En Azpeitia… Importante corrida por los cuadri, por los toreros, destacando Paulita

Azpeitia. Tercera y última de la Feria de San Ignacio. Tres cuartos de aforo. Toros de Cuadri, el quinto como sobrero, con presencia, con casta.

Antonio Gaspar Paulita: Oreja y ovación tras aviso.

Alberto Lamelas: Ovación tras aviso y ovación

Sebastián Ritter: Ovación y ovación

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Queda nuevamente comprobado que la verdad del toreo, está afuera del círculo de los toreros del llamado primero grupo, toros a modo de ganaderías comerciales, inventados para que las llamadas figuras estén a gusto; pero al público al final no busca eso, una fugaz sensación de admiración, porque no hay sustento por qué tenerla.

Esa admiración, la que perdura, la que tiene sustento está con estos toreros, que no ponen impedimentos para enfrentar al toro en su máxima expresión.

Tenemos el caso de Paulita, un torero que ha luchado a brazo partido, que deja faenas de contenido, como ha sido esta tarde en Azpietia, un toro de Cuadri, tuvo sus complicaciones, y Antonio lo ha toreado con cadencia con el capote, desde ahí se advirtió lo que vendría con la muleta.

Sí, una faena que tuvo no sólo series importantes por la dimensión explícita, sino por el contendido implícito, convenciendo sin lugar a dudas a todos los ahí presentes, y esto tiene que extenderse a los que lean esta reseña. En los medios decidió poner el punto y final, y ahí claudicó tras certero espadazo el de Cuadri, la oreja fue a dar a sus manos.

Pudo haber salido por la puerta grande, porque hizo otra faena plena de templanza, de una sensibilidad inobjetable, haciendo sentir a los tendidos lo que hacía un torero de verdad. Pero el desacertad acero le ha quitado la puerta grande, pero no la del reconocimiento de los allí presentes.

Alberto Lamelas, no quiso dejar pasar esta tarde plena de sentimiento marcada por su compañero, así que dejó largas cambiadas que impactaron al tendido. La faena bien estructurada, tuvo una sólida continuidad, sobre todo con la mano derecha, pero el acero le quitó la oreja que ya estaba casi en su espuerta.

Su segundo tuvo que ser devuelto a los corrales por descoordinación, teniendo que enfrentar un sustituto  con el que había que estar ahí, adelantándose a sus peligrosas intenciones, y Alberto mantuvo muy firme todo lo que debe estar así en estos momentos, lo que percibió el público que literalmente estaba al hilo de los asientos de una emoción indescriptible porque todo podía pasar. De no ser porque la espada no cayó certera teniendo que usar el descabello, habría conquistado todo. Una ovación es tan poco reconocimiento para la importancia de lo que hizo Alberto Lamelas, que no hay que olvidarlo, sino escribirlo y difundirlo.

Sebastián Ritter, la falta de bagaje la tuvo que sustituir con el valor espartano que tiene, y no se inmuto, se creció al reto, y de no haber sido por el bajonazo que apareció como el final de la faena del tercero habría paseado una oreja. Con el que cerró plaza, mantuvo la firmeza, pero el toro estuvo sin poder moverse, y todo ha quedado en un buen intento, y el grato reencuentro de un torero que tiene mucho que ofrecer.

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