En Sevilla… Manzanares al rescate

Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Corrida del Domingo de Resurrección. Lleno de “No hay billetes”. Toros de Victoriano del Río: Serios y enclasados en conjunto, pero sin llegar a romper en su totalidad. A destacar el quinto por su movilidad y regularidad en la embestida.

Julián López El Juli: Ovación con saludos y silencio.

Jose María Manzanares: Silencio y oreja.

Andrés Roca Rey: Silencio y palmas.

Detalles:

Saludaron en banderillas en el segundo Daniel Duarte y Luis Blázquez.

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Son muchos los años y los festejos que se han desarrollado en este fabuloso día, pero por más que pasan, siguen recordándome a aquel torero que de joven se crió en Gambogaz y que revolucionó a esta maravillosa ciudad. Pongámonos que hablo de Romero… 

Como viene siendo costumbre y tradición, cuando nos disponemos a hablar de toros en el Domingo de Resurrección, indudablemente hay que hacerlo de Sevilla y la cita más conocida e importante de dicha jornada en todo el orbe taurino.

Son muchos los años y los festejos que se han desarrollado en este fabuloso día, pero por más que pasan, siguen recordándome a aquel torero que de joven se crió en Gambogaz y que revolucionó a esta maravillosa ciudad. Pongámonos que hablo de Romero…

… centrándonos en lo que de verdad nos incumbe, la empresa Pagés confeccionó un cartel de máximo interés para el aficionado de la Maestranza. Julián López El Juli, Jose María Manzanares y Andrés Roca Rey con toros de Victoriano del Río.

Entre el olor a puro, a clavel y a albero junto a la sensación de nostalgia cofrade que nos dejaba la misma jornada a todos los hispalenses, la corrida que vino embarcada desde Guadalix de la Sierra nunca rompió hacia adelante, encerrándose la tarde en términos sobrios e incluso soporíferos. Sólo el quinto y el primero, se emplearon en las telas de los diestros.

El Juli sorteó un primer animal bello, arrogante, de buenas hechuras y serio, muy serio siendo aplaudido de salida. El diestro madrileño le dio la bienvenida enjaretándole un buen puñado de verónicas de mano baja y compás abierto rematadas con una sabrosa media.

En el penco, el toro empujó y para juicio de toda la plaza, se le proporcionó un castigo severo que hasta el matador apreció. Julián anduvo más vertical, torero y sentido que otras veces durante toda la faena, dejando que el enclasado animal se deslizara por su franela creando una matavillosa conjunción.

Tres naturales fueron de cartel, pero el burel acusó el castigo en varas y se acabó con demasiada prontitud. De estocada entera y descabello, acabó con su oponente el espada de San Blas. Ovación.

El segundo oponente de Juli, poseía un pitón derecho que apuntaba al cielo, pero que era lo único destacable que tenía. Se paró y no tuvo mayor calado ni interés la faena del maestro.  La tarde seguía sumida en el descontento y el sopor.

El segundo animal fue más bajo, pero igual de serio aunque más apretado de carnes y cerraba la cara. Jose María Manzanares brilló a la verónica. Lances asentados en el piso baratillero con mucho arte y sabor que volvieron a encandilar a la afición con un animal que demostró clase.

En el jaco, el toro mostró una mansedumbre que desarrollaría en grandes cantidades en la muleta del alicantino. Un quite por chicuelinas rematado con una media bastaron para afirmar que Manzanares iba enserio.

Roca Rey, en su derecho de hacer su quite, lo hizo por el mismo palo pero de forma más ajustadas. En el último tercio, con la mansedumbre por las nubes, el matador intentó fijarlo en el engaño banjándole mucho la mano y terminándo los derechazos abajo pero claro y a la vista estuvo, que lo que es verde, es verde y nada más. Manso de libro que acabó siendo arrastrado desde toriles.

Y sí, otra vez Manzanares salvó la tarde como en la pasada feria con una pésima corrida de Juan Pedro Domecq. Le tocó en suerte un quinto que salió parado e incluso fue protestado viendo su frialdad. Tras un mínimo tercio de varas, el animal se animó en la muleta del alicantino. Series en redondo que conectaron con el respetable hicieron que la faena tomara tintes de triunfo.

El animal, siempre mantuvo un mismo ritmo en la embestida, yendo y viniendo con un buen son. Los derechazos transmitían al público la elegancia que les proporcionaba Jose María Manzanares que junto a los pases de pecho, cambios de manos y molinetes, construyó una obra que firmaría de un soberbio encuentro a recibir. El delirio fue instantáneo y la oreja, rotunda. Aplaudido el animal en el arrastre.

Tras el silencio a Manzanares, le tocaba a Roca Rey. Con la misma clase o incluso más que sus dos compañeros pero menos toro, el peruano lo dejó crudo tras dos insultantes picotazos que hicieron que el público pitara pidiendo que se ejecutase bien la suerte de varas. Aún así, el joven lidiador no supo acoplarse a un animal incierto, que se paraba en la inercia del tercer muletazo. Silencio tras aviso.

El sexto fue el más serio y descarado del encierro. Con él, tras otro pésimo tercio de varas y quite ajustado por chicuelinas, Andrés Roca Rey se dio un arrimón de órdago, de pasarlo verdaderamente mal en el tendido.

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– Andrés, se dió un arrimón de órdago

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Tan cerca se lo pasó, que me agarré al que tenía a mi lado por puro reflejo. Tuvo sus detractores, pero su valor fue innegable y le gustó a un gran porcentaje de aficionados. Todo se quedó en palmas.

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@ignaciotaurino

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