Crónicas

En Querétaro… Navidad triunfal

En la plaza Santa María de Querétaro, con tres cuartos de entrada se celebró la tradicional Corrida Navideña, en una tarde sin viento y con un muy buen ambiente por parte de la afición que respondió de forma importante, principalmente en el tendido de sol. Los toros de De la Mora, estuvieron bien presentados, sobresaliendo los del rejones.

Diego Ventura:  Oreja protestada y dos orejas.

Jerónimo: Pitos y silencio.

Ignacio Garibay: Dos orejas y dos orejas.

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Bribón fue el abre plaza de la ganadería de De La Mora, que le correspondió al rejoneador Diego Ventura, toro que embistió con clase y recorrido durante toda su lidia. Mención particular merece una vuelta entera al ruedo en la que Ventura sujetó de la grupa al astado con un temple que despertó la emoción de la afición.

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Clavó buenas banderillas y remató su faena con un rejón de muerte en buena colocación para cortar una oreja que fue pitada y entregada por Ventura a su cuadrilla para dar una vuelta al ruedo fuertemente aplaudida. Palmas en el arrastre para el ejemplar de De La Mora.

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En el segundo de su lote de nombre Bandolero, tuvo un importante lucimiento ante un burel más amplio de cornamenta pero tardo de embestidas y ligeramente más amarrado al piso al que consiguió encelarlo en sus cabalgaduras para clavarle dos banderillas extraordinarias y lucirse con dos pares más, clavados sin rienda en el caballo de poder a poder. 

Logra abrochar con un rejón de muerte en buena colocación, mismo que no surte efectos de inmediato. Cortó dos orejas y se ordenó el arrastre lento al toro, despedido con fuertes palmas.

Jerónimo tuvo el lote menos potable de la tarde decembrina o quizá el que menos lo dejó estar, exigiéndole un sitio que pareció no tener.

Abrochó su saludo capotero a Navajero, primero de su lote, con una larga lentísima que hizo rugir al tendido que en numerado de sol, lució lleno. Se arrancó de largo al caballo desde los medios del pandero para sujetarse en un puyazo de buena factura con el aguante del picador que mantuvo la reunión con orden y pulcritud. Mereció las palmas del respetable.

Jerónimo logró un quite lucido y variado entre chicuelina y tafalleras que remató con una revolera de pies quietos, firmes en la arena.

En la faena de muleta Navajero se acostó siempre por el lado derecho y le exigió enormidades a un torero que se vio apretado por momentos. Jerónimo se encontró a un burel pegajoso en el último tiempo, teniendo dificultades para mandarlo y manteniendo los pies en movimiento toda la faena.

Debía perderle muchos pasos ante una embestida fuerte y probona, que exigía concentración y oficio. Estuvo muy pesado con la espada, logrando pasaportar con un golpe de descabello tras dos avisos.

Querido Juan el segundo de su lote, fue igualmente exigente con un torero que se quiso poner firme sin lograrlo. Consiguió únicamente un par de tandas por derecha con buen empaque pero sin mayor calado, para despedirse por leves pitos.

Sin duda, la tarde fue de un Ignacio Garibay sereno, meditador y con un aire de artista grande, quien recibió enteramente el cariño de la afición que es vecina del torero, quien se despidió esta tarde.

Queretano, su primero, dejó verlo en plan grande a quien saludó modestamente con el capote. Después de un puyazo que también recibió arrancándose desde los medios, Garibay le recetó un quite excelso de verónicas a pies juntos. Hondo de clase y torería. Inició su labor muleteril con doblones torerísimos, previos a una tanda por diestra de pases tomados desde largo a un toro emotivo, con clase y un empuje bravo.

Para la memoria, cuatro cambios de mano por la espalda pegado a tablas que iluminaron el rostro de la afición y del esteta que decía adiós a los ruedos queretanos. Firmó con una estocada de libro que le merecieron las dos orejas. Vuelta al ruedo al toro.

En su segundo, la emoción y melancolía lo acompañaron toda la lidia de Enamorado, un toro de menos fuerza que sus hermanos, pero con igual clase para embestir metiendo la cara.

Garibay brindó a Don César Barbabosa e inició su labor muletera con electrizantes pases por alto de rodillas. Firme, mandón, valiente. La faena fue de más a menos ante un ejemplar que fue perdiendo fuelle ante la que el torero debió mostrar su oficio.

Le anduvo lento y siempre entregando el pecho sin abaratar con recursos de bisutería una faena de una entrega absoluta. Se quedó quietísimo ante una embestida en ocasiones inciertas y abrochó de un medio espadazo defectuoso.

Cortó dos orejas que paseó con emotividad entre gritos de ¡Torero!, para salir a hombros junto a Ventura en una tarde noche que fue de interés para la afición queretana que celebró los 55 años de la Santa María de Querétaro.

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