En Valencia… Un ‘orejerío’ en un festival al que le faltó la esencia

Valencia. Festividad de la Comunidad Valenciana, a la que se le pegó la Fundación del Toro de Lidia para celebrar el Día de la Tauromaquia. Cerca de tres cuartos de entrada. Se han lidiado novillos de Fermín Bohórquez, para rejones, Daniel Ruiz, manso e inválido, Garcigrande, premiado absurdamente con la vuelta al ruedo por su “andar” borreguno, Núñez del Cuvillo manso y sin fuerzas, Juan Pedro Domecq, manso con movilidad y Fuente Ymbro, manso complicado.

Fermín Bohórquez: Oreja

Enrique Ponce: Dos orejas

Julián López El Juli: Dos orejas

José MaríaManzanares: Oreja

Román: Oreja

Álvaro Lorenzo: Dos orejas

El novillero Borja Collado: Dos orejas.

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La Fundación del Toro de Lidia anunció con bombo y platillo, que organizaría un festejo y decidió unirse a la celebración del día de la Comunidad Valencia -que tanto apoya a la Fiesta-.

Se agregó a esta festividad valenciana como una pegatina (calcomanía) que no tenía justificación de ser, para celebrar el día de la Tauromaquia.

En todo esto, no se dijo qué tauromaquia celebraría, simplemente así le llamó, y de pronto, al cartel anunciado se le salieron tres alternantes, el primero fue, Andrés Roca Rey, después, el fallido Alejandro Talavante, y Cayetano que no pudo torear por todavía hallarse en recuperación, aunque estuvo presente en el festejo.

Y cuando se esperaba un gran festejo, no fue así. En lugar de haber escogido la Fundación del Toro de Lidia, un corridón con gran trapío y presencia, con una nota que anunciara la casta y la bravura, porque se supone que la intención era convencer de que la Fiesta es grandeza, de que la existencia del arte tiene un sólido fundamento.

Y ese sólido, contundente fundamento es el TORO BRAVO, como lo dice su nombre.

No fue así.

Salieron novillejos con una mansedumbre asfixiante, procedentes de las ganaderías comerciales que no aportan nada, y justamente no aportaron nada ni para celebrar a esa gran Comunidad Valenciana ni a la Tauromaquia.

Sí, a pesar de la lluvia la gente hizo buena entrada, porque querían celebrar todo, y así estuvo la mayoría, festiva, aplaudiendo sin cesar, mientras que el presidente regalaba orejas sin parar. Y como remate, obsequió una absurda por lo ilógica vuelta al ruedo al de Garcigrande por haber sido un “bobillo”.

El rejoneador Fermín Bohórquez quien entró a última hora, estuvo como siempre entregado y decoroso con un novillo de su ganadería. Se ve que a pesar de estar en el retiro, no deja de estar en el redondel. Y tras imponer el rejón de muerte, se le ha concedido una entusiasta oreja.

Enrique Ponce tuvo a un “bobillo” de sumiso andar, y en varias ocasiones visitó la arena por invalidez. Dio lances que para las buenas conciencias no dijeron nada, y luego tras una aproximación de suerte de varas, unas chicuelinas que ahí han estado sin trascender. Experto en estos astados inválidos, sin casta ni bravura,  que le permiten estar a gusto, Ponce le llevó con ambas manos en una faena vacía, porque cuando no existe la casta ni la bravura en la Fiesta brava, todo torna hueco, sin fundamento, y así estuvo. Después de una estocada entera, su efusivo paisano que guardaba el palco presidencial, raudo y veloz le regaló dos orejas.

Julián López El Juli, con su natural habilidad pero su evidente vulgaridad que se le ha acentuado al paso de los años, toreo a un “bobillo” de Garcigrande, que acudió con obediencia borregua. Nada más alejando de lo que tienen que ser la casta y la bravura. Aparecieron con su capa verónicas, chicuelinas, con la vulgaridad manifiesta que se acrecentó en el quite por violentas zapopinas. Faena con ambas manos ante un animalito que iba y venía sin chistar. Tras el horrendo julipié que no es otra cosa que citar afuera de la suerte, dejar pasar al novillo y a paso de banderilla brinco espectacular, sepultar una estocada traserísima y caída. El noble público valenciano le regaló dos orejas, mientras que el presidente regalaba la vuelta al ruedo al mansito.

Un gran torero es Manzanares, pero mientras siga en esto de las ganaderías comerciales, se topará con este tipo de animalejos, como los de Núñez del Cuvillo, con los que resulta imposible lucir su tauromaquia. Dejó una faena correcta, sin grandes alcances y tras la estocada ahí estuvo la oreja.

Román, un joven que proyecta mucho tuvo frente a él, un utrero de Juan Pedro, en donde ha estado muy bien, quizá sea de lo mejor que se vio, por su verdad implícita y la entrega explicita. Mal estuvo con el estoque, aún así se le concedió una oreja.

Otro que promete mucho es, Álvaro Lorenzo, tuvo la bondad franciscana de un novillo de Daniel Ruiz, al que toreó con convicción y muy bien. Bueno será que no lo encasillen con estas ganaderías comerciales, porque puede ser factor de cambio importante para el arte del toreo. Por ello mismo, dejó la mejor faena de la festividad, y tras estocada le otorgarían dos orejas.

Borja Collado, muestra su inexperiencia, pero demuestra como buen novillero, pasión y entrega. El novillo de Fuente Ymbro, con esa mansedumbre complicada, salió de toriles en donde ya le esperaba Borja. Apuntar que ha estado con una voluntad a todo lo que da en la faena de muleta. Y como dejó una estocada entera, le concedieron dos orejas.

Un festival que pudo haber sido importante para celebrar no sólo a la encomiable Comunidad de Valencia sino a la Tauromaquia a través de la Fundación del Toro de Lidia, estuvo carente justamente de la casta y bravura, de la esencia que debe prevalecer como sustento del arte del toreo.

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