Lo dice Pepe Mata… Pastelero y Paco Ureña

Compareció en la primera plaza del mundo taurino, Victorino Martín, y con él… la casta y la bravura; así fue, atributos fundamentales que dan razón de ser al arte del toreo y que no se pueden esconder, a pesar de que muchos lo desean por intereses extrataurinos.

Todos esperábamos la llegada de la Semana Torista, de las mal llamadas duras…

… digo mal llamadas corridas duras, porque estas ganaderías que proveen a estos toros, tienen simplemente CASTA y BRAVURA.

Esto es… la VERDAD de la Fiesta.

Efectivamente, no son toros propios para los figurines, y por ello, hacen la pantomima de utilizar el pretexto de enfrentarlas aduciendo a una gesta, que no es ni remotamente eso.

Porque enfrentar a la verdad que otorga el toro bravo y encastado, debe ser el honor y la grandeza que como toreros deben de vivir siempre; lamentablemente, es de lo que carecen por imponer ganaderías comerciales a modo.

Así, después de tres semanas en donde el descastamiento, la mansedumbre, la bobaliconería, el genio, de las ganaderías comerciales del des-encaste Domecq, le habían dado al traste literalmente al serial isidril, comenzó aparecer la verdad, y a dado una vuelta de hoja a la página de esta historia.

Del encierro de, Victorino Martín, que tuvo sus matices, ha destacado por encima de todo, el gran, gran Pastelero.

Desde su salida hizo notar que no resultar fácil para el torero, pero justamente, Pastelero, tuvo frente a él a un torero en la persona de Paco Ureña.

Tras su cuidada comparecencia con los caballos, con los que se pudo haber lucido en ese importante tercio de varas, Paco ha toreado con poderío a Pastelero.

De esta forma, fueron apareciendo series portentosas, en las que el poder que justamente da al aguante el valor natural, la técnica en constante evolución, iban domeñando la poderosa embestida del victorino, se iba iluminando el redondel con esa mágica encastada bravura.

Y a esto, Paco, añadió otro poder que da mayor relevancia al contenido de la creación, el poder del sentimiento, regalando así para el deleite de los espíritus de los diletantes taurinos, una faena en donde han convivido lo apolíneo, que dio la bella arquitectura, y lo dionisiaco que concedió la solidez del contenido.

Una auténtica lástima que haya fallado Paco con el acero, perdería dos auténticos trofeos; y otra gran pena que al Presidente Cano le haya pasado de noche la fundamental aportación de Pastelero, y no le rindiera tributo con la vuelta al redondel.

No obstante, lo de mayor importancia ha sido la ovación estruendosa con la que se han llevado en el viaje hacia el cachetero a Pastelero, y la vuelta con avasallador reconocimiento que dio Paco Ureña.

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@PERIODISTAURINO 

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