En la Monumental México… Réquiem por un gran toro encastado: ¡Qué bonito!

Con una entrada que rebasa el cuarto del aforo en la Monumental Plaza de Toros México, en lo que ha sido la cuarta corrida de la actual Temporada Grande 2017-2018, se ha lidiado un encierro de Xajay, salvo el tercero que se fracturó el cuarto trasero derecho y tercero bis, que han parecido anovillados, los demás han estado correctos en presentación; el segundo, tercero bis y octavo, resultaron mansos y descastados; primero, cuarto y quinto han tenido movilidad. Extraordinario ha sido el sexto, un hermoso cárdeno claro, armónico en su conjunto, que fue pronto a la cabalgadura, embistió con poder, clase, calidad y emotividad.

Sebastián Castella: Silencio y saludó en el tercio tras aviso.

Sergio Flores: Silencio y oreja.

Ginés Marín: Silencio y abroncado.

Luis David Adame: Ovación tras aviso y silencio tras aviso.

Detalles:

El buenazo de Jorjazo además de reglar una oreja protestada, anunció por el sonido local, que amonestó al subalterno, Rafael Vioti, por extraer una espada desde el callejón. Ante esta nueva ocurrencia, mi compañera de asiento eufórica comentó:

Eso fue tan ridículo como decir: Ya vi que eres malo, malo, pero sólo te lo digo”. Así no pasa nada.

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Ahí estuvo, Michel Franco; para quienes no se acuerden ahora mismo de él… es un talentoso cineasta premiado allende nuestra frontera.

Sí.

Sí, ahí estaba, en medio de una tarde dubitativa, entre la devolución de un astado que se fracturó la pata trasera derecha, la mansedumbre galopante de unos, la movilidad de otros medio aprovechada, la faena con posibilidades y desaciertos con el acero; y de pronto, apareció un bellísimo, en verdad un bellísimo ejemplar…

… un hermoso cárdeno claro, armónico en su conjunto, que fue pronto a la cabalgadura, y embistió con poder, clase, calidad, recorrido y emotividad.
Su nombre: ¡Qué bonito!

Y en verdad, ¡qué bonito toro!

Fue entonces que divisé cercano a mi lugar, al talentoso cineasta, Michel Franco, quien seguramente como muchos, quedó embelesado, al demostrar, ¡Qué Bonito!, que la belleza…

… que la belleza, también es brava.

Y, no nos equivocamos en la apreciación.

Sergio Flores, quien ha sido su toreador, le dio las buenas tardes con unos lances que sin un argumento, fueron sustituidos por unas chicuelinas que por consecuencia necesaria, recortan la embestida del ejemplar; pero aún peor, al terminar cada una de esas chicuelinas, daba una especie de latigazo, que evidentemente no resultaba benéfico para la lidia del astado.

En eso estábamos, cuando al hermoso ejemplar lo intentaban llevar a la cabalgadura, y tan pronto advirtió la presencia del varilaguero, se arrancó de inmediato y fue a pelear, pudo haber comparecido en otra ocasión, pero su torero no quiso, le impidió demostrar su casta y su bravura, y se ordenó el cambio de tercio.

En banderillas, fue pronto y de largo, lo que como resulta lógico, con este tercio recobró las distancias perdidas en el recortado inicio.

Se fue a los medios y ahí, Sergio, citó, y el bravo y encastado ejemplar acudió con fuerza, con vigor. Así, aparecieron series con la derecha que si bien es cierto fueron correctas y rematadas con trincherazo, faltó al trazo dimensión, para que los momentos escultóricos que se sucedían tuvieran luminosidad.

Y, vinieron más series, otras tres que daban cuenta del gran toro que tenía frente a su menda el torero de Apizaco, pero…

… pero, no pudo estar a la altura de las circunstancias, y eso fue consternante.

Sin haber probado con la zurda, para intentar el toreo al natural, dejó unas manoletinas que no pasarán a la historia, aunque sí la enorme duda de lo que hubiera podido pasar.

Así, decidió poner punto final a su exposición, a su breve e incompleta exposición, a la que faltó argumento para conseguir la sólida creación; un prólogo incierto, una estructura que nunca se consolidó y un final que no convenció a nadie. Apareció el acero, quedando trasero.

Entonces el oficioso juez, el buenazo de Jorjazo, se levantó cuando apenas y se asomaban ciertos pañuelos blancos, y para que tuvieran mayor lucimiento, sacó desde su potestad el suyo, pero con ello daba autorización de una oreja que a la postre sería protestada.

¿Qué le pasó a Sergio?

Es un misterio insondable, porque con su primero que fue malo en verdad, nos entusiasmó al verse muy digno; Lajeño, fue el nombre del descastado ejemplar, al que con la muleta dio pases por abajo con el fin de imponer su mandato. Apareció entonces una serie con la derecha poderosa, y cuando remataba se cayó su muleta, pero con ello, el suspiro que apenas tenía y le mantenía al toro venido desde Las Lajas.

Como dirían en antaño, Sergio, lidió con guapeza, para dejar una entera y retirarse con mucha, en verdad mucha dignidad.

Monsieur Sebastièn Castella, ha estado bien esta tarde con dos astados cuya única aportación fue la movilidad.

Con Gorrito, dibujó unas verónicas entre los gélidos vientos que aparecieron, y que no aminoraron el entusiasmo del maestro francés. Comenzaría su faena muleteril con pases por alto, una trincherilla y el desdén, anunciando algo que supusimos vendría en superlativo, pero todo quedó en lo mínimo de las buenas intenciones.

Una faena correcta, que tuvo momentos magistrales cuando tras haber sumado dos plausibles series con la diestra, volvió a citar con esa mano, hizo entonces un cambiado, trazó un contundente natural, y…

… y, se rajó el astado.

Aparecerían más series con la derecha, tres más a lo sumo, ya en la querencia por lo rajado de astado, y si bien es cierto, que tuvieron la voluntad inquebrantable en su creador, no hubo mayor trascendencia por la mansedumbre manifiesta, del que debió haber sido un bravo opositor.

Un pinchazo, un espadazo bajo y ahí quedó todo.

Con Inolvidable, un deslucido ejemplar, que tuvo también movilidad, Monsieur Castella, saludó con lances correctos, y tras el breve tercio de varas, aparecieron unas también atinadas tafalleras. Con la tela roja, citó de largo, cual su costumbre, para dejar cambiados por la espalda, y acto inmediato, sumar series con la diestra, la primera, cuando el bovino iba a caerse, lo tocó atinadamente lo que le mantuvo en pie y cambió al natural que no sería ni la aspiración de la serie. Torea bien Sebastièn, eso ni duda cabe, pero luego se excede en remates que llegan a ser inacabables, pero…

… pero es su toreo, y nadie lo va a cambiar.

Castella, citó afuera de la suerte dejando un pinchazo hondo, escuchó un aviso, para al final dejar un espadazo caído. Saludaría en el tercio.

Quien nos dejó consternados fue, Luis David Adame, ha estado pero faltó contundencia, acaso y sólo se recuerdan unas bonitas zapopinas que realizó en su segundo, y dos faenas insípidas.

¿En dónde está quedando aquel chiquillo que emocionó con fuerza inaudita apenas hace dos años en Las Ventas?

No lo sabemos, hoy estuvo cumplidor, no obstante, seguimos sosteniendo que sus cualidades dan para brillar con intensidad en el mágico universo.

El señor, Ginés Marín, quien anduvo declarando que se sentía feliz de que México lo esperaba, debe conocer que las declaraciones sin tino acaban contraponiéndose con la verdad. Ni México lo esperaba ni penosamente pudo demostrar el magnífico torero que es, por tener frente a él a un lote infumable.

En fin, que al final de la gélida tarde, comenzamos a retirarnos, y suponemos, porque no somos adivinos, que tanto al creativo cineasta, Michel Franco, como a muchos que hemos estado este domingo en cuestión, sólo nos queda el recuerdo de un toro…

Qué Bonito, al que le faltó esa faena consagratoria que no se pudo consolidar.

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@PERIODISTAURINO 

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