En Las Ventas… Joselito se impuso a la adversidad, y ¡triunfó!

Monumental Plaza de Las Ventas de Madrid. Duodécima corrida de la Feria de San Isidro. Con cerca de un lleno, se han lidiado toros mansos, descastados y deslucidos de Alcurrucén.

Curro Díaz: Saludó en el tercio y silencio.

Joselito Adame: Saludó en el tercio y oreja.

Juan del Álamo: Silencio en ambos ejemplares.

Detalles:

Fernando Sánchez y Miguel Martín, parearón espléndidamente al segundo.

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El inmenso Ludwig Van Beethoven, exclamó: “… ¡mi música sonará más que las cataratas y brillará más que el sol!”, y así fue.

Decir, Beethoven, es decir el arte, la grandeza, la decisión de no claudicar ante la adversidad, sino ir por todo el universo y hacerlo suyo.

Esta tarde la adversidad hizo acto de presencia con un encierro pésimo de Alcurrucén, en verdad pésimo, manso, descastado, huyendo de todo; la antítesis de la casta y la bravura.

Esa fue la adversidad a la que enfrentaron los toreros, y ha sido, Joselito Adame, quien se inventó una faena de un toro que desde salida huía de su sombra. No quiso acudir a los caballos y apenas se simuló con mucho esfuerzo la suerte de varas.

Sí, una faena que todos suponíamos no podía existir, pero…

… pero, supusimos mal.

Vendría la muleta, y José comenzó domeñador, el toro pronunció su huida, la mansedumbre adquirió tintes inimaginables, por lo que el torero se fue al tercio del tendido tres y ahí se fue imponiendo con la mano diestra, con base de ir pisando terrenos impensables, obligando al toro a no huir sino a seguir su muleta.

Tras imponerse a la adversidad, consiguió dejar series contundentes, poderosas, imponentes, luminosas y entonces…

… entonces se escuchó el estruendoso ¡olé!, que cimbró al monumental coso venteño.

Un ¡olé!, de reconocimiento, ante la apasionada entrega, de un torero que hizo alarde de sitio, oficio, aguante y torería.

Vendría la rúbrica, Joselito, citó entregó en la suerte el corazón mismo dejando un certero espadazo, y tras sucumbir de inmediato el mansesco ejemplar, hubo petición casi unánime de un trofeo. El presidente actuó en consecuencia y concedió la merecida oreja.

Joselito, había triunfado.

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Con su primero, segundo del festejo, ofreció muestras inobjetables de su dominio, realizando una faena correcta en lo técnico, y notable por el valor implícito, a otro manso de libro al que le extrajo pases con la derecha que parecía no tenía, como no tuvo por el lado izquierdo, por donde se negó a embestir.

Curro Díaz, sólo pudo dejar bocetos de su gran arte que atesora, en su primero, al que se impuso a su mansedumbre. En un momento dado de la faena trastabilló el toro hizo por él, le envió a las alturas cayendo feamente, lo que le lastimó la zona lumbar. Se levantó con gran dignidad, a finalizar su propuesta, lo que se supo reconocer con la ovacIón en el tercio.

Con su segundo un manso con genio, la casta mala, porfiando en una serie con la zurda se llevó un hachazo en la mano izquierda, lo que no le impidió continuar y poner el punto final a su participación.

Juan del Álamo, nada pudo dejar para la posteridad, más que su esfuerzo loable.

Decía el gran filósofo francés, Gastón Berger, “No hay mejor manera para indicar el sentido de una marcha que dar el primer paso”; y Joselito ante la adversidad dio con solidez ese primer paso.

Y, también sentenció, el Maestro Pepe Alameda: “Un paso adelante y puede morir el hombre; un paso atrás y puede morir el arte”, y Joselito dio ese paso adelante poniendo el corazón en la arena.

Joselito Adame, ante la adversidad ha vencido.

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@PERIODISTAURINO 

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