En el tintero del Abogado Pérez-Palma… Los últimos y los invisibles: los imprescindibles monosabios y torileros

Mi lugar favorito: Las plazas de toros porque es mi ambiente, me siento lleno”. Monosabio Federico Domínguez Gamucita

Ahí están, siempre, son parte de la esencia de la fiesta, porque no decirlo, conocedores de la misma. No figuran en los carteles, sus vestimentas no son de oro o plata, pero son parte protagónica de una tarde de toros. Son los últimos del paseíllo, pero pisan ruedo en los seis toros.

De colorida vestimenta, con garbo y elegancia son los que cierran el paseíllo: los monosabios, mulilleros y areneros… sin olvidar a los invisibles; los torileros.

Sudor y arena, llevan en la responsabilidad de dejar el escenario perfecto para una tarde perfecta. La imagen de un ruedo antes del festejo es literal una obra pictórica, de perfecta armonía y sublime estampa, definida en sus trazos y de rudeza sutil y así hay que conservarla, al paso de seis astados.

Los monosabios, manos para ayudar y servir, están practicante en toda la lidia, en la puerta de toriles, en la puerta de cuadrillas, e incluso en el ruedo, ayudan y socorren a los picadores y a los caballos durante la lidia.

Les ayudan a montarse, sujetan los caballos en la suerte de varas para que no sean derribados y auxilian al picador si el caballo cae, todo a cuerpo limpio, sin miedos, intuyendo siempre la reacción y los movimientos del astado.

Su vuelta el ruedo es diferente en los callejones, a la derecha o para la izquierda, pendientes de la lidia y los terrenos del astado, ahí están con las banderillas tres vueltas por toro, de rapidez sigilosa y precisa para no interrumpir la lidia, entregan los garapullos al matador o subalterno, función discreta pero invaluable, vueltas exactas tal manecillas de reloj, no existen retrasos, movimientos con justa precisión.

Más allá de las funciones naturales y propias antes y durante la lidia: los monosabios cuentan con amplio conocimiento del toro y de la tauromaquia, de reflejos rápidos y decisiones que pueden ser de vida o muerte, recordemos a José Tomas con Navegante, de la ganadería de Pepe Garfias, en la Feria de Aguascalientes.

Ahí de inmediato en el ruedo, sin dudar, sin miedos a cuerpo limpio, sin miedo a la muerte con tal de salvar una vida, llegaron al auxilio Pedro Ibarra y El Bigotes monosabios, sin contrarrestar en ningún momento la labor del subalterno Alejandro Parado.

¿Héroes del ruedo?

¿Ángeles de plaza? o simplemente grandiosos Monosabios.

Los Mulilleros: Labor a la vista fácil y sencilla, pero el controlar a las mulas, además de ser manojo de nervios, tienden a la huida ya que perciben el olor del toro por lo que detrás de un simple arrastre existe un conocimiento y una preparación para el control de estas, unos profesionales en el control y arrastre del astado.

Prácticamente una labor pericial acomodar el cuerpo del toro sin lastimarlo, cuidar las cornamentas, encadenarlo y llevarlo al examen postemortem.

De labor precisa y pronta en el arrastre, sin invadir más terrenos que los necesarios, normalmente se arrastra el toro en línea recta, salvo la orden del Juez de plaza, para un arrastre lento del astado, una labor de doma y control preciso sobre las mulas, al igual cuando se ordena la vuelta al ruedo al astado.

Los últimos del paseíllo pero no menos importantes: los areneros intervienen después de cada faena para alisar la arena removida durante la lidia y en el arrastre de la res; así como cubrir o recoger los restos que los animales hayan podido dejar, todo para garantizar la integridad y seguridad del espada en turno.

Un paso en falso, puede costar la vida por eso la importancia de que el albero del ruedo este liso, como receta de cocina; con el punto exacto de albero, sin olvidar al El Chacal es el que pinta con cal los tercios del Ruedo.

Mantienen el escenario en las cualidades óptimas para el desarrollo de la faena, precisos en el alineamiento, ni mucho para que quede dura, ni poca par que quede flojo, a ojo milimétrico y pulso preciso, basta recordar la tarde gélida y lluviosa en el Coso de Reforma en el mano a mano entre Emilio Gamero y Diego Ventura, prácticamente secaron un pantano, dejando el ruedo en condiciones optimas para el desarrollo de toda la lidia.

Funciones sin triunfos, visiblemente anónimos, pero de importancia de vuelta al ruedo y triunfo redondo: Los Monosabios una perfecta orquesta de movimientos matemáticamente exactos, armonía precisa y perfecta coordinación de movimientos en los tendidos, callejones y en cada ruedo, los imprescindibles en cada tarde de toros.

Así se define Valentín de Miranda Salinas monosabio ya con 10 años en la Unión Mexicana de Monosabios Plaza México, “… siento alegría, pasión, orgullo y pertenencia, cada tarde de toros se me eriza la piel al escuchar ese Cielo Andaluz con el que se parte plaza en La México y ese olé tan característico de sus tendidos, al final del paseíllo llega el miedo.

Mi lugar está en alguna de las puertas del ruedo, esas que se tiene que abrir cuando salta el toro al callejón, esas puertas que son aliadas y hasta cómplices de nuestro sentir cuando vemos pasar ese animal tan hermoso que es el toro de lidia, tan cerca pero tan lejos”

Concluyendo con una hermosa reflexión; “Somos Afortunados al estar cada tarde de toros en la Plaza más grande del Mundo donde muchos quisieran estar.”

Y los invisibles:  los Torileros antes de todos están ellos, los que desencajonan, los que llevan la responsabilidad de bajar y enchiquerar a los astados, labor nada sencilla y de precisa responsabilidad; cuidar la integridad de cada toro, movimientos exactos, trabajo de altura, equilibristas, en el arte de caminar para mover al toro para encaminarlo llevarlo al corral y luego a la puerta de salida, según el turno del sorteo.

Labor llevada a cabo sin tocar al astado o moverlo con algún capote o instrumento parecido; nunca
al momento de desencajonamiento el astado llega con el estrés natural del viaje; llegan calientes embistiendo a todo, por lo que la labor se lleva con conocimiento, paciencia, sin prisas, sin contacto y entre puertas, poleas y pasillos van caminando al astado.

El encajonamiento no es encerrar por encerrar, no es un trabajo de fácil y sin riesgos, primeramente proteger al astado y luego proteger su integridad, artistas de la cacofonía armónica, así mueven al toro, solo con la voz.
Labor de alto riesgo, sin tiempos, intuyendo al toro en cada paso, y la vida en juego en cada movimiento.

Tal y como nos platico Jorge Carlos May Órnelas, el encargado de los corrales de la Plaza Mérida, la de Yucatán: “Recuerdo la tarde del veintinueve de enero del dos mil diecisiete, los cinco minutos más largos de mi vida, los cinco minutos a merced de ‘Poeta’, el número once de la ganadería de Xajay de 515 kilos.

“Ese toro ya venía muy corraleado. A ese toro lo cargan en los corrales de la Plaza México, no salió de la ganadería, y ya sabía romper puertas para salirse y así comenzó todo. Estando en el burladero de los corrales, ‘Poeta’ va directo y empitona el burladero y me saca de ahí

“… cinco cornadas, una de ellas me rompió el tórax y toco el pulmón y estuvo a centímetros de romperme el corazón, otra paso a milímetros de la femoral, esas fueron las más peligrosas, esa tarde fue un verdadero milagro, cinco minutos de que me pega la primera cornada hasta que ya me deja y se sale del corral”.

El May como es conocido en el ambiente taurino, lleva dieciséis años como torilero, siendo el encargando de manejar los corrales.

“Tengo tres personas que me ayudan a sacar a los toros de corrales: Ricardo Sales, Jorge May  y Josue Suaste, para mandarlos a toriles, y ver que ningún toro se lastime en corrales a la hora de moverlos, es una de las funciones más arriesgadas de un torilero por que están a merced del toro, lo vez de cerca”.

Entre otras anécdotas más agradables nos comenta, “… tuve la fortuna de entorilar a los dos toros más grandes lidiados en Yucatán, uno fue ‘Carabina 30-30’ lidiado en la Monumental Avilés de Motul, y el otro fue ‘Barbaján’ lidiado en la Plaza Mérida“.

Para resaltar esta labor, podríamos decir que una tarde de toros pende de la transportación y desembarque, labor imprescindible pero silenciosa, para algunos invisibles, sin reconocimiento, sin orejas y rabo, sin aplausos, pero de vital importancia y de protagonismo anónimo, así son las labores de los de equilibristas sobre las puertas y los de los corrales.

Simplemente los imprescindibles:

Los Monosabios, Areneros y Torileros, que Dios les reparta suerte siempre.

Mi lugar favorito: Las plazas de toros porque es mi ambiente, me siento lleno”. Monosabio Federico Domínguez Gamucita.

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@ALBERTO_SERFIN

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