En Salamanca… Cuando manda el conformismo

Salamanca. La entrada, en familia. Segunda de la Feria de la Virgen de la Vega. Se lidió una interesante novillada de La Ventana del Puerto.

Antonio Grande: Oreja y ovación.

Diego San Román: Ovación y ovación.

Manuel Diosleguarde: Ovación y silencio.

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Llegó la novillada, que en esta ocasión no abrió el telón del ciclo y La Glorieta recupera la triste realidad. Desolador el aspecto de los tendidos al estar prácticamente en familia para disfrutar de un festejo que sobre el papel era muy interesante y de hecho, tras su desarrollo, lo fue, aunque con muchos matices.

Sin embargo algo falló, al estar acartelados dos muchachos locales -y un interesante mexicano-, ya sobrados en su escalafón, que han despertado tanta expectación entre sus paisanos y que por culpa de la pandemia aún no han visto cristalizar su sueño de ser matadores de toros.

Los dos forman parte de ese generación maldita que quedó atascada en el confinamiento cuando más necesitaban despegar y ahora cierran esta etapa ya con la vista puesta en una inmediata alternativa.

Y además lidiaba una ganadería señera de esta tierra y de la cabaña brava en general, El Puerto de San Lorenzo, que siempre es sinónimo de clase gracias a la entrega y pasión de este familia ganadera que tiene en el patriarca, Lorenzo Fraile, a una de las grande leyendas del mundo ganadero y en el modelo de honradez que siempre identificó a los grandes hombres del campo.

Y al final, como la botella medio llena o media vacías, según se mire para juzgar el festejo, porque claro tuvo dos lecturas, cada cual al interés del necesitado. A los chavales le dirán que estuvieron de lujo, no los novillos no le sirvieron, van a ser inmediatas figuras y… comerán perdices.

Y lo pueden ser, claro, porque atesoran condiciones para ello, pero a estas horas no se tenía que hablar en Salamanca más que de un triunfo rotundo, tanto de los locales, como del mexicano San Román –que impactó por su valor-. Porque es el momento de dar un puñetazo en la mesa de reivindicación y dejarse matar para buscar un sitio en el toreo.

Hoy no valen solamente buenas maneras, hace falta un punto de aceleración que faltó a la terna para triunfar con los interesantes novillos –aunque muy desigual- que trajo Lorenzo Fraile desde su finca serrana del Puerto de la Calderilla y tener a la gente todo el invierno hablando de la novillada.

Para ser figura no hay otro camino que el de querer y ‘montarse’ cada día en los novillos y para muestra y no hay mejor ejemplo, ahora que con su muerte ha vuelto a ser noticia, el maestro Pedrés, que cuando formaba pareja con Montero y después con Jumillano cuando no le embestían los novillos embestía él y la gente rota de emoción en los tendidos.

Pues eso, para ser torero, lo primero es tener ese punto de aceleración que marca la diferencia y apaga el conformismo.

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@pacocanamero

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