En Camas… Esaú Fernández corta cuatro orejas y un rabo

Camas (Sevilla). Corrida goyesca a beneficio de Cáritas local. Sábado 29 de febrero 2020. Toros de Baltasar Ibán, Buenavista, Victorino Martín, El Pilar, La Ventana del Puerto y Daniel Ruiz: Extraordinario el de La Ventana. Buen toro el de El Pilar al que se le concedió la vuelta al ruedo.

Esaú Fernández en solitario: Oreja, oreja, ovación con saludos, dos orejas y rabo, ovación con saludos y ovación con saludos.

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La tarde rompió en viento, pero ello no hizo que el pueblo de Camas se volcase con su torero, con Esaú Fernández. Se registraron tres cuartos largos de entrada, pera vivir una gran tarde de toros.

Le formó un lío al que hizo cuarto de El Pilar. La clase fue denominador común en la lidia bajo la base de la mediana humillación. Pronto y en la mano. Con la izquierda y le enjaretó tres naturales de una enjundia soberbia. Los derroteros de la faena siguieron por el sendero dibujado por el temple, tanto en la mano derecha como en la opuesta. Acabó entre los pitones, jugándose las piernas y dejando claro quien mandaba en una pelea en la que el derrotado resultó el animal. Un rabo tras una emocionantísima y grandiosa estocada en el sitio.

Mostró temple y un gran son el abre plaza de Iban, pero todo ello no tapaba su falta de fuerzas. Se señaló en un único puyazo habiendo ejecutado Esaú un buen quite por chicuelinas. Aquellas virtudes que cantaba el toro, se fueron diluyendo en una cascada de descompuestas embestidas que siguieron con unas miradas a la taleguilla. Lo intentó, pero conectó únicamente en ciertos momentos del trasteo. Disposición para conseguir tras una estocada algo caída, el primer trofeo de la tarde.

De preciosas hechuras el que hizo segundo con el hierro de Buenavista. Esaú Fernández fue marcándole los caminos poco a poco hasta hacer un toro enclasadísimo. Se sucedieron dos profundas series por el pitón derecho mientras el toro también tuvo el pequeño defecto de hacer amagos de rajarse. Los remates también conectaron con los tendidos. Buena faena de Esaú que pasaportó a su oponente con una estocada caída. Oreja.

Astifino y de unas hechuras inconfundibles, así como espectaculares, fue el tercero de Victorino Martín. Se vivió un gran puyazo en el que los tendidos supuraron emoción. Se creció ante un castigo muy bien proporcionado en la cruz. Los pares de Ángel Otero, fueron una oda al tercio de garapullos. En todo lo alto y asomándose al balcón. La arrancada fue de menos a mucho más. La incertidumbre sembrada por el cárdeno en sus primeras embestidas, se tradujeron en una sosería que hizo que Esaú pusiera todo en el trasteo. Tardó en entenderlo hasta que le cogió su altura y le recetó un buen puñado de buenos naturales. Esta vez lo pinchó y todo se quedó en una calurosa ovación.

El que abrió el quinto capítulo un toro un punto por debajo de los otros ya lidiados. A este, las banderillas se las puso Esaú. Lucido el tercio de banderillas, brindó a varios maestros y entre ellos, Tomás Campuzano y Espartaco padre. Un torrente de clase, de humillación, de casta y de empuje. La ebullición los tendidos fue instantánea mientras Esaú Fernández tiraba y se rompía mientras planeaba el de la Ventana del Puerto. Faltó reunión y ceñimiento, pero ahí queda la emoción vivida en la plaza. El camero, desatado, se gustó, pero la obra no fue coronada como debía. Pinchó arriba dos veces y dejó una media estocada. Ovación a ambos.

El peor presentado de todos, llevó la divisa de Daniel Ruiz. Descompuesto y deslucido también. Abrevió y tras pasaportar a su animal, fue sacado en hombros con su pueblo aplaudiéndole.

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@ignaciotaurino

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