La reflexión de Mauricio Gutiérrez… ¿Hacia dónde vamos? ¿Camino a ninguna parte?

Después de quince días de que se dio la última corrida en la Monumental Plaza de Toros México, resulta conveniente ponderar lo sucedido durante los seis festejos que conformaron la pequeña temporada denominada por la empresa como La reapertura.

En las corridas celebradas el 30 de octubre de octubre y 12 de diciembre, lo que privó en las ganaderías fue la mansedumbre, el descastamiento y la falta de trapío (con todo y que en la corrida del día treinta, se echaron bureles de diversas ganaderías).

Quizás las excepciones a esta afirmación fueron el toro Acitrón, del hierro de Jaral de Peñas, al que el matador Juan Pablo Sánchez logró cortar un apéndice en la primera fecha. Chinaco, de Fernando de la Mora y Misterio de Bernaldo de Quirós, estos dos últimos aparecieron en la Corrida Guadalupana, y si bien tuvieron la cualidad de la nobleza, no se caracterizaron por tener la bravura necesaria para lograr una auténtica faena artística.

En cuanto a las novilladas, las enviadas por el empresario financiero José Marrón (San Diego de los Padres, y Marrón), resultaron de igual forma un dechado de descastamiento y mansedumbre. Lo mismo resultó con la ganadería de Caparica, que apareció en la última novillada, y a pesar de dicha circunstancia el novillero Juan Pedro Llaguno logró el triunfo, al cortar dos orejas a su primero.

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Juan Pedro Llaguno se impuso a la gran mansedumbre de los bovinos de Marrón

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Aun y cuando el problema de la falta de bravura y trapío en el campo bravo mexicano no es reciente, no se puede dejar pasar por alto; más aun cuando las ganaderías que llevan años con dichas falencias, son escogidas por las figuras españolas, y no obstante que existe la conciencia de que la corrida pueda resultar en un petardo.

El botón de muestra de esta temporada, fueron las ganaderías de Fernando de la Mora y Bernaldo de Quirós -que, dicho sea de paso, la empresa no pudo presentar una corrida completa, y tuvo que recurrir al nefando hábito de la corrida parchada-, presentadas el 12 de diciembre, y probablemente impuestas por el matador sevillano, José Antonio Morante de la Puebla.

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Morante un torero entrado en carnes y en muchos años, que ha impuesto los bobitoros que le crean las ganaderías comerciales

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El torero sevillano se topó con un lote parado, que no lograba siquiera pasar por la muleta y que se acabó en un suspiro.

Mejor suerte tuvo Diego Silveti, quien no logró impactar al graderío (por la falta de estructura de la faena y su ya conocido exceso de histrionismo), con un toro con recorrido, y que repetía, pero que no tenía la bravura que debe caracterizar a un toro de lidia.

Mención aparte debe hacerse de la actuación de Antonio Ferrrera, que ya en esta portal de TorosenelMundo se relató el espectáculo cuasi circense que desplegó en su segundo turno.

Es cierto que la mayor parte del público (de ocasión) jaleó con ánimo el hecho de que Ferrera se montara a la cabalgadura para picar al toro, y posteriormente cubriera el tercio de banderillas de forma por demás atlética, para inmediatamente tomar la muleta y realizar una faena a velocidad de rayo (y en la que indiscutiblemente también hubo momentos de plasticidad y buen gusto).

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Antonio Ferrera y su desquiciado histrionismo

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Es de sobra conocido que, dentro de la historia existen fuentes, caminos y estilos en el arte del toreo; tanto formas del todo ortodoxas y clásicas, hasta lo más heterodoxo y descabellado. Solo recordar el pase de la rana de El Cordobés. Sin embargo, el propio Cordobés, también sabía del buen toreo con la mano izquierda.

Este tipo de estilo resulta más accesible para un público que apenas se acerca a la fiesta de toros, por lo que tampoco resulta del todo censurable que se practique, y que este público, poco a poco adquiera la serenidad para apreciar una obra de arte donde la chabacanería resulta innecesaria.

Solo es necesario que, a todo matador de toros, sea su nacionalidad cualquiera, se le exija que, al momento de presentarse en la mayor plaza de América, respete al rey de la fiesta, es decir, que se presente ante astados con edad y presencia, y la bravura necesaria para que, la obra de arte realizada esté investida de la ética del buen toreo.

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Les recordamos que el calendario de los festejos de los TorosenelMundo, lo hallarán aquí en nuestra sección de Calendario

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@gutierrezglzm

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