En Valdemorillo… Cuestión de jóvenes

Valdemorillo (Madrid), Domingo 11 de febrero de 2018. Plaza de toros “La Chimenea”. Feria de San Blas. Última de abono. Corrida de toros de Guadalmena (desiguales de presencia y juego, a excepción del tercero) -manso encastado el primero, deslucido el segundo, con transmisión el tercero, imposible el cuarto, deslucido el quinto y noble el sexto -. Más de dos tercios en los tendidos.

Alberto Lamelas: Silencio y silencio.

Miguel de Pablo: Ovación con saludos y oreja con petición de la segunda.

Juan Miguel: Que tomó la alternativa, oreja y oreja tras aviso.

Detalles:

José Antonio Carretero se desmonteró tras parear al tercero.

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Juan Miguel que tomaba la alternativa, corta dos orejas y sale a hombros en el cierre de Valdemorillo. Un trofeo paseó Miguel de Pablo del quinto.

Si el sábado fue Miguel Ángel León el que dio el golpe en la mesa, en la última de Valdemorillo Juan Miguel de Colmenar de Oreja (Madrid), derribó la puerta grande de “La Chimenea”. Una oreja a cada uno de su lote fue suficiente, para copar titulares. Tanto Miguel Ángel León como Juan Miguel merecen más oportunidades y, que no ocurra como en la mayor parte de los casos. La incomprensión más absoluta tras tomar la alternativa. Sin contratos, es imposible hacerse un hueco.

El madrileño firmó una tarde solvente y sabedor de la oportunidad que tenía enfrente, no se arrugó. Y eso que no ayudó el infumable envío de Guadalmena, que puso el punto y final a la feria de San Blas. El tercer y último capítulo del serial serrano tuvo el importante argumento de un Juan Miguel deseoso de envites mayores, gracias a su frescura y claridad de ideas. Bien pudo acompañarle Miguel de Pablo pero el fallo de los aceros se lo impidió.

Una oreja paseó del toro de su alternativa, un inválido que bien pudo tomar el camino de chiqueros, y es que fue un ejercicio de esfuerzo ver rodar por el ruedo al de Guadalmena. El Parlamento de Juan Miguel a su hermano brindándole el que debería ser el toro más importante de la carrera de un torero, le sucedió un trasteo entre alfileres. Y es que entre la escasa fuerza y lo que le costaba humillar a su oponente se pasó prácticamente la faena con la muleta a media altura, comulgando entre los tendidos. Enfrente tuvo un manso encastado que supo interpretarle las teclas, en un trasteo pulcro y aseado que se intercalaban entre enganchones. También hubo tiempo para desplantes y pantomimas. La estocada tras pinchazo fue suficiente para que paseara la primera oreja de su carrera como Matador. Cerró la tarde brindándole la faena a David Mora, compañero y amigo personal del madrileño. No hubo condición alguna, en un toro que se desplazó sin humillar y sin celo. Faena sin transmisión, quedándose la labor en el mar de pases habitual. Por su entrega – digo yo, cortó otra que le aseguraba la Puerta grande. Muy barata, por cierto.

Una grata imagen mostró un Miguel de Pablo que merece más oportunidades. Aunque dentro de su meritoria tarde debe mejorar la suerte suprema, y es que pinchó una oreja del tercero y se dejó la puerta grande frente al sexto. El madrileño sorteó un lote a contra estilo. El tercero que brindó a su apoderado, tuvo una sensacional brega por parte de Jarocho. Sobresalieron los detalles por bajo. Muletazos profundos y naturales con sabor. Faena de mucha expresión, frente a un toro con duración. La nota negativa lo instrumentó con la espada al dejar un bajonazo y echarse el burel. Saludó una ovación con honores, y se aplaudió el toro al arrastre. Fruto de su esfuerzo paseó una del quinto, tras volver a dejarse los trofeos con los aceros, en una labor seria y sin aspavientos tras pechar con un oponente, que no descolgó en ningún momento.

Muchos aficionados se desplazaron desde la capital para ver a un viejo conocido, Alberto Lamelas. Pero no era su día. El jienense pasó sin pena ni gloria por uno de los escasos escenarios españoles que le han visto como matador de toros. Y es que se cuentan con los dedos de una mano sus incursiones en plazas nacionales. Otro desvarío empresarial. No fue su tarde, al sortear un lote sin opciones. Derrochó valor frente a su primero al irse a la puerta de chiqueros y firmar tres largas cambiadas de rodillas y un ramillete de verónicas. Y hasta ahí se puede leer. La inválidez del de Guadalmena hizo el resto, al carecer de una embestida franca con el que cambiar el destino. Tampoco lo arregló con la espada. El cuarto fue otro espejismo, y no dio la talla el jienense – en una faena entre los pitones, frente a otro marmolillo. No hubo opción posible. Argumentos, arrestos e ilusión es lo que fluye entre la terna que cerró San Blas. Y es que la feria de Valdemorillo ha sido cuestión de jóvenes.

Foto de Luis Sánchez-Olmedo

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@alb_bautista

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