En Monterrey… El juez regaló indulto a un astado con el que Gerardo Adame estuvo superior

La noche de este viernes 1 de Marzo en punto de las 20:30 horas, se tocaron parches y metales en la Monumental Monterrey, ante más de un tercio de entrada. Se lidiaron dos novillos y cuatro toros de la ganadería Los Encinos y dos de la ganadería Santa Barbara justos de presencia y de ninguno se puede destacar nada, ya que en general fueron astados faltos de casta y bravura. Indebidamente se indultó el séptimo de nombre Pico Chulo de Santa Barbara, un manso con movilidad, siendo único mérito del torero que supo conducirlo con torería.

Guillermo Hermoso de Mendoza:  Oreja y dos orejas protestadas.

Enrique Ponce: Palmas y dos orejas protestadas.

Gerardo Adame: Oreja y vuelta tras ordenarse el indulto de su astado.

Luis David Adame: Silencio y oreja.

Detalles:

La empresa Espectáculos Taurinos de Mexico le entregó reconocimiento a Enrique Ponce, por que lidió su astado número 5 mil.

En un indulto, el que triunfa es el ganadero no el torero; y en el que ocurrió esta noche aquí en Monterrey, una auténtica pena, porque fue, Gerardo Adame, quien construyó una faena impecable, sacando agua a la mansedumbre del bovino, y al no imponer la espada, se privó de cortar por lo menos dos orejas.

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Una vez mas la afición de Monterrey, confirmó que no esta de acuerdo con las corridas en viernes y prueba de esto fue que hubo menos asistentes que la realizada el día 17 de febrero.

Abrió plaza el joven rejoneador Guillermo Hermoso quien con el primero de su lote mostró que cuenta con una muy buena escuela de rejoneo como sin lugar a dudas es la de su padre. Demostró que es un muchacho con un futuro dentro del mundo del rejoneo, así como se pudo ver que con el apoderamiento de su papá y con su propio juicio supo entender al novillo y a sus caballos para poder dejar que el astado se le aproximara a distancias muy cortas a la grupa de sus caballos llevándose al novillo toreando por todo el redondel.

Continuó con las banderillas y adornó esta suerte toreando al toro con los cuartos traseros de su caballo, para después de llevarlo por un largo recorrido por la circunferencia realizó un recorte por tablas e hizo que el público se emocionara.

Antes de ponerle punto final a su faena decidió poner banderillas cortas y una flor que cayo a la arena, por lo que fue mejor ir por el rejón de muerte dejándolo en el primer intento ligeramente trasero lo que muchos no percibieron, por lo que los asistentes hicieron petición y, como el juez eso lo gusta hacer, sacar sus pañuelitos, se le otorgó la primera oreja de la noche.

Con el quinto de la noche, un novillo que a diferencia de su hermano salió con más atención en los caballos del rejoneador, sin embargo las gente presente no estaba del todo con el joven caballero en plaza, por lo que inteligentemente el jovencito comenzó la interacción con los asistentes, lo que habitualmente se llama «vender la suerte a las graderías».

Con las banderillas por momentos causó momentos de nerviosismo debido a lo cerca que pasaba los caballos de la cara del burel, aun así supo estar al gusto de la gente y consiguió que esta estuviera muy al pendiente de lo que hacía en el redondel.

Cuando estaba a punto de terminar su faena, decidió colocar tres pares de banderillas a dos manos, demostrando una vez más la gran escuela que tiene y que podría llegar a ser algún día, alguien importante dentro del mundo del rejoneo. 

Se aproximó a tablas por el rejón de muerte, el cual dejó en mal sitio, delantero y caído, aun así nuestro respetable señor juez, después de la petición decide darle la primera oreja, pero al seguir cierta petición, ya con pañuelo en mano, a partir de la primera oreja concedida, saca el otro pañuelín y suelta la segunda, que como fue obvio resultó protestada por un gran sector del público.

El torero valenciano, Enrique Ponce, no pudo realizar mucho al primero de su lote, un bovino manso, sin casta ni bravura, al que saludó con verónicas que muy poco dijeron, adornándose con una media ceñida.

Decidió dar inicio con la muleta pegado a tablas, para continuar extendiendo una de sus piernas para poder otorgarle más trayectoria al debilucho caminar del bovino, sin embargo, este pronto se vendría abajo y buscaría irse a refugiar su mansedumbre en tablas. 

Para terminar con el tercer tercio Ponce dejó un estoque delantero y tendido, se escucharon algunas palmas de sus seguidores.

Con el último de su lote, un toro que desde el inicio mostró igualmente mansedumbre, buscaba las tablas para refugiar y emprender su huida, sin éxito alguno. El torero lo recibió con verónicas que intentaron tener dimensión, pero que al final no la tuvieron debido al poco trayecto del bovino.

Ponce, supo entenderlo a la perfección y le tapo la cara con el trapo con el fin de que no huyera el bovino, lo que la gente no notó, pero sí le corearon el ¡olé!, porque hizo una faena correcta, basada en la estética.

Desafortunadamente no tuvo suerte con la espada ya que la dejó delantera y caída, cierto sector de la plaza decidió regalarle la primera oreja, pero el orejófilo del señor juez, decidió regalar la segunda, que como era de esperarse fue protestada por gran parte del público que se dio cita.

El tercero de la noche salió al ruedo y correspondió a, Gerardo Adame, y quien hubiera pensado que sería un astado que le dejaría lucirse, no porque fuera bueno, por el contrario fue manso y descastado, sino por la entrega del torero.

No obstante, el astado en el tercio de banderillas se vino abajo, ya que con el trapo rojo este solamente se le quedaba corto por ambas manos, aun así Gerardo no se dio por vencido y antes de terminar su faena decidió adornarse por pases el rodillas en tierra. Después de todo lo realizado se perfiló para matar y dejó el acero en buen sitio por lo que la gente le otorgó merecida oreja.

Con el segundo de su lote, un toro que definitivamente no fue ni bravo ni encastado, Gerardosupo tapar a la perfección los defectos del manso. Con el capote lo saluda con verónicas jugando las manos, para continuar por chicuelinas para recortar la huida del astado, las que además resultaron ajustadas al cuerpo del torero, para finalmente adornándose con una revolera.

Inició su faena muleteril con las rodillas en la arena, para incorporarse en el tercer pase y rematar con el de pecho. Llegó la inspiración al joven Gerardo, por lo que pidió tocara la banda de música Pelea de gallos, ahí fue el preciso momento cuando la gente perdió la directriz, suponiendo en medio de la euforia sin control que el bovino era bueno, cuando en la realidad el torero hidrocálido estaba tapando los defectos mansescos del astado, construyendo una faena de mucho mérito.

Cuando Adame fue por el estoque, la gente en un grito unánime le pidió que no lo matara, pero el señor juez le pide en dos ocasiones que siga toreando y no es hasta la tercera ocasión que se perfiló a matar Gerardo, momento en el que el honorable juez decidió regalar inmerecido indulto.

Y todo ese gran triunfo que pudo tener, Gerardo Adame, se diluyó, se esfumó, porque no lució los máximos trofeos, que había hecho mucho para conseguirlos, y le regaló su triunfo al ganadero.

Luis David Adame, un torero que en múltiples ocasiones ha demostrado de que esta hecho y de que tiene muchas ganas de ser una figura del toreo, en esta ocasión sus bovinos no le permitieron lucirse.

Al primero de su lote lo recibió por verónicas suaves y largas para adornarse con dos medias muy ceñidas al cuerpo. En el último tercio, tras su inicio, desafortunadamente el astado de inmediato se vino para abajo, porque comenzó a quedarse corto y salir con la cara en alto después de cada pase, lo que se conoce manso y deslucido. Decidió tomar el acero, quedando la espada ligeramente delantera.

Con el cierra plaza, un toro que pareció seria el que salvaría la noche, sólo confirmó que venia con el mismo descastamiento de sus hermanos. 

Con el capote no quiso hacer mucho más que lo indispensable. En el turno del trapo rojo, decidió iniciar a pies juntos rematando con el de pecho, posteriormente continuó con derechazos y naturales en donde obligó literalmente a pasar al toro, para que este no se le quedara corto.

Continuó su faena dibujando tres toreas series en redondo para rematar con el de pecho; series que por fortuna le salieron como quiso ya que nunca le quito la muleta de la cara al astado por lo que este continuó la trayectoria que David mandó y así lució. Para terminar hizo manoletinas sin ayudado.

Desgraciadamente no tuvo suerte con la espada, ya que la espada intentó dejarla a un tiempo, y lamentablemente quedó el estoque ligeramente delantero y caído, lo que provocó que no cayera el astado tan rápido a la arena. Los asistentes le reconocieron su labor de lo antes realizado.

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