En Bogotá… Ferrera conquista la Santamaría en tarde de pasiones

Santamaría de Bogota. Domingo 16 de Febrero, 2020. Más de dos tercios de entrada, se esperaba más, con muy buen tiempo aunque la temperatura se desplomara desde el cuarto toro. Se lidiaron tres toros de Juan Bernardo Caicedo y tres de Ernesto Gutiérrez, los de Caicedo mucho mejores que los del caldense. De pintas jaboneras los Juan Bernardos, uno fue noble y con movilidad, el segundo. El tercero era prontito y fijo pero pasaba con sosería aunque le pudieron aprovechar mejor, el cuarto sin nada de clase. Tenían cara de jóvenes a pesar de tener los cinco años que se anunciaron en la tabilla.  Los de Gutiérrez no cumplieron, bien presentado el primero, resultó derrengado y sin fuerzas, el quinto sin hechuras de embestir se rajó muy pronto y se refugió en los tableros pero a pesar de eso embestía con cierta bondad. El sexto muy anovillado y muy justito de casta también. Toros para figuras, por tanto varitas cortas. Toros de los que exigen para venir a América….

Enrique Ponce: Palmas y saludo desde el tercio

Antonio Ferrera: Oreja y saludo desde los medios tras aviso antes de pasar a la enfermería

Luis Bolívar: Palmas y vuelta al ruedo tras fuerte petición

Detalles:

Saludaron Emerson Pineda, Alex Benavides, Ricardo Santana, Garrido pero quien clavó dos pares asomándose al balcón de verdad fue Jaime Devia en el tercero.

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Antonio Ferrera llegó a Bogotá, precedido de sus triunfos en Madrid y en México y conquistó esta vez a la Santamaría bogotana que no le veía desde hace dieciocho años, es decir, vio a un nuevo torero porque el Ferrera de hoy es totalmente diferente al de esa época

Y la conquistó con su toreo histriónico, un puntito pasado todo hay que decirlo, y de regusto que ahora tiene en sus muñecas y su alma. Esta en un gran momento y se le nota desde que sale a la plaza. Dominó toda la tarde, con sus andares y sus actuaciones poniendo a mascar cierta rabiecilla mezclada con impotencia a Ponce y marcándole el toque de variedad en el capote a Bolívar que luego le quiso imitar.

Precisamente la variedad de su capa sedujo a los bogotanos de entrada, recibió con tijerillas, algo que no se veía hace muchísimos años en la capital y chicuelinas mirando al tendido para llevarlo al caballo para luego sacarlo del mismo con caleserinas pintureras y una media al ralentí.

Su faena fue un vaivén de emociones, inició por alto como sin darle importancia al toro con toques como de torero bufo y con reminiscencias de El Cordobés, para luego ponerse a torear con ese toque tan personal que tiene aunque alternando muletazos despegados y al hilo con otros realmente logrados.

Los derechazos tuvieron hondura y profundidad, los naturales fueron todos al hilo del pitón, pero la faena impactó con mucha fuerza en los tendidos, Ferrera se relamía de gusto hasta que el de Caicedo se paró en un muletazo y le prendió por el muslo derecho izándole hasta hacerle dar una vuelta completa a su cuerpo, le corneó y la faena que ya era importante se propulsó hasta la estratosfera, la gente estaba en completo éxtasis ante la gesta del extremeño. Una serie con la derecha ya con el fajín en el muslo puso los corazones a mil. Esa si fue de verdad verdad.

Faena de conquista a una plaza, que encantada se rendía a Ferrera, y que debía rematarse con la espada pero Ferrera no es un excelso matador de toros -por esto ha perdido mucho triunfos en Europa – y lo quiso matar recibiendo pinchando, luego pinchó otra vez más antes de colocar una estocada entera. Era un triunfo con fuerza que quedo metido en una sordina porque a pesar del fallo a espadas el público pidió la oreja que el presidente concedió. Se sumaba la incógnita de si saldría para lidiar su otro toro.

Ferrera se fue a la enfermería y le operaron rápido, salió vestido totalmente de blanco con el pantalón de un monosabio, la faena al último toro fue toda una montaña rusa de vivencias, estaba haciendo todo un gesto al salir recién operado pero por momentos era una faena pueblerina con trapazos de rodillas que eso si emocionaron al ya entregado publico bogotano y por otro era una faena de altos vuelos artísticos en los remates de pecho y los finales de las tandas de quilates reales. Antes, las largas de recibo en homenaje a El Pana resultaron muy lucidas.

Muletazos de verdad intercalados con otros efectistas, pero la emoción a punto de ebullición. Las cotas más altas se identificaban en los remates de pecho, por momentos la faena no tenía el eco que se esperaba por la embestidita desrazada del de Gutiérrez pero Ferrera que dominó todo lo aupó de a poco sobándolo y sacando de la chistera el histrionismo de su sello.

Entró a matar a mucha distancia como lo prodiga ahora y colocó lo que parecía un estocadón pero el toro la fue escupiendo de a poco y lo que parecía una oreja segura se empezó a diluir, se apresuró con el descabello porque no esperó que el toro destapara y falló en dos ocasiones.

Todo un personaje Ferrera, salido de su imaginación y de su inspiración. Un torero con conexión, muy necesario en la actualidad por que tiene tintes diferentes a todos los demás que parecen un calco aburrido y monótono. A la Santamaría la sedujo con pasión, el grito de torero torero al final así lo evidenció.

Habría eso sí que analizar a profundidad su técnica porque es tanto el halo de su efectismo que se pasa por alto su colocación, el cargar la suerte y para donde desplaza a los toros. El efecto de su puesta en escena sin duda apabulla a lo segundo. Ya la gesta de salir a matar a su segundo con la cornada recién operada es otro cantar. Épico.

Si Roca Rey no se recuperara para el 1 de marzo, sería un buen sustituto del peruano y se vería las caras con Castella el otro torero que ha triunfado en esta temporada bogotana.

Bolívar ha tenido luces y sombras, en el tercero estuvo por debajo del toro, no tuvo alegría ni él ni el toro, siempre fuera de cacho y sin dar el paso adelante para forzar al de Caicedo y romper de verdad, una faenita a menos sin sal ni pimienta, en tono bajo. Mató bien y escuchó palmas cuando el toro cayó.

En su segundo se despertó un poco, Ferrera le había espoleado, tanto que quiso imitar su variedad capotera, muy bien en faroles y delantales pero las zapopinas resultaron vulgares, luego toda su faena tuvo el mérito de la voluntad al querer hacer faena a un manso refugiado en tablas que aún así embestía con cierta clase pero con el pecado de que fue a demasiada distancia del burel, en ningún pase se ajustó al toro pero se esmeró en componer su faena aprovechando todas las embestidas del torito. Por torear demasiado por fuera y por la colocación de la estocada la presidencia no le concedió la oreja que el público pidió con mayoría evidente. La música no había sonado entonces pudo ser por lo primero.

La gente se encaró, aunque no demasiado, con el presidente por negar la oreja. En sentido práctico debió otorgarla porque la pidió la gran mayoría pero la faena que estuvo repleta de enjundia y ganas adoleció de ajuste y profundidad. Polémica y pasión de nuevo en el tendido. Yo particularmente prefiero el rigor a la tómbola.

Ponce se fue inédito de la Santamaría, que tanto le quiere, pagando el pecado que cargan las figuras de esta época que es estrellarse con los toros a modo que exigen tarde a tarde. En España no salen de cuatro ganaderías y acá en Colombia no salen de lo de Gutiérrez y lo de Caicedo y así les va. Salen cariacontecidos con el juego de los toros pero ellos engendran el pecado y luego posan de buenitos. En Manizales fue igualito. Y luego mueven la cabecita como diciendo no puede ser, no puede ser. Y muchos les creen.

En su primero, un toro muy suelto y distraído de escasísima fuerza, de esos ha lidiado miles en Colombia, se derrengó a la salida de un elegante quite por chicuelinas. O sea ya sabíamos que la faena de enfermero saldría a relucir. Tal cual, media faenita a media altura y templadita con el vicio de pasarlo a distancia sideral de su cuerpo, el grito de pico vino del tendido al tercer muletazo. El toro volvió a rodar por el ruedo y no hubo nada más. Muy aliviado el valenciano.

En el cuarto, de Caicedo, también con poquísima fuerza, ¿toda una novedad no?, más de lo mismo aunque en esta ocasión el Juan Bernardo no embestía nada claro, zangoloteando la cabeza por todo lado sin clase alguna. Ponce se colocaba a mucha distancia del toro lo que le reprocharon desde el tendido y las pasiones se desataron de nuevo. Quienes le exigían una decente colocación se enfrentaron con quienes defendían a su ídolo, los primeros llevaban razón en el concepto, la faena estuvo más en el tendido que en el ruedo porque el toro no permitió nada. Mató de estocada entera y el público lo sacó a saludar en desagravio.

Es hora de pensar que para esto y para llevar dos tercios de plaza no vale la pena exigir y exigir toritos que luego resultan insulsos, sino a quedarse en casa.

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