En Estepona… Una extraña frialdad

Plaza de Estepona (Málaga). 8 de noviembre. Undécima corrida de la Gira de Reconstrucción. Unos 300 espectadores. Cuatro toros de Montalvo, bien presentados, mansos, sosos y nobles; deslucido el cuarto.

Daniel Luque: Ovación y oreja.

Fortes: Oreja y oreja.

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Unos toros bien presentados, mansos en los caballos, nobles y sosos, que iban y venían sin celo y escasa entrega; dos toreros jóvenes y veteranos ya, con conocimiento y ansias de triunfo… y a la corrida le faltó calor y le sobró una extraña frialdad.

Quizá, contribuyó la tarde nublada y fresca; quizá, ese público separado por la distancia sanitaria, enmascarillado y silencioso, como figurantes de un rodaje; quizá, es que no es feria en la localidad ni se celebra nada, y los ánimos andan decaídos…

Vaya usted a saber.

Ni la banda de música, que sonó de maravilla, alejó el ambiente desvaído.

Lo cierto es que la corrida estuvo bien, los tres primeros toros se dejaron torear, los de luces anduvieron sobrados y seguros, pero el festejo resultó tibio y anodino, y no acabó de alzar el vuelo.

Es verdad, no obstante, que esto del toro es un misterio. Cualquiera sabe cuál fue el resorte que faltó para que se hiciera presente la emoción. Pero no la hubo, que fue la pena.

Ahí estuvo, por ejemplo, Daniel Luque, al que se le ve sobrado de valor, técnica y sitio. Maneja con facilidad los engaños, asienta las zapatillas en la arena y torea con suficiencia; a veces, da la impresión de hacerlo con excesiva capacidad, y esa circunstancia resta vistosidad a su labor.

En su primer toro desprendió seguridad y firmeza, muleteó con ceñimiento y estuvo muy por encima de un animal de corta embestida y mucha sosería.

Exprimió al tercero, de la misma condición que el anterior, se mostró poderoso y dominador, pero su tarde, de profesional consumado, no acabó de romper.

Volvía a vestirse de luces Fortes, tan vapuleado y con tanta fuerza para levantarse y seguir en la búsqueda de la gloria. Flemático, sereno, poseedor de un toreo de buen trazo, muleteó a su primero a los sones del pasodoble Fortes, más que valor, que le han dedicado el escritor y periodista José Luis Garrido Bustamente, autor de la letra, y el maestro José Albero, de la música.

Era ese toro demasiado suave para el toreo vibrante de Fortes, quien se mostró en exceso academicista, y no acabó de redondear la faena a pesar de su quietud y de unos vistosos circulares y ayudados finales.

Recibió al sexto con un capote decorado por el exnovillero y pintor gaditano Juan Sierra, que adornó las tablas de la barrera con artísticos dibujos y famosas frases taurinas: Fortes se lució a la verónica, como ya hiciera al recibir a su primero, pero el animal desistió pronto de obedecer al cite, y todo el ánimo del torero se emborronó con la cobardía y poca gracia de su oponente.

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  • Antonio Lorca, prestigioso crítico taurino del influyente diario español El País

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