Crónicas

En Cali… Triste novena de mansedumbre y descastamiento

Plaza de Toros de Cañaveralejo segundo festejo de La 61 Feria Taurina de Cali, correspondiente a una corrida de toros, se lidiaron bovinos de la ganadería del doctor Juan Bernardo Caicedo, encaste comercial Domecq, regulares de hechuras, mansurrones y rajados, hecho que llevó a todos los alternantes a regalar un toro.

Sebastian Castella: Palmas y oreja; en el de regalo palmas.

Luis Miguel Castrillón: Silencio y silencio; en el de regalo silencio.

Andrés Roca Rey: Palmas y palmas; en el de regalo palmas.

Detalles:

El festejo inicio con veinte minutos de retraso, debido al ingreso tardío de los aficionados; se lidiaron tres toros de regalo.

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Con más de tres cuartos de plaza se dio inicio a uno de los festejos más llamativos para los denominados Caza carteles de la presente Feria Taurina de Cali, debido a que reunía en un principio dos de las Figuras del Toreo el señor Ponce y el limeño Roca Rey; empero a escasos días de iniciar la feria, el torero de Chiva a través de su apoderado le daba certero espaldarazo a la feria apelando a una lesión que le imposibilitaba comparecer en Cali; desdén propio de uno de los antitaurinos más peligrosos de la fiesta.

Sin embargo, el cartel fue reconstruido en cabeza del torero de Bézier Sebastian Castella, que junto al joven paisa Luis Miguel Castrillón y el peruano Andrés Roca Rey, afrontaron la lidia de un encierro de Juan Bernardo Caicedo muy al tipo de Las fábricas de toros modernos que no son otra cosa que las ganaderías comerciales, toros con hechuras, pero sin casta, toros de lámina, pero sin bravura, nada más que el mismísimo toro de las figuras, representando por el Ferdinand de Disney; una pena que sea solo con estos toros que señores como Ponce o Roca Rey se vista de luces.

Fue tal el descastamiento de la tarde que antes de dar muerte al último bovino los tres alternantes decidieron regalar un toro; vergonzosa efeméride, que, si bien no es una situación inusual en los ruedos de la América folclórica y taurina si se consolida en una llamada de atención sobre la poca casta y el laxo criterio taurino de ganaderos, junta técnica y los mismos toreros; es de anotar que el encierro estaba reseñando para las figuras, y que los tres de regalo fueron el calco de la mansedumbre y descastamiento.

En fin, una tarde extensa y tediosa de nueve toros, nueve mansos de los que representan in extremis el toro moderno, el descafeinado, el deslactosado, el descastado; vergonzoso remedo de lo que es un toro de lidia, producto de los caprichos de las figuras, y la falta de criterio de los ganaderos y conocimiento de los aficionados; toda una novena, más no de aguinaldos, sino de meros petardos mansos y descastados; enhorabuena por las figuras que tarde a tarde siguen aburriendo al aficionado y desprestigiando la profesión.

Sebastian Castella, le hecho ganas a su primero Lusionario (520 kilos) prodigándose con buenas chicuelinas tras mini puyazo; en el segundo tercio Héctor Fabio Giraldo y Chiricuto se desmonteraron, gracias a dos buenas ejecuciones; sin embargo, la mansedumbre se hizo manifiesta en la muleta, con embestidas desclasadas y una marcada tendencia a rehuir el encuentro; terminando por rajarse; con los aceros deja estocada tendida y caída que despacha; palmas.

En su segundo Hermoso (490 kilos) tuvo que poner todo de sí, ante un animal muy en el tipo del encierro, manso, sin clase ni recorrido y rajado; la faena puntuó gracias a la conjunción entre la voluntad del torero, la efervescencia de la música y el espíritu festivo de los caleños; empero el epilogo de la faena fue un luchar contra la mansedumbre aculada en tablas; deja tres cuartos del acero y es premiado con un apéndice.

Por su parte el toro de regalo, coherente con el sino de la corrida, fue un ladrillo de mansedumbre aculado en tablas que no permitió hacer el toreo; deja regular estocada y tras varios intentos con el verduguillo despacha; pitos en el arrastre y saludo desde el tercio.

Luis Miguel Castrillón por su parte, mostro ante Jilgero (530 kilos) un concepto más reposado y maduro, producto de su evolución como artista, sin embargo, se estrelló con un animal anovillado, bizco del pitón derecho, (condición impropia en una plaza de primera), que se estrelló aparatosamente en los petos, dio juego en el segundo tercio; pero en la muleta no se prestó embistiendo por alto, punteando el engaño y a la defensiva; en suma un calco del toro comercial, exultante de mansedumbre y carente de clase; con la tizona se complica pinchando en repetidas ocasiones, despacha con el verduguillo. Silencio.

En su segundo turno ante Peluquero (506 kilos) se encontró con la suma de todos los males, un animal de feas hechuras, sin recorrido, fuerza ni transmisión; se le abona la voluntad al torero paisa que trato de agradar toreando con el percal y la pañosa de hinojos; sin embargo, la mansedumbre del astado no dio ninguna licencia, tras un pinchazo deja estocada certera; silencio y pitos para el astado.

Su toro de regalo Ansioso (510 kilos) salió de toriles totalmente escobillado, dio pelea de manso en el caballo, con la muleta el torero paisa trato de embeberlo en la muleta, especialmente con la mano derecha; evitando de todas maneras que el toro se fuese a resguardar en los tableros como sus hermanos; con los aceros pincha en repetidas ocasiones y despacha.

El señor Andrés Roca Rey, sigue haciendo de las suyas, impresionando con espejismos e intentos de toro, una pena que tan desbordante talento se eclipse con una nube de dudas y exigencias, el afán de torear astados mansurrones y bobalicones; para muestra su primero Gladiador (538 kilos) un animal de feas hechuras capacho y aparatoso de caja, que acusaba problemas en la visión y que no regalo ni una embestida, acudiendo sin franqueza y a la defensiva, un animal que desdibujo las formas del peruano que en medio de tanta mansedumbre y descastamiento abrevio con la espada, siendo habilidoso; palmas.

Con el sexto, Maestro (500 kilos)  paso apuros, al encontrarse con un burel engatillado, rajado y mansurrón que no supo definirse, producto de la misma falta de casta; todo esto producto de las exigencias de las figuras y la cómplice servidumbre de los ganaderos que optan por diluir la bravura a su mínima expresión y consolidando un animal en el límite entre lo borreguno y el genio; tras pinchazo deja una estocada certera; silencio

En el toro de regalo Temerito (538 kilos) apelo a su ya conocida tauromaquia, pases cambiados por la espalda, arrimones y desplantes, que ante la cara de un animal parado y que pasaba obligado pierden total mérito; tal parece que el señor Roca Rey se ha contagiado de los aires del señor Ponce o del Juli lidiando tullidos y mansurrones; una pena. Con los aceros pincha en tres ocasiones luego descabella; palmas.

Para mañana:

Corrida de Guachicono, encaste Torrestrella para el torero bogotano Ramsés y los españoles Emilio de Justo y Ginés Marin.

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@Manzanarestoro

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