En la Monumental México… Otro indulto que ofende y mucho a la grandeza del toro bravo y encastado

Monumental Plaza de Toros México. Domingo 05 de Enero, 2020. Décimo primera corrida de la Temporada Grande. Pobre entrada que apenas y habrá alcanzado los 3 mil asistentes. Se lidiaron toros de Piedras Negras, ganadería que celebró sus 150 años de fundación, han resultado mansos y con una casta que apenas existió en los dos primeros tercios; el menos malo fue el que cerró plaza, un lindo pequeñajo cárdeno claro de nombre, Siglo y Medio, que al igual que sus hermanos no peleó en varas, fue reservón, acudió habitualmente con la cara alta a los engaños, y conforme avanzó la lidia recortó su caminar. Hicieron acto de presencia una especie de aduladores desde el tendido los que sin que existiera sustento, gritaban ¡toro!, absurda exclamación que tenía respuesta desde varios sectores de la plaza, incluso su mayor notoriedad apareció en la solicitud del indulto… muy sospechoso; por fortuna, las buenas conciencias defendieron a la verdad protestando con energía. En cuanto a presencia, primero y segundo justos; tercero y sexto, anovillados; correctos de presentación cuarto y quinto. Ninguno peleó en caballos, tras estrellarse en el peto del inválido jamelgo tordo ya en total ancianidad, favorito de la cuadra, como era de esperarse cayó en la arena con el primero y segundo astados. Presentaron los bovinos piedranegrinos sospecha de cornicure.

José Luis Angelino: Silencio y silencio tras aviso.

Antonio García El Chihuahua: Silencio y silencio tras aviso.

Gerardo Rivera: Silencio y vuelta con el ganadero en medio de la escandalosa protesta por el indebido indulto.

Detalles:

Un grupo de maravillosos amiguetes del ganadero de Piedras Negras -como ocurrió hace tres años- le dieron un reconocimiento, ahora por los 150 años de fundación de la dehesa tlaxcalteca.

¡Pifias!

El buenazo de Jorjazo ordenó indebidamente el indulto del pequeñajo Siglo y Medio de Piedras Negras, sólo por su movilidad; ¿habrá alguien que le diga lo que significa la bravura y casta? Porque la inútil Comisión Taurina de la Ciudad de México cuyo patriarca es, Vicentico Bandín, nada de nada.

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Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones”: Séneca

Por ello, y para empezar, es oportuno recordarle al joven, Gerardo Rivera, que cuando se indulta a un toro en el coso titular de México, en este caso a un inadmisible pequeñajo, el que triunfa es el ganadero no el torero.

Es por ello que en la Monumental Plaza de Toros México no se otorgan trofeos simbólicos.

Lo peor es que en casi todos los indultos de la actualidad, la verdad no asiste, como en el caso concreto de Siglo y Medio, que se ha sucedido en el mayor coso del mundo.

Sí, la historia de otro indulto sin sustento ocurrió en medio del tedio generalizado, que causa la mansedumbre, el descastamiento, la invalidez…

… así apareció un grácil pequeñín que hizo sexto, salió con movilidad, y un entusiasta, Gerardo Rivera, le recibió a porta gayola, pero el chiquitín tan pronto salió le llevó su capichuela dejando tirado en la arena a Gerardo, quien se incorporó todo nervioso.

Inmediatamente cogió el primer capote que le dieron desde el callejón, y lanceó a velocidad de vértigo al bonachón pequeñajo, para así dar paso a un penoso tercio de varas, en donde no peleó el piedranegrino, se estrelló en el peto y luego de un pellizquillo se quedó a dormir el sueño de los justos como todo manso.

Ya con la muleta, el animalito caminó, tuvo frágil movilidad, y lo hizo habitualmente con la cara alta; por supuesto que eso no significa que fuera bravo, porque nunca peleó desde su salida y durante la faena, sólo obedeció con sumisión borreguna los toques de la muleta y fue con bondad franciscana.

Mientras los pies de, Gerardo, todavía más nerviosos… si cabe, no paraban de reponer terreno, y en lugar de tener mayor confianza ante la docilidad manifiesta del chiquillo de Piedras Negras, no se ajustó.

De pronto, irrumpieron nuevamente los sospechosos gritos adulatorios de ¡toro!

Sí, sí, volvieron aparecer, ya que desde el inicio del festejo se apreció que existieron ciertos grupos en diferentes sectores del monumental coso que curiosamente festinaban a los piedranegrinos en un acto de evidente adulación.

Iniciaba un grupúsculo gritando ¡toro!, y el eco adulador se reproducía en los otros sectores de la plaza, hasta conseguir que más gente se uniera a lo que pudo llegar a ser la adulación piedranegrina sin límites.

Entre tanto, Gerardo Rivera, en lugar de serenarse, ¡también se puso a buscar el indulto! olvidándose de su responsabilidad, de su ética, de la verdad que debe prevalecer en el arte del toreo; y en medio de este nueva burla al respeto y a la grandeza del toro bravo, el inepto juez de plaza indultó a un manso, deslucido.

De inmediato las buenas conciencias protestaron y lo hicieron estentóreamente por ese absurdo e ilógico indulto, así como por la falta de coherencia del torero, quien debió haberse hecho valer como auténtico torero, pero…

… pero, ¡no!

Prefirió ser uno más de esos aduladores piedranegrinos, decidió formar parte de uno de los que apoyó a que se indultara Siglo y Medio, y al final el público de la Monumental México -que no son los aduladores piedranegrinos– lo acabaron echando sin piedad del mayor coso del mundo.

Y ha sido una pena, porque con su primero anunció el buen toreo, desde con suaves lances y una media sensacional, seguidos ya con la muleta con un par de series igualmente despaciosas y sentidas, con el fin de no atosigar al inválido ejemplar que de pronto buscó el refugio de las tablas y se echó para no levantarse más.

De, José Luis Angelino, queda el recuerdo de dos participaciones en las que banderilleó con soltura, y extrajo meritorias faenas, en donde parecía no podían existir, con series suaves, templadas; pero también, aparecieron exagerados adornos que resultaron innecesarios para el buen toreo que escribió.

Y de, Antonio García El Chihuahua, voluntad la hubo, pasión y entrega también, sobre todo con su primero, otro manso ejemplar, al que le sacó literalmente lances meritorios para enseñarle a embestir; impuso un buen tercio de banderillas, y con la muleta, tras el tercio de varas casi inexistente, hizo una faena correcta, aunque las voces aduladoras piedranegrinas aparecieran para gritar ¡toro!, cuando eso…

… justamente eso, toro, no hubo por ninguna parte. Y con la espada hubo desacierto.

Con su segundo, se le apreció un tanto extraviado, si, sí, voluntad la hubo siempre, y si bien es cierto que si con esos pésimos toros, cualquiera se desanima, debe existir el no venirse a menos y aplicar el toreo lidiador, que una vez que se realiza, conduce a poner punto final; aunque también ha estado desacertado con el acero llevándose un guantazo sin consecuencia en la cara.

En fin, que ha sido una tarde penosa, sumamente penosa, porque nunca apareció la verdad del arte del toreo que debe estar alrededor del toro bravo y encastado, impecablemente presentado e íntegro…

… esa verdad que por supuesto no posee el pequeñajo manso y borreguno, hasta con sospecha de cornicure.

La verdad -como en todo acto- debe ser expresada con libertad, con sinceridad, con honorabilidad, saber escucharla y entender de ella.

La atosigaste e ilógica adulación sólo conduce al irremediable engaño, y por eso…

… por eso ahí está esa crisis que vive nuestra Fiesta.

Una crisis de la que se puede salir, siempre y cuando la verdad sea un día sí y otro también, la parte fundamental de todo acto en el arte del toreo.

¡Dígase la verdad… aunque sea motivo de escándalo!

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