En la Monumental México… Arturo Saldívar, el concierto de bien torear, que se malogró con la espada

Monumental Plaza de Toros México. Domingo 17 de Noviembre de 2019. Tercera corrida de la Temporada Grande. Cerca de un cuarto de entrada, unas 7 mil personas. Ligera llovizna al inicio que detuvo su inclemencia al iniciar la faena del segundo ejemplar. Se lidió un encierro muy justo de La Estancia, ganadería de los señores Martínez Vértiz, que ha resultado manso en su conjunto, siendo los más bonancibles, dúctiles, de espíritu borreguno en su reticente caminar, los corridos en segundo y quinto lugares; definitivamente no tuvieron nada en su embestir los otros cuatro. El primero provocó un tumbo cuando acudió en el caballo y ahí se acabó su fallido “espíritu espartano”, los demás llegaron a las cabalgaduras sin mayor relevancia.

Miguel Ángel Perera: Silencio y pitos.

Arturo Saldívar: Saludó en el tercio tras aviso y al tercio.

Gerardo Adame: Palmas y silencio tras aviso.

Detalles:

Se recordó en homenaje póstumo al gran Loco Amado Ramírez.

El banderillero Ángel González, tras imponer dos pares en el segundo, saludó en el tercio.

El buenazo de Jorjazo inexplicablemente concedió un arrastre lento al segundo, que no peleó en varas en donde recibió un “pellizco”, sólo por tener recorrido borreguno. Esto hace pensar mal, muy mal, y tendrá que investigarlo la Comisión Taurina de la Ciudad de México, que preside Vicente Bandín, quien por cierto, ya tiene muchas tareas acumuladas que no han resuelto en favor de la Fiesta.

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El éxito no es el final, el fracaso no es fatal; es el coraje de continuar lo que cuenta”: Winston Churchill.

Ha sido una tarde aleccionadora para, Arturo Saldívar. Sí, porque tuvo un interesante reencuentro con ese coraje del que hizo gala muchas veces desde novillero, y le ayudó a levantarse para concretar el éxito tanto en España como en México.

Tuvo dos ejemplares mansos, dóciles, reticentes en su embestir, a los que supo consentir, incluso diría yo, hasta mimar, para conseguir faenas que trascendieron en los espíritus de los diletantes taurinos.

Nada fácil resulta encontrar el hilo conductor en medio de la asfixiante mansedumbre que habitó en el instinto de sus bureles.

Y, aquí esta la historia de un hecho de júbilo, por la creación; de un indiscutible enfado por las fallas con el acero.

Mezcal blanco, fue su primero al que saludó con suaves lances del tercio a los medios, y a pesar de que el huidizo astado intentaba hallar la salida, Arturo, se impuso con esas principescas verónicas hasta aparecer un contundente recorte a una mano, que fue celebrado en conjunto con el cristalino saludo capotero.

El de La Estancia se estrelló con el peto del caballo, y justo ahí, apenas y recibió un pellizco, que no fue ni por mucho, la aspiración de lo que debe y tiene que ser la suerte de varas.

En el quite brillaron tres chicuelinas que además de resultar cadenciosas, sirvieron para recortar el viaje y centrar al toro; para poner punto final con una revolera, y dos recortes precisos a una mano.

Con la muleta en la mano zurda y la firmeza que siempre le ha caracterizado a, Arturo, plantó firmes los pies en los medios de la plaza, provocó con estridencia al reticente astado, hasta realizar un par de espaldinas que remató con la diestra, para volver aparecer otro pase por la espalda y dejar dos contundentes remates.

El sólido prólogo con el que el respetable había ya centrado su atención en el jalisciense -ya que Arturo nació y habitualmente vive en Teocaltiche- ahí, justo ahí había sido escenificado.

Luego de darle el respiro necesario al mansesco ejemplar, apareció una primera serie con la mano diestra templada, rítmica, suave, mimando al astado y evitando atosigarlo, manteniendo siempre firmes los pies en la arena. Tras el remate, además de los ¡olés! de reconocimiento ya escuchados, apareció la batería de júbilo que celebró lo bien toreado.

Otra serie por el mismo lado -derecho- y así prosiguió el buen toreo del joven Saldívar, mando, temple, ritmo, clase y armonía, lo que enseñó que la faena iba in crescendo.

Con la tercera serie, la mano diestra continuó con la conducción, pero el toro comenzó hacer más evidente el descastamiento, así que después de cuatro pases hubo la necesidad imperiosa de conceder un espacio de descanso al bovino, y…

… al continuar, con un pase con la diestra, el toro paró justo frente a la geografía corpórea del toreo, quien aguantó a pesar de que los cuernos señalaban su pecho, acto seguido remató por la espalda y esto fue el absoluto alboroto.

El lado natural exigió pasar lista de presente, mientras el animal hacia notar lo reservón que era, Arturo, le fue llevando con suavidad y dejó naturales diáfanos, impecables y tersos.

Al consumar una dosantina y un circular, decidió repetir la fórmula, el toro le llevó por delante, porque encunó el pie derecho del torero; le tiró en la arena en donde recibió fuerte guantiza.

Esto no fue ningún impedimento para proseguir con el reto, y al grito de ¡torero!, continuó con las dosantinas y el circular, y así…

… así, mientras el toro rascaba la arena y salía con la cara alta, haciendo evidente que ya todo estaba consumado, Arturo dejó unas bernadinas ceñidísimas, que pasaron literalmente surcando sus muslos.

Vino la rúbrica y ahí, ahí el acero le ha fallado en el tino, quedando al final de su sentida obra de arte, el reconocimiento de la ovación en el tercio.

Tequila fue el quinto del festejo, otro ejemplar manso. Pareció en ese momento, no tendría movilidad. Anduvo desordenado barbeando las tablas, y ahí, de pronto aparecieron dos largas cambiadas de hinojos.

Para evitar que siguiera huyendo el bovino, Arturo, intentó una chicuelina con el fin de recortar su caminar… no fue suficiente, así que decidió recoger la embestida del astado para meterlo en vereda.

El debilucho ejemplar se estrelló en varas y ahí recibió una simulación de suerte de varas, era obvio, había que cuidar su invalidez.

Al hilo de las tablas dio inicio la faena el torero de Teocaltiche; el toro sumamente reticente resultaba interesante reto. Así comenzó, Arturo, a descifrar la encrucijada que tenia enfrente, y con base en suaves pases por abajo, comenzó el milagro de sacar agua a esa piedra de mansedumbre.

Suaves pases con la derecha dieron confianza al toro de La Estancia, y así, el señor Saldívar daba inicio a la sólida estructura de la fina arquitectura de su creación.

Sí, series breves, pero consistentes y contundentes.

Y, más series con la derecha en un palmo de terreno, en el tercio, siguieron en la escena, con sumo cuidado, pisando las cercanías del toro, lo que otorgaba el aguante del valor natural de este gran torero.

Por el lado natural, el toro intentó alcanzar el engaño, quiso puntear la muleta, pero Arturo se adelantó a esas mansescas intenciones, con el mando de su imperio, para dibujar naturales diáfanos.

Otra serie con la derecha, un bonito cambio de mano y el remate, para devolver a la zurda el mando y dejar una serie por naturales, como escribiera el inolvidable Maestro Pepe Alamedanaturales en lo sustantivo y en lo adjetivo.

Un festín de bien torear, obligando a acudir a un toro debilucho con la mágica paciencia lidiadora,

Arturo Saldívar, se había impuesto merced a su coraje, a su decisión, dejando escrita una interesante creación que en verdad tuvo la admiración y el reconocimiento del respetable.

Al final aparecieron las dosantinas con un toro que apenas y podía moverse, pero lo hizo Arturo. Dejó la espada en las tablas, para recrear el toreo al natural con ambas manos.

Y cuando el éxito estaba ahí, estuvo fatal con el acero, dejando un océano de descabellos.

No obstante, la importante, seria y trascendente obra de arte que escribió en sus dos apariciones en el redondel del mayor coso del mundo, ahí quedan como signo inequívoco de sus inobjetables argumentos.

Le queda el inaplazable reto de afinar la espada.

Ha participado también, Gerardo Adame, quien posee sólidas cualidades, las que se estrellaron con el muro infranqueable de la mansedumbre, del descastamiento de sus ejemplares, y a pesar de que él quiso, y mucho, sus astados no, simplemente no dieron facilidades.

Llegó desde Acho, Miguel Ángel Perera, y estuvo dubitativo, se le observó fastidiado; en fin, y si a esto le agregamos dos pésimos ejemplares, ha sido la peor actuación que se tenga de él.

Su primero que atacó al caballo levantándolo y enviándolo a la arena, tras este episodio se acabó literalmente y no hubo mucho que hacer. Con su segundo, tras un guantazo consecuencia de una vuelta de campana y un tercio de varas cumplidor, quedó vacío de todo.

Al final, renació la esperanza con, Arturo Saldívar, que si bien había estado extraviado en un letargo fuera de tiempo, ahí estaban durmiendo sus inobjetables cualidades, que despertaron merced a ese coraje que no debe perder y que lo llevarán a la cima del éxito.

Sólo tendrá que afinar esa espada para rubricar las luminosas aportaciones

¡Dígase la verdad… aunque sea motivo de escándalo!

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@PERIODISTAURINO 

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