En Madrid… Octava puerta grande para Sergio Galán

Plaza de Las Ventas. Trigésima primera corrida de feria. 10 de junio. Lleno de ‘no hay billetes’. Toros despuntados para rejoneo de Fermín Bohórquez, justos de presentación, mansos, descastados y nobles; tercero y cuarto, rajados.

Pablo Hermoso de Mendoza: Silencio y silencio.

Sergio Galán: Dos orejas y oreja.

Lea Vicens: Ovación y oreja.

Detalles:

Sergio Galán, Salió a hombros por la puerta grande.

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Sergio Galán salió por octava vez a hombros por la puerta grande después de cortar dos orejas a su primer toro y otra más al segundo. Fue la suya una actuación muy completa, una de las más exitosas en esta plaza. Le tocó, en primer lugar, uno de los pocos toros que mantuvo su movilidad durante la lidia, lo que le permitió el lucimiento con una cuadra de caballos de primera línea en la que sobresalió Ojeda, un torero de cuatro patas con un gran sentido del temple y con el que clavó banderillas espectaculares que emocionaron a los tendidos.

Esperó al toro en la puerta de chiqueros, pero el animal le hizo poco caso y prefirió desfogarse después de su permanencia en los corrales. Acudió con presteza al cite de Ojeda, lo que le permitió conectar con los tendidos en una actuación muy entonada.

Titán acabó mareado después de numerosas piruetas en la cara del oponente negro, mientras el público demostraba que se lo estaba pasando en grande. Acabó de un rejonazo trasero y el presidente le concedió el doble trofeo, un premio quizá exagerado, pero comprensible en la generosa situación actual de la fiesta en general y del rejoneo en particular.

Salió en el cuarto a rematar una tarde que se le había puesto de cara y, a pesar de las escasas fuerzas del burel, firmó una actuación muy acertada, especialmente brillante en dos pares de banderillas a dos manos que colmaron las apetencias del respetable.

Lo más importante de Sergio Galán, un caballero veterano, dominador de técnica y no exento de una dosis de frialdad, fue su actitud de triunfo, su entrega y disposición para superar las blandas condiciones de su lote.

Justamente un talante muy diferente mostró Hermoso de Mendoza, que formó una actuación de puro trámite. Lisiado estaba su primero, al que recibió con varias carreras antes del primer rejón de castigo y el animal quedó para los restos. Agotado estaba y toda la labor del caballero careció del más mínimo interés a pesar de la categoría de sus monturas, como demostró el caballo Disparate.

El quinto pasaba de las monturas, se refugió en tablas y se negó a redondo a colaborar con el maestro navarro. Un manso total. Le costó un mundo sacarlo a los medios y consiguió banderillearlo con más efectividad que lucimiento. Acabó la lidia de un rejón en lo alto y fue despedido en silencio. La verdad es que no se le vio muy entusiasmado.

Y Lea Vicens se llevó un susto de muerte. Acababa de colocar la segunda rosa a su primero, un toro muy parado y manso, que aprovechó la cercanía del caballo para dar un arreón y derribar al equino y amazona. Cada cual salió con dificultad del accidente, y todo quedó en el sobresalto. No fue su actuación tan brillante como en el sexto, otro toro manso y sin fuerzas, con el que destacó en el tercio de banderillas, más pasional que torera la rejoneadora, preocupada en conectar con los tendidos.

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* Antonio Lorca, prestigioso crítico taurino del influyente diario español El País

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