En Dax… Inolvidable experiencia fue ver torear a Daniel Luque y a Emilio de Justo

Dax (Francia). Tercera de feria. Lleno sobre el aforo permitido según las restricciones sanitarias. Toros de La Quinta, impecablemente presentados y encastados; al quinto recibió los honores de la vuelta al ruedo. El ganadero saludó al final del festejo y salió en triunfo con los matadores y el mayoral de la ganadería.

Daniel Luque: Oreja y dos orejas tras aviso con fuerte petición de rabo.

Emilio de Justo: Oreja y oreja.

Adrien Salenc: Palmas en su lote.

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Daniel Luque estuvo a nada de pasear en el redondel con un rabo, sigue en esa linea de gran nivel que está impactando a todos los públicos. Dos faenas ha escrito esta tarde en Dax, de las que salió con el apoyo popular por su entrega. Faena exquisita ha sido la primera en donde sobretodo destacó en el desarrollo de su creación el lado al natural, mágico y trascendente. Tras la entera una oreja y la entrega total del público.

Faltaba esa faena consagratoria en esta plaza para que lo consiguiera, si bien con el capote poco pudo hacer, tras el tercio de varas pareció que el toro se fue a más. Encantó literalmente al público con los trazos teniendo la mano con la derecha, y cuando la zurda pasó lista de presente vendría la sublime locura.

Emocionante tarde al ver que el respetable vitoreaba de pie al torero. Tras el punto y final con el acero al unísono y estridentemente se pidieron los máximos trofeos, la presidencia desoyó el mandato del público y sólo concedió dos orejas. La vuelta ha sido enloquecedoramente triunfal.

Ahí estaba, Emilio de Justo, y a su primero lo lanceó con ritmo y cadencia para recortar con contundente media. Tras la suerte de varas hubo duelo de chicuelinas esterilizado por Emilio y Adrién. El absoluto esfuerzo y la notable entrega se topó ya con la muleta con una embestida sorpresivamente cansina. Aún así extrajo loable faena que merced a su paciencia lidiadora pudo concretar.

Su segundo resultó el inmejorable colaborador para un artista de la categoría de Emilio. La tela roja fue guiada con sensibilidad y sabiduría y el gozo para el público fue arrebatador. Incluso en un momento dado soltó el estoque cuando tenía la muleta en la derecha, para dejar brillantes naturales. Gran estocada, oreja y vuelta al encastado toro.

Un manso deslucido fue el primero de, Adrién Salenc, hubo empeño sin tasa ni medida por parte del torero, pero no consiguió más que una faena correcta. Más voluntad, si cabe, hubo con el que cerró la función pero no pasó más.

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