En Sevilla… Emocionante despedida de El Cid

Sevilla. Sábado 28 de septiembre. Real Maestranza de Caballería. Segunda de la Feria de San Miguel. Se lidiaron toros de Victoriano del Río y Cortés. Bien presentados pero faltos de finales. Lleno aparente.

Enrique Ponce: Ovación con saludos y silencio.

Manuel Jesus El Cid, quien se despedía de esta plaza: Ovación con saludos tras petición y oreja.

Jose María Manzanares: Silencio y silencio.

Detalles:

Tras el paseíllo fue obligado a salir a saludar El Cid.

Saludó en banderillas Lipi.

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La expectación que causó el segundo cartel de esta nueva feria de San Miguel, se tradujo en un lleno aparente en los tendidos. El calor aumentó conforme los aficionados nos acercamos a la plaza a la vez que mascábamos las ganas de ver toros en el coso más bello del planeta. Una atronadora ovación al Cid, abrió emocionantemente la tarde de su despedida.

Mientras el de las pipas y los refrescos aún servía a los que sentados esperaban, el primero de Victoriano del Río saltó al ruedo mostrando un nulo celo en cada movimiento que hacía. Basto, alto y muy serio, resultó bien picado por José Palomares. En el sitio y en su justa medida. Al principio, manifestó poca fuerza, y a medida que los tercios se sucedían el animal despertaba. Sorprendentemente, se aplomó al instante. Ponce lo intentó, pero transmitió en escasos momentos. Silencio.

Templadísimo con el capote el hombre que se despedía en su tierra. Un puñado de verónicas meciendo una embestida muy enclasada por el pitón izquierdo abrió el segundo capítulo. La media y la larga quedarán para contarlo.

El temple natural que traía el animal en cada arrancada se manifestó en una primera serie soberbia con la mano izquierda de Manuel Jesús. Se desmonteró Lipi, y siguiendo el curso de la faena, El Cid andó por la plaza con la misma naturalidad que se da cuando se toma un café, pero cuando más queríamos, menos ofreció el animal.

Todo se diluyó por culpa de Galguito, que colaboró en cuanto pudo. Saludó una justificada ovación tras habérsele pedido la oreja. Palmas al toro en el arrastre.

Muy fino de cabos y de buenas hechuras a pesar de ser igual de alto que sus dos hermanos de camada ya lidiados fue el tercero. Embistió bien en la seda de un Manzanares que reaparecía tras su lesión en la mano. Salió suelto el oponente del alicantino del capote de Daniel Duarte.

El inicio por bajo fue el inicio de una faena profunda, con muletazos del gusto que lleva mostrando todo su gran verano. El toro salía algo desentendido en los últimos compases del trasteo, pero resultó un buen oponente. Manzanares tocó fuerte y llegó a emocionar en dos tremendos cambios de mano. Se atascó con la espada recibiendo y todo se quedó en un silencio que supo a poco.

Arrastraba las manos el burraco que hizo quinto a la vez que embestía con casta en el capote de Ponce. Abanto, recibió dos puyazos (uno en cada picador) que le hicieron sangrar en cantidad. Mientras el público protestaba la falta de fuerzas que manifestaba el toro, Ponce plegó la muleta para comenzar su faena.

Cogido con alfileres, nula transmisión tuvo. El silencio presidió la faena, plagada de muletazos sin emoción alguna. No cargó la suerte, ni en el ademán por arrimarse. Ante la pesadez surgieron unos pitos justos.

Una preciosidad fue el quinto. Colorado ojo de perdiz y con unas hechuras muy buenas. Cosas raras hizo en los primeros compases y apretó una barbaridad en banderillas. Lo pasó mal Curro Robles y El Cid en momentos puntuales de un trasteo que empezó con el bonito gesto de Tejera, que empezó a tocar en un arrebujado principio de faena. Los pases de pecho, recordaron aquellos tiempos en los que El Cid mandaba sobre todos.

Qué emoción supuró la Maestranza en el final de faena frente a los tendidos de sol. Lo mató de estocada trasera tras agradecerle a la banda su emotivo gesto. Oreja, a un torero que es y será historia de esta plaza. Tremenda la vuelta al ruedo, en la que se le saltaron las lágrimas.

Extraordinario en lámina el que cerró la tarde. Bajo, con una cara preciosa y con unas hechuras espectaculares. Manzanares lo templó de maravilla gracias al son tan bueno que traía el animal.

Le recetó tres verónicas de órdago, echándole los vuelos a la perfección. Suspirábamos en el tendido por que no se parase. Manzanares lo cogió con ganas, pero rápidamente mostró debilidad. Faltó fuerza. Al natural se gustó algo más, pero no tenía nada que hacer más.

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@ignaciotaurino

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