Desde la barrera de Antonio De Carlo… Formación ética y filosófica sustentada en la verdad

Jamás existirá mejor argumento que la honestidad, de ahí la importancia de una formación ética y filosófica sustentada en la verdad

Tuve la fortuna de coincidir en una gratísima velada, con nuestra querida y admirada primera actriz mexicana Diana Bracho y con su pareja, el reconocido intelectual, ceramista, escultor y pintor zacatecano Juan Manuel de la Rosa con quien no tenía el gusto de haber tratado antes.

En la mesa, estuvo también el historiador Gabriel Rivera Delgado quien por cierto, desde hace años ha venido trabajando en el rescate histórico del nombre y memoria del licenciado Enrique Bordes Mangel un revolucionario que murió en la ignominia total sin laureles, ese que tuvo que huir de México para no ser asesinado y fue cercano a Francisco I. Madero, co-redactor intelectual del Plan de San Luis y además abuelo de Diana Bracho.

En nuestra charla, degustamos de una cena exquisita y de un excelente mezcal zacatecano, el cual hay que decirlo, es una receta familiar de Juan Manuel de la Rosa, hecho a base de una mezcla de hierbas exóticas como damiana de california, estafiate y hierba garañona.

Hablamos de historia y arte de aquel México de finales de los 1800’s e inicios de los 1900’s, cuando coincidiendo con el florecimiento de México surgió en la tauromaquia mexicana, un hombre charro con bigote poblado llamado Ponciano Díaz quien fue el primer mexicano que tomó la alternativa en Madrid el 17 de octubre de 1889 y luego en la época de la revolución aquel otro de nombre icónico, Rodolfo Gaona, quien atrapó y emocionó con su toreo además de taurinos de las plazas mexicanas, a miles más al otro lado del atlántico en España.

Valga señalar que el INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia de México) tiene documentado que, como dato curioso, Ponciano Díaz fue el primer mexicano que toreó en los Estados Unidos de Norteamérica. Esto fue en unas corridas simuladas celebradas en 1885 en Nueva Orleans, cautivando con su presencia a los asistentes que abarrotaron las corridas.

-Cuanta verdad honesta había en su toreo- nos compartió mientras degustaba su mezcal Juan Manuel de la Rosa –sin mentiras ni condiciones predispuestas para triunfar, jugándose la vida en serio, una época donde cualquier cornada podía ser mortal-.

Algo muy cierto respetable lector, valga recordar que no existían los antibióticos de la actualidad, ni la anestesia y mucho menos las atenciones y técnicas médicas avanzadas de hoy en día.

Eran esos años donde la formación ética y moral estaba por encima de todo, y ¿cómo no estarlo? si en aquel entonces los hombres (sin denostar a los actuales) tenían palabra y su palabra valía. De hecho, el no tener palabra podría costarle la vida a cualquiera.

De ahí entre muchas cosas más, la vergüenza torera de aquellos tiempos, donde en particular en los tendidos de muchas plazas mexicanas, era común ver a hombres vestidos de charros con su pistola bien puesta -por aquello de que alguno buscará bola y le quisiera tratar de hablador-

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– Francisco Arjona Herrera, Curro Cúchares (1818-1868) fue el primer torero en buscar una forma estética a través del toreo con la muleta.

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Tiempos con aromas a solera y ebullición artística a raudales, donde tantas y tan diversas disciplinas lograron converger alrededor de la tauromaquia. Ya bien lo apuntó Salvador de Madariaga –la fiesta participa de muchas manifestaciones artísticas. Es un drama en constante peligro, una pintura de belleza sin igual, con luces y colores, obra de arte escultórico y con elementos propios del ballet-.

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– Esos tiempos cuando la palabra de un hombre valía. Joselito y Juan Belmonte dentro del ruedo fueron rivales, pero fuera de la plaza les unía una gran amistad.

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Cuando un taurino llega a comprender y respetar la verdad ética y moral como pilar fundamental de la tauromaquia, entonces ésta se vive muy diferente y de facto, desaparece esa venda virtual para permitirle ver y sentir de forma capaz consciente, el por qué el toreo de un solemne apasionado llamado José Tomás, un Roca Rey y otros a través de la historia como Juan Belmonte, Joselito El Gallo, Manolete y Silverio Pérez entre muchos más, son y han sido de otra dimensión.

Ésta formación ética y filosófica sustentada en la verdad, es un vivo ejemplo de una realidad innegable, que se resume justo en aquella frase icónica que Cúchares le compartió al actor Julián Romea, -Aquí en los toros, se muere de verdad y no de mentirijillas como en el teatro-.

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@1AntonioDeCarlo

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