En la Opinión de Pepe Mata… Tras la pandemia más allá de los figurines están los toreros de verdad

La Covid-19 sorprendió a todo el mundo y mostró la indefensión del ser humano ante un virus de apenas mide 0.12 micras que tiene al planeta Tierra contra la pared.

En Europa han salido del confinamiento tras superar el pico de la pandemia, aunque por la falta de la concientización de algunos en el uso de la mascarilla, cubrebocas, lentes o gafas para protección de los ojos, porque por las conjuntivas puede entrar el virus, el rebrote se está haciendo presente.

Mientras en América, vivimos la intensidad de la pandemia y seguimos inmersos en un encierro que lleva más de 20 de semanas, a pesar de tener indolentes gobernantes que minimizan la terrible pandemia, como el caso de, Andrés Manuel López Obrador, quien se vive diciendo y engañando a quienes lo permiten, que “… ya domamos la pandemia”; o bien que “… el uso del cubrebocas no tiene sustento científico“.

¿Domamos? ¿No tiene sustento científico el cubrebocas?

¡Domamos! ¡No tiene sustento científico el cubrebocas!

Domamos y no tiene sustento científico el uso del cubrebocas… ¡cuando se siguen multiplicando aceleradamente los contagios y lamentablemente los decesos!

¡Vaya indolencia!

Por favor, usen el cubrebocas, mascarilla es fundamental para salir de esta encrucijada que vive la humanidad.

Sin embargo, están llegando noticias alentadoras que informan la próxima aparición de las vacunas ya que se encuentran en la fase III -experimentan ya con un numero considerable de seres humanos-, con esto una nueva esperanza de vida se hace presente para continuar con la normalidad detenida.

Una vez que la humanidad supere esta dura, muy dura prueba que esperemos esté dejando imborrables lecciones de vida a todos, tendremos que regresar a las actividades, y en el caso de la tauromaquia a vivirla intensamente en la mágica libertad que ofrecen las plazas de toros.

¿Qué hacer?

¿Cómo volverle a dar vida, sentido y grandeza a un espectáculo tan intenso?

Pensando en el futuro inmediato, se requiere sin lugar a dudas, un proyecto renovador que proporcione el oxígeno necesario para devolverle esa grandeza a la tauromaquia a través del toro auténtico para el torero de verdad.

En esta historia ya no están inscritos los figurines, quienes desde hace años inundaron a la tauromaquia con sus miserias taurinas al minimizar la verdad del toro bravo y encastado sustituyéndolo a través de sus imposiciones por un bobitoro y bobipequeñajo que les da comodidad para hacer esas faenas que llaman “bonitas” y que en la realidad resultan una farsa al no existir la verdad insoslayable del toro bravo y encastado.

¡No!, no pueden tener cabida los figurines en esta época de renovación, época en la que se exigirá con mayor vehemencia la verdad.

Queremos vivir en un mundo mejor, queremos tener una vida apegada a su esencia, queremos una tauromaquia inmersa en la verdad que representa luminosamente el toro bravo y encastado; y a través de su presencia, seguirá dando vida a una expresión de tintes mitológicos en donde un hombre…

… un héroe, a través de su inteligencia, de la técnica bien aprendida y del poder que concede el valor natural, se impone ante la naturaleza instintiva, violenta, vigorosa y fiera de un toro bravo y encastado, al que una vez sometido en el imperio ese héroe que lo ha dominado…

… se transfigura en artista para crear momentos escultóricos de inconmensurable belleza, de absoluta luminosidad, por la verdad implícita con la que se expresa en el redondel de una plaza de toros.

Por ello mismo, los figurines están fuera de contextos con esos torillos a modo de ganaderías comerciales y que producen una sospecha alarmante en la integridad hasta de sus astas.

Esto no es el toreo.

¡Por supuesto que no es!

Existe y para beneplácito del arte del toreo, artistas como Curro Díaz, Diego Urdiales, Pepe Moral, Octavio Chacón, Paco Ureña, Cayetano, entre otros, que fueron postergados por los figurines para impedir que pasaran más allá de su ordenamiento; y quien acabó afectado por este sometimiento, fue el propio arte del toreo al contaminarlo con las engañifas de los figurines.

Igualmente hay jóvenes como los hermanos Jiménez -Javier y Borja- jóvenes sevillanos quienes han luchado por demostrar su verdad e inexplicablemente no se les ha escuchado, o a Gómez del Pilar quien desde novillero nos dejó impactados gratamente en la Monumental de Las Ventas, y ya tras su alternativa ha consumado faenas a toros violentos, peligrosos de una importancia evidente.

O la lucha inquebrantable de Juan Leal, así como la de Román, de Emilio de Justo, de Javier Cortés, de David de Miranda, de Uriel Moreno El Zapata, de Israel Téllez, Luis David Adame, Arturo Saldívar, Alejandro Lima El Mojito, Gerardo Rivera, Gerardo Adame, Leo Valadez, Guillermo Albán, Juan Francisco Almeida, Moreno Muñoz, Ramsés, José Arcila, Franco Salcedo, David Martínez, en fin tantos, que ahora mismo mi archivo de sastre de la memoria no tiene presentes pero que sin lugar a dudas existen.

¡Sí!, más nombres de toreros experimentados con solera y jóvenes con futuro promisorio los hay en España, Francia, Portugal, México, Colombia, Venezuela, Ecuador y Perú; más nombres de valiosos jóvenes que han sido postergado por las miserias taurinas…

… miserias que en esta nueva etapa, necesariamente deben desaparecer para recuperar la grandeza de nuestra Fiesta en todo los países taurinos.

Luchemos todos en conjunto contra esos supuestos animalista los que mantienen “secuestrados” en sus casas a las mal llamadas mascotas o animales domésticos, a las que les imponen tiempo y sitio para comer y para sus necesidades fisiológicas, quitándoles de su hábitat natural.

Luchemos a brazo partido contra esos supuestos antitaurinos que no conocen al arte del toreo y sólo buscan los reflectores de los medios para dar razón de ser a un reconocimiento que no les ha dado la vida por falta de argumentos.

Luchemos sin tasa ni medida contra esos oportunistas politiquillos quienes nos han hecho creer que los que amamos al arte del toreo somos minoría, cuando la realidad demuestra que no es así, porque hay plazas que se llenan con 50 mil, 25 mil, 20 mil, 18 mil y cuando menos 2 mil espectadores, lo que hace evidente que la tauromaquia no es un espectáculo de minorías, y el gran público taurino sí puede demostrar su poder a esos politiquillos, a través de las urnas electorales.

Y luchemos con toda la fuerza para erradicar a esas miserias taurinas que han abrazado los figurines tras exigir la comodidad del bobitoro, del bobipequeñajo; con esas miserias que a través de los empadres de ganaderos sin ética disminuyeron la grandeza del arte del toreo al casi erradicar la casta y la bravura.

Por ello, queda claro que la máxima que hemos defendido aquí, es contundente y perenne para mantener la vigencia de este arte mágico, mítico y trascendente como sin lugar a dudas es la tauromaquia:

¡El toro auténtico para el torero de verdad!

¡Dígase la verdad… aunque sea motivo de escándalo!

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  • En la portada un hermoso toro de la ganadería Tenexac

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