En Manizales… Un gran torero llamado Román

Monumental Plaza de Toros de Manizales, tercera corrida del abono de La 64 Temporada Taurina de esta ciudad; con un aforo cercano a los tres cuartos de plaza, se lidiaron toros de la ganadería de Santa Bárbara, encaste Núñez – Domecq, correctos de hechuras, dispares en peso y comportamiento, destacando los dos primeros premiados con palmas en el arrastre.

Ramsés: Silencio y silencio tras aviso.

Román Collado: Palmas tras dos avisos y palmas.

Álvaro Lorenzo: Silencio tras aviso y palmas.

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La tarde de hoy miércoles 9 de Enero, en Manizales llevaba un toque especial, no sólo porque celebrábamos el natalicio de nuestra buena amiga e insigne dama, Diana Correa; sino porque al ruedo saltaban los toros de la ganadería de Santa Bárbara, producto del arduo trabajo y dedicación del Capitán Carlos Barbero.

Una joven casa ganadera que siendo coherente con su concepto de toro se ha ganado lugar en el corazón del aficionado.

En los corrales antes de realizar el sorteo, veíamos un encierro variopinto de capas, correcto de cara y hechuras, quizás algunos más entrados en carnes y arrebatados de caja, pero todos con ese empaque de toro bravo tan escaso por estos días en las plazas de nuestra América Taurina.

Pues bien, de su comportamiento valga decir que dos fueron premiados con palmas en el arrastre, uno devuelto por problemas de coordinación y tres de ellos pitados en su viaje al destazadero, peligrosos y con genio.

En el cartel, denominado de la juventud, se han podido ver tres conceptos particulares del toreo; la seriedad y parca expresión de un, no tan joven, Ramsés al que aún le falta conectar con los tendidos; las estiradas maneras de un Álvaro Lorenzo que al igual que Ginés Marín vinieron a Colombia estrictamente a cumplir, a hacer la América de la que de seguro les han hablado las figuras y a ejemplificar el típico Torero Light sin pasión ni entrega, solo la inexpresiva pasividad producto de  la indiferencia y el desencanto.

Empero allí estaba el ciclón valenciano, Román Collado, que ayer venía de compartir con niños y jóvenes en una tienta didáctica, demostrando que el torero también es humano y que la generosidad y la autenticidad son propias del artista; ese joven rubio, con actitud de rockero y una sonrisa de oreja a oreja que conquisto el corazón de Manizales y el respeto de sus alternantes, todo un ejemplo para los que se hacen llamar figuras, más preocupados en sus engañifas que en poner la verdad por delante y crear afición.

Si bien es cierto no toco pelo, en sus dos actuaciones a puesto toda la carne en el asador, arriesgándose y porfiando, lidiando mansos (no como los del Juli o el señor Ponce) sino mansos con genio a los que tenía que torear pegado a tablas y echándoselos encima; vino a sudar el traje y a demostrar que solo el ímpetu de la juventud puede salvar una fiesta que ha dejado de sorprender convirtiéndose en una milimétrica coreografía más cercana a la danza que a un rito heroico.

Ramsés Ruiz: Recibió correcto en el percal a Trotador (518 kilos) aprovechando la alegre embestida; con la muleta inició con cambiados por la espalda que transmitieron, extrayendo luego chispazos con la mano derecha, que se diluyeron a medida que toro y torero no compaginaron; con la tizona despacha tras pinchazo; silencio y palmas para el astado.

Su segundo Rabiosos (460 kilos) acusó problemas en su remo trasero izquierdo, tras aparatosa comparecencia en el caballo, se vino a menos parándose en la muleta. A falta de recurso el bogotano abrevió dejando media estocada, silencio tras aviso.

Román Collado: Ante el cinqueño Jinete (468 kilos) saludó de hinojos con el percal. Ya con la pañosa inició con ayudados por alto clavado a la arena. Sin embargo, la justa raza y genio del burel le obligaron a pegársele echándoselo literalmente encima, recibiendo voltereta sin consecuencias mayores. Actuación de aguante y sitio, que no pudo validar con la toledana. Palmas tras dos avisos.

Su segundo Corredor (460 kilos) pese a ser el más completo en lámina del encierro, tuvo que ser devuelto al acusar dificultades de coordinación. En su lugar salió Quita Sol -que nos recordó aquel célebre toro de San Mateo al que Rodolfo Gaona en 1924 le ligó el toreo en la Ciudad de México- (470 kilos).

Un retostado toro, arrebatado de caja y marcado en sus costillares por decenas de peleas en el campo. Fue discreto al caballo, y terminó rajado en tablas, y justo allí Román le ha cuajado unos de los pases más emotivos de la feria, lidiando un mansurrón, poniendo la casta que le sobraba al bicho y aprovechando las huidas del de Santa Bárbara. Toda una cátedra de toreo antiguo. Palmas al torero y pitos al astado en el arrastre.

Álvaro Lorenzo: Debutaba en Manizales, pero su actitud de Barbie Boy impidió toda conexión; ante Afanoso (480 kilos) cumplió sin entrega, dejando momentos con la mano diestra; si bien el toro no humillaba no hubo una muñeca con mando ni poder, en la suerte suprema tras pinchazo deja habilidosa estocada. Silencio.

Lo más destacado en su segundo Acogido (494 kilos) fue la voltereta que recibió, pues fue el único momento de real conexión con el respetable, más por solidaridad que por mérito. Incidente del que salió adolorido (muy al estilo de Neymar) y en medio de los quejidos se lanzó a matar dejando estocada. Palmas.

Mañana 10 de enero

Este 10 de enero, corrida de Juan Bernardo Caicedo para Antonio Ferrera, Sebastian Castella y el colombiano Luis Bolívar.

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@Manzanarestoro

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