En Aguascalientes… La ironía de Ponce y sus Teófilos son reprobados

Tres cuartos de aforo en la Monumental de Aguascalientes, quinta corrida del serial San Marcos 2018, día grande de la Feria. Se lidió un impresentable encierro de Teófilo Gómez, que aparte de chicos, malos, sosos y sin transmisión que fueron pitados desde salida y hasta que fueron arrastrados sus restos.

Enrique Ponce: Oreja protestada y silencio.

Ginés Marín: Oreja y leves palmas.

Luis David Adame: Silencio y leves palmas.

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 ¡De Teófilo, no más por favor!

Es el sentir colectivo de la afición de Aguascalientes ante la tomadura de pelo que año con año se empeñan en presentar, toros modestos de trapío y de nula potabilidad para los que se visten de luces. La gente está asqueada, fastidiada de tener que lidiar con los caprichos de las figuras, que en su afán por verse aliviados imponen ganaderías que de antemano no cumplen ni en presentación y menos en comportamiento.

Y sí, es bien cierto que los toros no tienen palabra de honor, pero el ganadero y el torero sí. Año con año es la misma situación, entonces:

¿Por qué seguir incluyéndolos en el llamado serial más importante de América?

Enrique Ponce regresaba a esta plaza luego de trece años de ausencia, trece, el cabalístico número trece de la mala suerte, pero no, en este caso lo de Ponce no es mala suerte, es tirar la piedra y esconder la mano, así de fácil, es decidir lidiar el toro chico y facilito que no representa mayor emoción al tendido y luego mostrarse contrariado por el devenir y el infortunio que le ha tocado “en suerte”.

Al primero de su lote lo pitaron desde salida, pero a la autoridad eso no le importa, ni le incomoda, ni le pica, ni le da cosquilla. Ponce se abrió de capa con él mientras se escuchaban gritos de:

¡Venga novillero!

Muy breve la vara y luego de muleta inició por bajo algunos pases tersos al soso burel que, en lugar de provocar miedos y emociones a la muleta, le provocaba caricias lastimeras.

Ponce lidió fácil al astado, algunos por derecha para la foto, en pose para que no se diga que no torea “bonito”, vaciando por alto con el de pecho para emocionar a los que se dejen con sus detallillos. Unos pases bien, otros a distancia. Abrochó con tres cuartos de espada caída para que se le entregara una oreja que le fue protestada y hubo que dársela al subalterno mientras daba la vuelta al ruedo.

Con el quinto otro que sirvió para lo que sirven dos pepitas olvidadas en el bolsillo, con ese, otro astado justo de presentación Ponce desapareció, luego de que le dieran mucha vara y el astado no embistiera, el valenciano irónicamente volteaba a los tendidos con expresiones no verbales que indicaban:

“¡No sé qué está pasando!”

“Hombre ¿qué es esto?”.

“¡Qué caray, vaya contrariedad!”.

Mientras el aficionado real respondía para sí mismo… pues es lo que pides figuraIronías de la vida que sólo hacen a la afición mover la cabeza negativa e incrédulamente.

Al final se deshizo de él y todo quedó en silencio. Y al salir de la plaza fue fuertemente pitado y reprobado por la afición.

Y vamos otra vez a la pregunta de cada año:

¿Por qué si los espadas españoles tienen la capacidad probada de lidiar SEÑORES encierros en su tierra, no vienen a México a lidiar el toro como se debe?

Porque de que hay TOROS bien presentados en nuestro país los hay… pero no los quieren, se van a plazas de tercera, para toreros que tienen que aguantar caña o simplemente están en los potreros esperando que un tío se anime a plantarles cara.

En fin, cuento de nunca acabar… ¿Y por qué?

Porque la afición, las empresas y los medios congraciados lo permiten, punto.

Gines Marín tuvo que pechar con un lote infumable, el primero también justo de presencia, débil y sin emplearse. Marín comenzó por doblones ante la poca fuerza, terminó vaciando por alto en el de pecho. Por izquierda intentando tocar a pitón contrario sin respuesta. Por derecha al pendiente de su humanidad. Marín insistió de verdad, naturales una tanda de buena factura y toreros cambios por delante que gustaron. En general detalles interesantes, pero lastimosamente nos tuvimos que privar de ver a Ginés ante otro tipo de astado. Entera trasera y caída para una oreja.

Con su segundo, aún más chico y fuertemente protestado de salida, apenas el pellizco en varas y a desplomarse, escenificando degradantes pasajes para la fiesta. Marín con voluntad queriendo justificar su labor, aguerrido el torero, pero no tenía nada enfrente, media caída para palmas leves.

Otro que tuvo que pechar con lo que imponen las figuras fue Luis David Adame que realmente estuvo muy bien con su primero, el más rescatable del encierro, que al menos dejó al joven coleta expresarse por bajo y terso, sacándolo de tablas bien llevado por derecha y largo el pase de pecho. Intentó por naturales pero no encontró respuesta adecuada, volvió a la senda derechista aguantando enormidades e imponiéndose al burel.

Se quedó ahí en el justo espacio del peligro, el astado no era fácil y le exigió y Luis David pudo, hubo un momento que le cambió el viaje al pasárselo por la espalda a mínima distancia y ahí dejó claro que tiene valor, pero de ese que va mezclado con la finura. Lo ganado se le fue de las manos al pinchar en lo alto y dejar estocada muy caída para irse en silencio.

El sexto no hizo quedar mal al común de sus hermanos, también fue muy chico y muy soso. Luis David destacó con chicuelinas a manos bajas y vistoso remate, de muleta voluntades, buscando por todo agradar hasta esta vez si acorrientarse un poco y pedir la pelea de gallos pero ni las mágicas notas (que siempre funcionan para que la gente se emocione) pudieron hechizar a la concurrencia que hasta la popular melodía protestó. Adame mató de entera caída y escuchó leves palmas.

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@AnaDelgado28 

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