En Tovar… Extraordinaria novillada de Campolargo a la que le faltó oficio y ambición

Plaza de Toros Coliseo El Llano de Tovar, Venezuela. Novillada de Feria. Jueves 5 de septiembre de 2019. Con poco menos de un cuarto de plaza (aproximadamente 800 personas) en tarde nublada y con molestas rafagas de viento, se lidiaron reses de Campolargo (Juan Campolargo) justicos de presencia, escurridos de carnes, el cual desarrollaron en su conjunto una nobleza, recorrido y bravura en la muleta a destacar, sobresaliendo los corridos en 5° y 6°, ovacionados en el arrastre.

Alejandro Barragán: Silencio y oreja.

Alejandro Arellano El Plata: Vuelta al ruedo y vuelta al ruedo tras aviso.

Cleiderman Mendez El Moro: Silencio tras aviso y oreja.

Detalles:

El festejo comenzó con un retraso de 15 min a la hora pautada.

Destacaron en la brega Gersón Guerrero, Ramon Contreras y Eduardo Graterol, y en las banderillas Francisco Chico Paredes y Genry Belandria Piedrita.

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Una novillada de lujo la que hemos tenido ocasión de apreciar este jueves 5 de Septiembre. De verdad que los pupilos de Campolargo han dejado el listón muy alto, a tenor de la regularidad que demostraron ante los engaños.

Una ocasión más que propicia para salir en volandas, consagrado o que se yo, en boca de todos los presentes que fuimos escasos, luciendo los tendidos mucho cemento, algo que intuíamos por el día y circunstancias que se viven por estos lares. Pero no nos aburrimos y más bien salimos de la plaza al final de la misma, con la ilusión renovada.

De todo el conjunto observado, lo más meritorio vino en las actuaciones de los jóvenes espadas Alejandro Barragán y Cleiderman Mendez, quienes tocaron pelo, no sin antes haberse encontrado con las embestidas de astados más que propicios para estar en estos momentos soñando el toreo.

La eficacia de la espada y en especial, la actitud en no dejarse ir de vacío ante tremendas ocasiones les hicieron “dar el paso” para alcanzar la nota destacada de la función.

Otro discurso fue el de Alejandro Arellano, quien contando con similar condición bovina no logró centrarse en lucir a plenitud las bondades de Don Burguillo, el cual literalmente estuvo muy por encima de sus aptitudes, lo que a la postre le dejó con la división de opiniones en el tendido, que incluso le pidieron también la oreja, pero no del mismo tenor de las antes señaladas. El palco se guardó la oreja a tenor de lo intermitente del trasteo.

Actuación de claros y oscuros como la de los tres actuantes la que dejaría en el que abrió plaza Barragán, quien no se encontraría a gusto ni tampoco lograría descifrar las virtudes y defectos de Siempre Listo, el cual en los medios siempre le exigió el mando y firmeza que por momentos le ofreció el coleta.

La faena se diluyó entre muletazos deslavazados en especial por el pitón derecho, para al final, tras poco más de tres cuartos de ración toricida y cinco descabellos ser silenciado.

Otra actitud se le vio ante Jaimito -segundo de su lote- un precioso castaño, al que saludaría en ajustado manojo de verónicas en el tercio.

Luego el medido castigo en varas de Don Alfredo Guimerá dejaría preparado la faena tras solvente tercio de banderillas del propio Barragán para desglozar una labor preñada de firmeza de plantas, mando en la embestida en especial por la zurda, y fundamentalmente la firmeza para estar al nivel de la boyante embestida del animal, en los medios de la plaza, tomando ribetes de lujo cuando por naturales cuajaría par de tandas de enorme mérito.

No lo pensó dos veces, asegurando la merecida y justa oreja, tras despenarlo de estocada entera y trasera y perpendicular. La ovación al novillo en el arrastre hizo justicia entre los entendidos presentes.

Otro de los triunfadores de la jornada fue El Moro Mendez. Igual que Barragán, pasaron de puntillas ante su primero del lote, tal vez presionados por el compromiso, pues se le vio nublado de ideas, agarrotados de brazos, reiterativo y poco solvente frente a un ejemplar que pedía firmeza y orden en lo realizado al noble utrero. Hasta seis veces tuvo que necesitar para despacharlo con el acero, siendo silenciado tras aviso.

Pero se redimió con Corozo un animal de gran embestida, de un pitón izquierdo de ensueño, como lo dejó ver en las series que se prodigó, llevándole largo, templado, rebozándose en el pase, con variedad  de pases en los inicios y cierres de tandas, para al final colocar a la plaza de acuerdo bajo unanimidad.

Bajaría intensidad por la diestra, entre intermitencias propias de no tomarle del todo el ritmo a la embestida de un ejemplar de alta nota para el ganadero.

El volapié con la que se fue tras la espada, ligeramente trasero y contrario, tras haberle pinchando en todo lo alto en primera instancias, para cortar la oreja que cerraba función, y por supuesto las palmas al novillo en el arrastre.

Una pena que las actuaciones de Alejandro Arellano se hayan difuminado ante el otro astado de triunfo cantado de la función, en muletazos superfluos y deslavazados, cuando lo que pedía Don Burguillo, era sujetarlo con series por la zurda de cinco o seis muletazos, y no tandas tan cortas, que dejaban con la miel en los labios a los presentes, lo que incluso hizo que el palco presidencial le enviara un recado presidencial cuando aun intentaba descubrir lo que ya todos los presentes habíamos visto en el ruedo.

Así sucedió con el que hizo segundo igualmente, pero esta vez por el pitón diestro, en ambos al final coronando trasteos con vueltas al ruedo, que saben a poco para lo que bien pudo ser, un triunfo de clamor.

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@rubenvillafraz  

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