En Almería… Ponce y Ginés Marín, duende y genio

Almería. Lunes 19 de agosto de 2019. Tres cuartos de plaza en tarde de calor sofocante. Feria de la Virgen del Mar. Tercera de abono. Corrida de toros de Núñez del Cuvillo (5º bis La Palmosilla) – correctos de presentación, de buen juego y con transmisión en líneas generales. Noble de poco juego el primero, bravo y con transmisión el segundo, noble el tercero, noble con transmisión el cuarto, colaborador el quinto y de buen juego el sexto.

Enrique Ponce: Ovación con saludos tras petición y dos orejas.

Ginés Marín – quien sustituyó a Andrés Roca Rey-: Dos orejas y dos orejas.

Antonio Catalán Toñete: Silencio y oreja.

Detalles:

Al finalizar el paseíllo, la terna fue obligada saludar una ovación desde el tercio.

Enrique a Ponce, abandonó el coso de la Avenida de Vilches tras lidiar al cuarto para emprender viaje a Bilbao.

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A mediodía Ginés Marín con un rostro que denotaba cansancio tras un largo viaje desde la ciudad francesa de Dax, recogía de manos del Alcalde, Ramón Fernández-Pacheco el capote que le acreditaba como triunfador de la pasada temporada en la feria de Almería.

Al filo de las diez de la noche, su salida a hombros (Ponce se marchó tras lidiar al cuarto), contrarrestaba con la afición almeriense que quiso despedir a su héroe en la puerta grande del coso de la Avenida de Vilches.

No era para menos. Con todo y con eso, la plaza no registró una gran entrada para un cartel de campanillas y eso que la corrida de Cuvillo dio muchas opciones y al menos cinco toros – encomiable el segundo -, tuvieron un tranco excepcional en la muleta.

Y es que por estos lares, el tercio de varas es prácticamente inexistente y los continuos gritos y desvaríos para que los picadores no hagan su trabajo, es algo habitual. ¡Qué cosas!

Enrique Ponce, volvió a emerger su técnica y maestría como tantas y tantas tardes. Es algo insultante lo de Ponce al que en ocasiones, al que deberían indultar es a él. Su comparecencia de rigor en Almería no tuvo el brillo de otras ocasiones, pero volvió a dejar patente que su recuperación milagrosa tras esa “rodilla catastrófica” del mes de marzo, ha sido un auténtico prodigio de técnica.

Cómo técnica fue lo que imprimió a su lote de Cuvillos, al que cuidó, mandó y se erigió en un segundo plano el toro, para enaltecerse el Ponce de las grandes tardes. El inválido que abrió plaza tenía la faena medida y justa. A la mayoría del escalafón se le habría ido… menos a Ponce, que se inventó una faena de las que ya nos tiene acostumbrados. La estocada produjo derrame, y aunque afloraron los pañuelos tuvo que conformarse con una ovación.

No quiso irse de vacío el valenciano del coso almeriense, tras anunciar la megafonía que tras la lidia del cuarto emprendía viaje a Bilbao donde mañana realiza su  enésimo paseíllo. Torero de época. Desorejó al cuarto, otro noble toro de Cuvillo al que metió en la tizona, como sólo él sabe. Conjugó el oficio y la técnica “made in Ponce” con una puesta en escena brutal. Cambios de mano, naturales, derechazos genuflexos y… ¡hasta la poncina!.

La plaza fue un clamor, y aunque su cabeza pareció estar en Bilbao, Ponce no se arrugó cerrando con un portentoso volapié y paseando las dos orejas, aunque con una hubiera sido más que suficiente.

Ginés Marín, actual triunfador de la feria del pasado año… ¡no estaba ni en los carteles!. El hueco de Roca Rey, propició que el extremeño volviera a dejar el pabellón alto, y va camino de revalidar el premio al triunfador de la feria. Su tarde fue una auténtica catarsis de buen toreo. Revolucionó al personal en el segundo, tras una faena vibrante que brindó a Ponce.

Cuajó a un gran toro de Cuvillo, y estuvo cómo si de un novillero se tratase. Variado de capa, se prodigó en quites, y con la muleta gozó sobre la diestra entre pasajes imposibles. Abrochó de hinojos y la estocada hasta la bola le otorgó el doble trofeo. Sin paliativos. Inconmensurable e inigualable, adjetivos que ponen en órbita el corazón de un joven torero de muchas páginas aún por escribir.

Cortó otras dos del quinto bis de La Palmosilla (la segunda sobraba) tras otra labor entonada, en la que no hubola brillantez anterior. El toro colaboró, en una labor sobre ambas manos y aunque hubo algún que otro desajuste… mató de forma notable, y la lluvia de pañuelos hicieron el resto.

Toñete, quien está preso de su ansiedad por querer demostrar algo, aunque no tenga necesidad alguna de jugarse la piel en el ruedo; no pudo concretar algo de relevancia en su presentación por tierras almerienses. Se le notó que aún le falta oficio, tener mejor técnica y mejorar sus facultades consecuencia de la falta mayor rodaje. Se llevó pues, el mejor lote de la buena corrida de Cuvillo.

Con el tercero que no se comió a nadie, fue una concatenación de pases a los que les faltó contenido, concebidos a media altura frente a un toro que humillaba, en mitad de un torrente de embestidas. Brindó a Enrique Ponce antes de dejar un desafortunado bajonazo.

En el sexto, estuvo algo más metido en la faena componiendo la figura, y en algunos momentos se le intuyó con cierta soltura con un toreo perfilero y denostado. Lo cazó a la primera, y cortó una oreja que le lleve a la reflexión y no le equivoque.

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@alb_bautista

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