En Valencia… Ponce corta dos orejas a un ‘bobitoro’ y sale en hombros

Valencia. Domingo 18 de febrero de 2018. Novena de abono de las Fallas. Con un casi lleno en los tendidos, se han lidiado toros anovillados de Juan Pedro Domecq (2º bis) y uno como sobrero en 6º lugar tras devolverse los impresentables 2º de la ganadería titular y el 3º, de Parladé. Todos han sido mansos, deslucidos, el cuarto tuvo una docilidad borreguna. La casta y la bravura elementos que le dar sustento al arte del toreo estuvieron ausentes en un encierro, repetimos mal presentado.

Enrique Ponce: Saludos tras aviso y dos orejas tras aviso.

Miguel Ángel Perera: Saludos tras aviso en ambos.

Alberto López Simón: Oreja tras aviso y oreja.

Detalles:

Saludaron tras parear al segundo Javier Ambel y Guillermo Barbero. Hicieron lo propio Yelco Álvarez y Jesús Arruga en el sexto. Curro Javier destacó en la brega del segundo y, también, pareando al quinto.

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Enrique Ponce, es el especialista número uno del ‘bobitoro‘, del manso bobalicón, de caminar borreguno, que tenga las fuerzas mediditas para acudir al engaño, sin que incomode al divo de Chiva.

Con su primero nada quiso saber porque el descastamiento se excedió de los límites permitidos; pero con el segundo, lo llevó en una faena simplista, cuidando las formas y sin contenido.

No se puede tener contenido con un toro que carece de casta y carece de bravura, porque sin estos dos elementos fundamentales todo lo que se haga carece de verdad, al ser una aproximación.

Nuevamente la ganadería comercial disminuyó la grandeza del toro a un símil de un dócil perrito faldero, de una ovejita del monte.

No logró llenar la plaza en este festejo, como tampoco lo hizo un día antes, en donde se acercó a los tres cuartos del aforo, porque la gente ha entrado en un estado de reflexión que les hace buscar al toro bravo y encastado, que le da razón de ser al arte del toreo.

El toro bravo y encastado da emoción, hace héroes a los toreros y artistas después de dominarlos, pero el ‘bobitoro‘, sólo denigra y aplasta esa grandeza.

Conducir a ese dulcificante borrguito alrededor de su geografía corpórea, en pases graciosos, pero no sólidos ni recios, como si fuera el intento de representación de un ensayo del Lago de los Cisnes, siendo un lirio desmayado, no da sustento a lo que se haga en el redondel.

La duda queda…

¿Alguna vez Ponce enfrentará toros bravos y encastados?

La respuesta es obvia, nunca, porque no tiene ni sitio ni oficio para enfrenar la encastada bravura, el acomodo que ha vivido durante toda su vida con los bovinos bobalicones, le ha restado la verdad que debe tener todo torero.

Los súbditos del engaño, exclamaran a los cuatro vientos la genialidad inexistente de, Enrique Ponce, porque sin toro bravo, sin toro encastado, carece todo de razón y fundamento.

Cortó dos orejas por faena de estética y un espadazo delantero y casi bajo que provocó vómito sanguíneo, lo que tampoco habla de verdad en la suerte suprema.

Salió en hombros y la nostalgia hizo recordar, si ¿alguna vez volverá la verdad a imperar en el arte del toreo?

Creemos que sí, porque ahora mismo hay jóvenes que pueden reivindicar a este mágico y mítico arte, de las asfixiantes miserias taurinas.

Cortarles muchas orejas a los ‘bobitoros’ no es sinónimo de verdad.

Miguel Ángel Perera lidió al primer sobrero, también de Juan Pedro Domecq, después de ser devuelto el titular inválido. Resultó un astado con poca fuerza al que dosificó de manera inteligente y ante el que se mostró superior. Finales en cercanías en faena de entera disposición. Entera caída y saludos tras aviso. De rodillas recibió al quinto con el capote y se mantuvo firme. Perfecta lidia. Desde el centro del ruedo a pies juntos citó al astado que se arrancó y al que cambió por la espalda en un inicio vibrante. Al manso ejemplar de Juan Pedro le faltó todo y ha sido la técnica y templanza por ambos pitones de Miguel Ángel, el que hizo todo. El fallo con los aceros le dejaron sin premio. Intachable actitud de Perera en Valencia que recogió la ovación del respetable.

Alberto López Simón, corrió turno ya que fue devuelto el tercer titular. Faena de inteligencia y demostró el de Barajas su compromiso con esta afición. El de Juan Pedro fue manso, deslucido, sin chispa, aún así logró mantener metido al aficionado durante toda la faena. Se mostró superior y valiente en cercanías. Mató recibiendo y paseó la primera oreja de la tarde. Ante el que cerró plaza, segundo sobrero con el hierro de Parladé, se plantó de rodillas en el centro del ruedo para citarlo de lejos y darle una entregada tanda de derechazos. Mantuvo la atención y cerró con manoletinas. Mató de estocada entera y cortó otra oreja que le abría un año más la Puerta Grande de Valencia.

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 Detalles de la tarde

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