En Sevilla… Odiosas comparaciones

Sevilla. Sábado 11 de mayo 2019. Real Maestranza de Caballería. Decimotercer de abono. Se lidiaron dos toros de Fuente Ymbro, bien presentados y astifinos, cumplidores en los caballos y nobles; huidizo el primero, soso el segundo, inválido el cuarto, y encastados tercero, quinto y sexto. Tres cuartos de entrada.

Antonio Ferrera: Ovación y silencio.

David Fandila El Fandi: Ovación y oreja.

Alberto López Simón: Vuelta al ruedo tras petición y aviso y ovación tras aviso.

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  • El Fandi cortó una oreja a una encastada corrida de Fuente Ymbro

Debiera existir una norma que permitiera suspender de inmediato la feria en caso de que se produzca una histórica excepcionalidad artística, como la sucedida en la tarde del 10 de mayo de 2019 en la Maestranza de Sevilla, y que figura ya en los anales de la historia.

Se evitarían así odiosas comparaciones como las acaecidas ayer con Antonio Ferrera, El Fandi y López Simón, que acudieron, lógicamente, en inferioridad de condiciones.

¿Con qué espíritu vienen los tres a la plaza a sabiendas de que los tendidos siguen pensando y regodeándose en el arte que desparramó Pablo Aguado? ¿Qué tienen que hacer los tres, no ya para borrar lo vivido —sueño imposible—, sino para reclamar la atención de quienes ya han gozado de la felicidad completa?

Todos los toreros son necesarios, faltaría más; en la diversidad también reside la grandeza de esta fiesta, pero era inevitable que las llamaradas de emoción esparcidas la tarde del viernes siguieran revoloteando por los tendidos.

Dicho lo cual, un rapapolvo merece algún coletudo por no estar a la altura de la calidad de los toros que le tocaron en suerte. López Simón, por ejemplo, es uno de ellos. Su lote fue de puerta grande, encastados los dos y de calidad excelsa en la muleta. Y en ambos estuvo correcto; es decir, superficial, hueco, acelerado, sin atisbo de hondura ni relajación. Trazó naturales largos en el primero y unos airosos ayudados por bajo finales, pero en la plaza quedó el convencimiento de que era toro de triunfo importante. Y de calidad suprema fue el sexto, al que toreó con excesiva celeridad, y su labor —que no la de su oponente— pasó desapercibida; tanto es así que la petición de oreja fue tan liviana como su concepción torera.

Extraordinario el tercio de banderillas que protagonizó El Fandi ante el soso segundo, sin concesiones a la galería, asomándose al balcón en los dos primeros y al violín el tercero. Volvió a lucirse con los garapullos en el quinto, otro toro de categoría, que repitió con codicia en la muleta. Sonó la música desde el primer instante cuando el torero, de rodillas en los medios, hilvanó dos circulares completos que sorprendieron a los tendidos. El Fandi estuvo después mejor de lo que es habitual en él, pero peor de lo que el toro merecía y paseó una oreja tras una media estocada fulminante.

Y Ferrera tuvo detalles de añeja torería con capote y muleta. Asentado y firme ante el deslucido que abrió plaza, dibujó redondos de bella factura sin la ayuda del estoque simulado si bien deslució su gesto al coger el estaquillador por el extremo en lugar de por el centro, y no pudo más que abreviar ante el inválido cuarto.

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  • Antonio Lorca, prestigioso crítico taurino del influyente diario español El País

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