En Arles… Apoteósica despedida de Juan Bautista, a hombros con Enrique Ponce

Arles (Francia). Anfiteatro romano. Sábado 7 de septiembre. Primera de la Feria del Arroz. Corrida Goyesca. Para un mano a mano, se lidiaron toros de distintas ganaderías y encastes, salieron en este orden: Núñez del Cuvillo, Garcigrande, Adolfo Martín, La Quinta, Juan Pedro Domecq y Vegahermosa. De correcta presentación y de muy buen juego, siendo premiados de vuelta al ruedo en el arrastre el cuarto y quinto. El bravo sexto y excelente en todos los tercios, fue indultado. Lleno de “No hay billetes”.

Enrique Ponce, quien sustituyó a Andrés Roca Rey: Dos orejas, silencio tras aviso y dos orejas y rabo.

Juan Bautista, quien se retirada de los ruedos: Oreja tras aviso, dos orejas y dos orejas y rabo simbólicos.

Detalles:

La escenografía de esta edición fue un homenaje a Vincent Van Gogh cuya realización cayó en manos de la Fundación Van Gogh y se inspira del famoso cuadro “Les tournesols” (Los girasoles) -1888-, un tema que ha hecho de su estancia en Arles, el periodo más importante de su obra.

Tras el paseíllo Enrique Ponce y Juan Bautista recibieron una fuerte ovación que recogieron con saludos.

Al paso, se escuchó los himnos nacionales de España y Francia con el público de pie.

El cuarto de La Quinta, de nombre Secretario, herrado con el número 36, de 510 kilos, fue premiado con la vuelta al ruedo.

El quinto de Juan Pedro Domecq, de nombre Jaraíz, herrado con el número 87, de 500 kilos, fue premiado con la vuelta al ruedo.

El sexto de Vegahermosa, de nombre Ingenioso, herrado con el número 19, de 530 kilos, fue indultado.

Después del regreso al toril de indultado sexto, Juan Bautista, cortó la coleta de José María Tejero.

Cuando finalizo la apoteósica y memorable tarde, la mujer de Juan Bautista, Anne-Céline, con la orquesta Chicuelo II, cantó a su marido la canción “l’Hymne à l’amour” de Edith Piaf.

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Una tarde con gran aliciente la que nos presentó en Pascua, el arlesiano Juan Bautista, y tarde apoteósica resultó la corrida, un hecho soñado para quien se retira de los ruedos, que, sin dejar a duda, pasará a la historia. Fue una tarde en la que todo lo positivo estuvo presente, llena de arte, en la escenografía, la música, el toreo, toreo grande, toreo puro y la casta, la casta torera, la casta de este sexto de Vegahermosa que fue el colofón de la tarde para una figura del toreo –Juan Bautista– , que ya no volveremos a ver, pero que todo quedará plasmado en la mente.

Una tarde en la que tampoco se quedó atrás el maestro de Chivas, que dio lo mejor de su repertorio hasta lograr el corte de un rabo. Fue el compañero idóneo para sustituir a Andrés Roca Rey -lesionado- y esta apuesta, que ofreció el mismo Enrique Ponce, dejó intacto la categoría del cartel, colocándose desde semanas atrás el “No hay billetes”.

Enrique Ponce hizo sonar los primeros olés de la tarde, saludando al ejemplar de Nuñez del Cuvillo con un capoteo suave y sabroso. Un tercio de varas con dos entradas cumpliendo en el peto. Quitó Ponce por chicuelinas rematada con una larga cordobesa, entró en su turno Juan Bautista por chicuelinas y tafalleras. Brindo él de Chivas a su compañero de cartel. Inició su trasteo por doblones, el nativo de Chiva encontró inmediatamente el buen sitio aprovechando la gran nobleza de su oponente. Dejando tandas de soberbia elegancia y templadas. Por el pitón izquierdo, no resultó tan bueno y la intensidad bajó de tono. Remató su faena por el excelente pitón derecho dejando un trazo de gran intensidad gustándose. Mató de una estocada en lo alto de efecto fulminante que le sirvió para el corte de los dos apéndices.

El de Garcigrande que correspondió a Juan Bautista, entró en el peto en dos ocasiones sin penas ni glorias. El arlesiano inspirado dejó un toreo variado e inteligente aprovechando lo mejor de un animal que parecía poco favorable al triunfo. Sobre la base de la abnegación y la técnica, logró mejorar las embestidas de su astado, en una faena a más. En un trasteo bien estructurado y perfectamente dominado, Juan Bautista dejó una importante serie de derechazos, seguido de una tanda de luquecinas de gran calado. Remató su faena recortando los terrenos y mató a recibir, un primer pinchazo, sin lugar a duda le privó del doble trofeo. Corto su primera oreja.

El tercero con el hierro de Adolfo Martín, se quedó corto de salida en el capote de Enrique Ponce. Contra la cabalgadura, el bicho saltó al cuello del equino antes de recibir dos puyas, la segunda apretando, peleó el de Albaserrada en bravo. El maestro de Chivas lo colocó en suerte para una tercera que el público protestó y la colocación de la vara fue también protestada, salió el jinete bajo una división de opiniones. En la muleta, el Adolfo claramente acusó los castigos. Ponce dejo algunos muletazos aislados, en particular por el pitón derecho, pero su trasteo nunca tomó mayor vuelo, y por la falta de buena colocación, hizo que no conectara con el respetable. Mató de un pinchazo y una media estocada, tras un aviso, fue silenciado.

Juan bautista recibió al cuarto de La Quinta por delantales ajustadas, seguido por chicuelinas. En bravo se comportó en el primer tercio, tomó una primera puya de Alberto Sandoval y luego Juan Bautista hizo lucir el Santacolomeño colocando el caballo en el terreno opuesto a toriles y el toro a cierta distancia. Con alegría acudió y empujó en bravo. Ovación para el varilarguero. El diestro galo brindó a sus hijos presentes en barrera. En el último tercio, el toro resultó muy interesante con una gran exigencia., Juan Bautista gracias a su gran técnica y conocimiento de ese encaste realizó una faena llena de madurez, poder y variedad. Después de varias series poderosas sobre cada pitón, Juan Bautista tiró su ayuda y nos hizo entrar en otra dimensión, encadenó tandas por ambos pitones con pureza, harmonia y serenidad, impactando con fuerza sobre los tendidos ya conquistados. Remató con bernardinas en unos terrenos cortísimos haciendo volcar el anfiteatro a su total favor. Mató de un soberbio estoconazo a recibir y cortó las dos orejas. El toro fue premiado de una vuelta al ruedo en el arrastre.

El de Juan Pedro Domecq, en quinto lugar, tomó dos varas siendo poco de castigado. Con la tela roja de Enrique Ponce, el astado resultó noble a pesar de la falta de transmisión en sus arrancadas. En un registro clásico, el español desarrolló su tauromaquia tan fina y elegante, de alto nivel. Acompañado por sublimes acordes musicales, realizó las mejores tandas con la zurda en unos exquisitos naturales, los últimos, invertidos antes de dejar huellas con sus poncinas y agradecer los asistentes. Mató de una estocada entera rinconera de efecto fulminante. Logró las dos orejas y rabo, rabo que fue protestado por cierta parte del respetable. El palco otorgó el premio de la vuelta al ruedo en el arrastre.

Antes la salida del sexto se tributó una fuerte ovación a Juan Bautista, y llegó el toro de la despedida, “Ingenioso“, con el hierro de Vegahermosa, el diestro arlesiano lo recibió con una larga cambiada de rodillas y soberbios lances de capa. Se lució el toro contra el peto, dándole al toro la importancia que demostró. Se cambio los terrenos para colocarlo a considerable distancia del picador Puchano y cada vez más largo, acudió de largo con alegría y clase, metiendo los riñones. Fue evidente su condición de bravo en sus tres entradas. En el segundo tercio, Juan Bautista compartió los palitroques con José María Tejero y César Fernández. El diestro francés hizo rugir el anfiteatro colocando un par al violín de categoría. La terna se lució y fue ovacionada. Brindó el último oponente de su carrera a su añorado padre, el torero e impresario Luc Jalabert. Inició la faena de rodillas al hilo de las tablas poniéndole en apuros y siguió por molinetes y pases muy inspirado. El toro, encastado, pedía el carnet y embistió con mucha clase. Juan Bautista no perdió la oportunidad de firmar una actuación final de alto vuelo. Le dio distancia e importancia, el arlesiano dio un verdadero faenón, lleno de intensidad y emoción. Durante diez minutos de gozo, hizo que el respetable se alzara como un solo hombre, dibujando series por ambos pitones con mucho temple, relajo, torería y ritmo. La petición del indulto fue obligada frente a tanta emoción y tanta belleza. Cayeron lógicamente, después de esta faena soñada, las lágrimas a muchos aficionados. Bautista siguió gozando los últimos muletazos de su carrera de torero enroscándose y besando el lomo de su soñada despedida. Simulacro de muerte a recibir para dejar entrar en chiqueros el último toro de su vida torera. Dos orejas y rabo simbólicos. Vuelta al ruedo con el mayoral de Jandilla, Ángel Pérez Trinidad que Juan Bautista compartió con sus tres hijos.

Tras el festejo Juan Bautista cortó la coleta de su fiel banderillero José María Tejero, y llegó otro momento de gran emoción: Para clavar eternamente, en nuestra mente, lo sucedido, la esposa de Juan Bautista, Anne-Céline dió una interpretación del “Himno al amor” de Edith Piaf, que nos puso a todos la piel de gallina. Un momento de emoción fortisimo.

Fue un día en donde todo son maravillas y pasara mucho tiempo para poder vivir una tarde de toros similar.

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