En Sevilla… La gran dimensión de Rafael González abre la puerta grande

Sevilla. Jueves 27 de Junio. Real Maestranza de Caballería. Sexta novillada de abono. Se lidiaron novillos de José Cruz: Bien presentados salvo el 2º, que a la postre fue el mejor del encierro. Desfondados y desrazados.

García Navarrete: Silencio y silencio tras aviso.

Rafael González: Oreja y oreja.

Marcos: Silencio y silencio tras aviso.

Detalles:

Buenos pares de banderillas de Miguel Martín y Fernando Sánchez.

Parte médico de Marcos: ‘Herida por asta de toro en el pliegue del glúteo izquierdo, con dos trayectorias de 3 y 7 centímetros, operado bajo anestesia local’. Pronóstico ‘menos grave’.

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Se cerraba el capítulo maestrante de novilladas con picadores en una noche típicamente de nuestra ciudad; calurosa y hasta algo incómoda para sentarse en los tendidos de la plaza de toros de Sevilla. José Cruz lidió un conjunto desfondado y desrazado que se defendió, salvo el buen segundo.

En el primer capítulo, Daniel García Navarrete tuvo en sus trastos un novillo que no llegó entero a la muleta. Cabeceaba intentándose quitar de encima la franela del joven nobel y no hubo opción de triunfo alguna con semejante material. El utrero era fino en hechuras y antes, Rafaél González ya dejó claro quién era y qué quería llevarse esta noche de la Maestranza con un vistoso quite por chicuelinas.

El cuarto fue como el primero en presentación. Bonito, bien hecho y con sus kilos bien repartidos. En el caballo se le proporcionó un excesivo castigo, sufriéndolo el animal y percibiéndolo el aficionado en su correspondiente lidia muletera. Navarrete templó las embestidas con el capote en su saludo, mientras que Rafael González mostraba sus ganas de más en un templado quite rematado con una brionesa. Como he manifestado un par de lineas más arriba, Chucero se dolió del tercio medidor de la bravura pero aun así, fue agradecido cuando Daniel le supo hacer las cosas bien. Por arriba no quería absolutamente nada y cuando se le bajaba la mano, el animal cambiaba radicalmente terminando el muletazo humillado. El novillero le extrajo naturales y derechazos sueltos de bella factura, pero nada más. Escuchó un aviso y fue silenciado.

El segundo fue un despropósito en presentación. Sin ningún cuajo ni cuartos traseros, largo, alto y con una cara muy lavada y discreta. No era utrero de plaza de primera. Con él comenzó el recital de asentamiento que dio el triunfador de la noche. Rafaél González le dio la bienvenida con un caluroso saludo a la verónica en el que supo salirse a los medios con él haciendo que el animal desarrollase una buena clase y un buen son mantenido en todo su quehacer. Con la muleta, el novillero con dos pases cambiados por la espalda (el segundo ajustadísimo) y una serie al natural arrodillado, hizo sonar la música celestial siempre querida interpretada por Tejera. La distancia que le dio en la primera serie, le faltó como cómputo global en el desarrollo posterior a dichos muletazos. El utrero seguía manifestando esa humillación antes mostrada en dos series profundas y bien ligadas por abajo de González. A partir de ahí, todo bajó un punto de intensidad, cerrando con unas bernardinas una buena labor rematada con una estocada entera. Oreja algo barata y ovación al utrero en el arrastre.

El quinto fue toda una lámina. Fuerte y musculado y con la cara cerrándola hacia arriba mostrando las palas de los pitones. Rafaél González se estiró magníficamente a la verónica, enjaretándole una docena de esas templadísimas y con la suerte cargada rematadas con un par de medias en los medios. El utrero mostraba un son y una clase excepcional además de la humllación y el tranco de más que acompañaban cada embestida. Bien picado y tras un eficaz tercio de banderillas, se rajó contra todo pronóstico y cuando creíamos que las ilusiones iban a irse por el sumidero de la mansedumbre, Rafaél le dejó la muleta en la cara y extrajo todo lo que tuvo su segundo. Hubo una veintena de derechazos y un puñado de naturales extraordinarios, con la mano muy baja y dejándole la muleta levantada levemente al final para engarzar con el de pecho. Emocionante labor la ejecutada por el joven que cortaría una oreja tras otra estocada entera y esta sí, muy merecida. Encomiable la actitud de este novillero, que a mi juicio está sobrado para tomar la alternativa.

El tercero calló en las frías manos de Marcos. No conectó con el respetable en ningún momento, haciendo que aquello no tomase los vuelos de la emoción y la transmisión. Saludó a su oponente con una larga y varias verónicas de rodillas pero en la que hizo cuarta, el utrero se quedó corto y arrolló empalándolo por el gemelo y dándole un puntazo en el glúteo. No se miró el novillero y tras un buen tercio de banderillas de Miguel Martín y Fernando Sánchez, dio comienzo de rodillas de nuevo, su trasteo muletero. La insistencia fue en vano pues el novillo se agarró al piso y tampoco permitió lucimiento. Fue silenciado.

Cuando Navarrete intentaba acoplarse a las embestidas del sexto, Marcos acabó saliendo de la enfermería recién operado y sin escuchar las opiniones de los médicos que le habían curado el puntazo. Su actuación a un novillo grande pero proporcionado fue escasa en transmisión y emoción o más bien nula. Fueron muchos pases y pocos muletazos los dados por el joven, que acabó aburriendo a muchos por desgracia. Silencio tras aviso para cerrar la noche.

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@ignaciotaurino

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