Carta de Miguel Abellán al desaparecido D. Pablo Lozano

El director gerente del Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid, Miguel Abellán ha escrito una carta abierta en memoria y homenaje al desaparecido este jueves a causa de la COVID-19, Don Pablo Lozano, quien como hemos informado llegó a tocar y desarrolló todas las facetas del taurinismo; torero, ganadero, empresario y apoderado y descubridor de los que posteriormente han sido figuras del toreo.

Esta es la carta que le ha dedicado Abellán a D. Pablo Lozano.

“Carta de Miguel Abellán: “Adiós, templada muleta de Castilla”

“Los toreros de mi generación sabíamos que don Pablo era un maestro de toreros. Los formaba, los presentaba y los situaba. Me admiraba que les enseñara a hacer el toreo y que respetara el estilo personal de cada uno de ellos. Ninguno de sus pupilos se parecía en sus maneras y todos han sido grandes maestros. Al hacer esta observación he de confesar que los toreros vemos a nuestros compañeros de forma distinta. Podemos envidiar su estilo, pero lo que de verdad admiramos son sus hallazgos técnicos, verlos hacer lo que a los demás no se nos había ocurrido. Quizá sea un error… o una manera interesada de observar el toreo. A veces, pienso que los aficionados comprenden peor el toreo por dentro, pero ven mejor el toreo por fuera.

He reflexionado sobre todo esto ahora que don Pablo nos ha dejado. Lo cierto es que todas estas cuestiones me las planteaba ya cuando él era un reconocido maestro de toreros y yo me preguntaba cómo toreaba. Se lo consulté a mi padre y a algunos aficionados viejos. Y todos me respondieron lo mismo: el de la Sagra era “La muleta de Castilla”. Y como no acababa de entender lo que aquello significaba, me puse a hojear “Ruedos” antiguos. Allí encontré la respuesta: era un torero muy asentado; una muleta sólida, sin un pliegue, en movimiento, pero como parada. Parecía un imán que hipnotizaba con temple a un toro inducido. Para mí, ésta es la verdad del toreo. La quietud en el cuerpo y el mando en los brazos. Aquel muletazo suyo era el toreo. Tenía temple, reunión, elegancia y porte.

Años más tarde, recuerdo cuando debuté en Las Ventas y la tranquilidad que me produjo saber que, en el burladero de la empresa, estaba don Pablo, quien tan bien sabía lo que era torear.

Adiós, maestro don Pablo. Adiós, templada muleta de Castilla”.

Si Las Ventas es un complejo poliedro a veces indescifrable, Pablo Lozano ha conocido, de primera mano, todas sus caras. Por la plaza de toros más importante del mundo, ha pasado como torero, empresario, ganadero y apoderado; una circunstancia que, sin duda, lo convierte en un personaje único y difícilmente repetible.

Confirmó la alternativa en el ruedo madrileño en la Feria de San Isidro de 1952, siendo su padrino Antonio Bienvenida. Cinco temporadas más tarde, en 1957, llegó a encerrarse con seis toros en Las Ventas en la tradicional corrida del Montepío, cortando cuatro orejas y abriendo la Puerta Grande, el mayor logro que puede conseguir un diestro. Como recuerda Miguel Abellán en su carta, le apodaron “La muleta de Castilla” por su sobriedad y sentido del temple, virtudes de las que hizo gala en el ruedo y en la vida.

Tras ser empresario de éxito en la carabanchalera plaza de Vista Alegre, aterrizó junto a sus hermanos, Eduardo y José Luis, en Las Ventas en el año 1990. En los catorce años al frente de su gestión, hasta 2004, la Monumental conoció uno de sus mayores períodos de gloria. 

Como apoderado, estuvo detrás de las carreras de enormes figuras del toreo, como Palomo Linares, Manuel Benítez “El Cordobés”, Curro Romero, Juan Antonio Ruiz “Espartaco”, José María Manzanares (padre e hijo), César Rincón, Manuel Caballero, Sebastián Castella, Julián López “El Juli” o Eugenio de Mora, entre otras.

Pero de todas sus brillantes facetas, quizá la que más apasionaba a Pablo Lozano era la de ganadero. Bajo su saber, el hierro de Alcurrucén, puro encaste “Núñez”, se colocó en cabeza de la cabaña de bravo. En las últimas ferias de San Isidro, varios toros de su casa  -“Jabatillo”, “Malagueño”, “Barberillo”, “Licenciado”, etc.- ,se colocaron entre los más bravos de la temporada, cosechando las alabanzas de la crítica y del público más exigente.

Por todo ello, el apellido Lozano forma parte de los nombres ilustres de las paredes de Las Ventas. En la primavera de 2013, el Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid ya descubrió un azulejo en honor de los tres hermanos en el Patio de Arrastre. Este viernes, 30 de octubre, esta institución, que vuelve a recordarle con admiración y cariño, ha querido enviar un saquito con arena de La Monumental para que le acompañe de por vida. Descanse en paz y nuestro sentido pésame a todos sus familiares”.

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Fotos: Archivo del Centro de Asuntos Taurinos de Madrid.

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