir que es un simple artilugio con el fin de hacer la supuesta gesta -así le llaman ahora a lo eventual a lo que debería de ser lo habitual- de enfrentar los llamados encastes duros, aunque en esa dureza la realidad indique que sólo prevalece la casta y la bravura, lo que ya no es ni siguiera la remota aspiración en los criaderos comerciales.

Las han eliminado para regocijo de sus compradores.

Feliz pudiera estar, Pablo Aguado, quien ahora mismo es la invención sevillana, protegido por todos los figurines por seguir el “adoctrinamiento” de un sistema tan arcaico, caduco, obsoleto como inoperante, que tanto daño ha hecho al arte del toreo.

Sí, tanto daño como imponer por encima de todo y de todos, la inadmisible comodidad de los figurines, aunque se esté extinguiendo con ello, la grandeza del toro bravo.

Un torero tan cabal como es, Juan Ortega, ni remotamente se le ocurriría imponer estos animalillos.

Es más, Juan, luce con el toro bravo y encastado, al que después de dominarle como el auténtico héroe que es, se transfigura en artista y comienzan aparecer sus creaciones que resultan el auténtico gozo espiritual.

¡Cómo hace falta que ya se jubilen los figurines!

Sí, que tanto… tantísimo daño le han hecho al arte del toreo. Al menoscabarlo hasta casi dejarlo como el mero anécdota de su divertimento.

Un divertimento que está dejando de ser, porque de tanto echarle azúcar, miel y demás a la sangre brava para dulcificarla y aborregarla, se les está extremando hacia el toro que no acude, el toro inmóvil o al toro violento, sumamente violento.

Morante de la Puebla, no hizo nada, absolutamente nada, a pesar de que la prensa corrupta trate de vender sus falsos elogios como inexistentes verdades.

Uno faena con poses tan absurdas que han llevado al toreo engolado, falso, frívolo y sin contenido.

Porque el arte es verdad, honestidad y naturalidad; y esto en Morante no se halla por ninguna parte.

Algunos pases aparecieron con su primero pero nada que resulte trascendente y quedaron en el olvido a los segundos de haberse producido; con su segundo un sustituto que provino de la ganadería Virgen María, desde que rebasó el umbral de toriles, anunció que era violento, que aventaba las “manitas” por delante, que aventaba hachazos hacia arriba, y en lugar de bajarle el capote, lo aventó hacia arriba consolidando el defecto y multiplicándolo en la muleta.

Aparecieron ridículos pasajes intentando recordar al toreo antiguo, en Morante se ven caricaturescos, ya que carecen de una base real del por qué realizarlos.

Hace un siglo el toro era muy violento, y había que llevarlo así del tercio a los medios para rubricar. Las faenas duraban el suspiro de un ave en agonía.

Si Morante pretende sentirse Gallito -cosa más que lejana como si aspirara ir a Alfa Centauri-, el mejor homenaje que le puede hacer es enfrentar al toro bravo y encastado un día sí y otro también, no como una mera artimaña para continuar vigente en el sistema inoperante.

Más de 100 corridas quieren darle los empresarios, si comprendieran su misión ya estarían otorgándoselas a todos esos toreros marginados por los figurines.

Toreros que sí poseen argumentos y no esperar, como el caso del gran, Emilio de Justo, 15 años para reconocerle el gran torero que siempre ha sido.

De, Juan Ortega, sólo unas verónicas de ensueño en su primero y un quite por chicuelinas, que tuvieron lo que debe poseer todo artista, cadencia, ritmo y armonía, y sobretodo naturalidad, que no tienen sus alternantes. Sí las respondió, Aguado, como si se tratara de un guión en donde no existe nada que aportar.

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________________ Juan Ortega y su inobjetable verdad

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Y, Pablo Aguado, si no tiene al bobitoro Domecq enfrente, fracasa estrepitosamente. No sabe qué hacer y se le olvida que todos los toros tienen su lidia, aunque sea breve.

Que con su segundo hubo una supuesta confrontación en quites con Morante, pues eso fu… una supuesta confrontación.

Morante llegó no sin antes obligar al torillo a seguir su capote que aventó hacia arriba con lo que contribuyó a mermar, todavía más, sus muy frágiles posibilidades para andar.

Un quite que poco dijo y una respuesta de, Pablo, que fue tan fugaz como la estela que alguna vez pasó y no dejó recuerdo alguno.

Al final del festejo, la desolación, producto de que el toro bravo y encastado, no acudió a la cita del tradicional festejo del Domingo de Resurrección.

Sin el toro bravo y encastado se menoscaba al arte del toreo y lo que se haga se convierte en un furtiva anécdota o en una vulgar parodia.

¡Dígase la verdad… aunque sea motivo de escándalo!

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@PERIODISTAURINO  

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