En Cadalso de los Vidrios… En medio de un muy extraño festejo triunfa Fernando Adrián

Cadalso de los Vidrios (Madrid). Gran Final de la Copa Chenel. Casi lleno dentro del aforo permitido. Toros de Adolfo Martín y José Vázquez (3º, 4º y 5º), disparejos en presencia y resultaron mansos.

Fernando Robleño: Oreja y silencio tras dos avisos.

Fernando Adrián: Oreja y dos orejas tras aviso.

Jesús Enrique Colombo: Oreja y ovación.

Detalles:

Jesús Aguado fue ovacionado tras parear al segundo y Antonio Molina, en el quinto.

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Un festejo desconcertante ha sido esta Gran Final que acabó siendo más para los entusiastas asistentes, que en la realidad por lo que se apreció en las tauromaquias de los toreros. Tras pinchazos se regalaron orejas y eso fue en detrimento de la exigencia que debe existir en una corrida de este nivel.

No, no hubo exigencia más bien una bondad que distorsiona el criterio que hacia la verdad debe existir. Eso no significa que haya habido voluntad inquebrantable de los toreros, pero sí una premiación exagerada.

Fernando Adrián, triunfó, y todavía la verdad se pregunta por qué ocurrió ese veredicto. Cortó dos orejas tras un pinchazo, estocada habilidosa y una faena de pulcra, correcta, con enormes deseos de agradar, pero que en ningún momento reflejó grandes alcances arquitectónicos. Pases con ambas manos aseadas y bien intencionadas, que se festejaron y mucho, aunque pareció que fue más de lo que en la realidad fueron.

Con su primero ya había cortado una oreja tras un pinchazo, estocada trasera y una faena si bien es cierto limpia fue celebrada mucho por los paisanos de Fernando Adrián.

Fernando Robleño, cortaría su primera oreja por una breve faena intranquila, pases alcanzados, y salvo una serie por el lado natural no hay más que contar. No, no pudo asentar las nerviosas zapatillas porque no hubo dominio.

Su segunda faena faltó estructura y aparecieron pases que no pasarán a la historia.

Quien dejó constancia que va mejorando su tauromaquia fue el venezolano, Jesús Enrique Colombo, lució con ambos toros en banderillas y sus faenas también fueron plenas de entrega y voluntad. Cortó una oreja en su primero tras pinchazo y en su segundo, a pesar de haber existido petición, no fue autorizada.

En este contexto hubiera sido más sano declarar desierta la contienda; no fue así, se desea que Fernando Adrián comprenda que sus paisanos le quisieron apoyar y tendrá que redoblar esfuerzos.

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