En Almería… Ponce, también; Ginés igualmente consigue la puerta grande

Jueves 24 de Agosto de 2017. Feria de la Virgen del Mar. Segunda de feria. Plaza de toros de Almería, tres cuartos de plaza en tarde de bochorno. Corrida de toros de Juan Pedro Domecq, 3º de Parladé y el 5º bis de El Torreón, correctos de presentación, pero desiguales de juego: encastado con transmisión el primero, noble a menos el segundo, inválido el tercero, deslucido el cuarto, manejable el quinto y deslucido el sexto.

Enrique Ponce: Dos orejas y dos orejas tras aviso con petición de rabo.

David Fandila El Fandi: Ovación con saludos y ovación con saludos tras aviso.

Ginés Marín -quien sustituyó a José María Manzanares-: Oreja y oreja.

Detalles:

Enrique Ponce abandonó el coso tras lidiar al cuarto, al tener que coger un avión con destino Bilbao donde toreaba al día siguiente.

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Tras los éxitos de Málaga y Ciudad Real con indultos incluidos, Enrique Ponce volvió a sentar cátedra. Esta vez en Almería, otra plaza más en la que el valenciano imprimió su áurea de figura y su carrera ganadora, en una tarde en la que desorejó a sus dos ejemplares y que se convirtió en firme candidato al capote de paseo almeriense, galardón que se concede por parte del Ayuntamiento de forma exclusiva a los triunfadores del serial.

Y Ponce va camino de ello, gracias una vez más a su plenitud de figura de época. Torero de leyenda. Porque no es baladí estar cerca de 30 años en la cima, en realidad lo difícil no es llegar sino mantenerse y Ponce se mantiene inalterado temporada a temporada como si no pasara el tiempo por él.

Poderoso con todos los toros, en la segunda de abono volvió a desempolvar el magisterio que acostumbra y con dos toros de desigual condición supo vencer infortunios y en el apogeo de la tarde su obra al cuarto.

El colorado de Juan Pedro no estuvo a la altura de un gran Ponce que una vez más desplegó toda su Tauromaquia. Un arsenal de pases medidos, muletazos cadenciosos y unos finales donde se adornó con la poncina con el público en pie.

Machacón, aquerenciado en tablas derrochó nobleza y justeza de fuerzas a partes iguales, pero Ponce desplegó toda su belleza ensimismada en una bella obra. Se le pidió el rabo pero el Presidente desoyó la petición y recorrió el anillo con los máximos trofeos.

Otras dos paseó del encastado abre plaza, un toro al que le pegaron en varas y con el que Ponce tampoco volvió a dejarse nada en el esportón. Se gustó toreando sobre la diestra e hilvanó una faena medida a media altura. Cerró la actuación al natural de uno en uno obligándole a Engañoso y haciendo del toreo una obra efímera. La media estocada fulminante fue suficiente para coronarse como uno de los triunfadores de la feria de Almería. Y es que el valenciano parece no tener fin. Triunfo de fuerza y rotundidad. Ponce, también en Almería, aunque finalmente no compartió salida en hombros junto a Ginés Marín toda vez que debía coger un avión con destino Bilbao donde torea al día siguiente, y abandonó el coso de la Avenida de Vilches tras lidiar al cuarto.

Otro de los nombres a tener en cuenta de la temporada es Ginés Marín, triunfador de San Isidro y de San Fermín no terminó de calar en su presentación en Almería, y eso que su oficio y su técnica hacen ver que estamos ante un relevo generacional de garantías para la Fiesta. Y no lo hizo, por culpa de los dos inválidos que tuvo que despachar.

Su primero, con el pial de Parladé bajó un punto la presentación con respecto a sus hermanos, terciado y corniapretado lo recibió Marín por faroles, momento en el que el toro se lastimó al perder las manos dándose una tremenda voltereta por dos ocasiones. Aún inválido, el Presidente decidió mantenerlo sobre el ruedo, y el extremeño brindó al público una faena que nunca tomó fuelle. Sostuvo como pudo a Pomelo y lo mejor fue la estocada que como un obús dejó al toro sin puntilla, con el que paseó un trofeo.

Otro cortó del parado sexto en una faena a contracorriente frente a un Fundador que se defendió y con el que Ginés Marín trató de justificarse. También lo hizo abrochando su actuación metiéndole entre los pitones y robándole una amalgama de pases combinando riesgo y quietud. Dejó una estocada atravesada pero el público quiso premiar su actuación, con otra oreja que le abría de par en par la puerta grande.

Incomprensiblemente, David Fandila El Fandi, profeta en Almería, provincia que le acoge como su granada del alma allá donde hace el paseíllo, se fue de vacío por su mal uso de los aceros. El segundo, un toro de Juan Pedro, alto y serio acusó el tercio de banderillas de un Fandi que volvió a lucirse con los palos. Acabó pasándose de faena como de frenada y no logró convencer a sus partidarios. Amén del sainete con la espada.

El quinto fue devuelto por inválido aunque el Presidente esperará a sacar el pañuelo a que El Fandi, le clavara el primer par. En su lugar, salió un sobrero de El Torreón, con el que El Fandi volvió a desplegar toda su tauromaquia con los palos, y que antes de colocar el último par se dolió de una lesión muscular. En la muleta, el 5º bis tomó los engaños con facilidad, en una labor sobre ambas manos. Volvió a fallar con la espada y recogió al igual que en su primero una cálida ovación desde el tercio.

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@alb_bautista

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