En Madrid… Oreja para un Ferrera muy por encima de los mansos de Las Ramblas

Madrid, 21 de mayo de 2017. Plaza de toros de Las Ventas. Undécima corrida de la feria de San Isidro. Casi lleno. Toros de Las Ramblas, varios justos de presencia, han resultado mansos y descastados, con mucha docilidad en general, pronto se han parado. Los menos malos fueron el segundo, tercero y quinto.

Juan José Padilla: Silencio y ovación.

Antonio Ferrera: Silencio y oreja.

Manuel Escribano: Silencio y silencio.

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Abriría plaza un toro que se vino a menos, al cual Padilla recibiría rodilla en tierra. Pronto el toro, pero sin clase en su embestida. En el tercio de banderillas Padilla animó a Ferrera y Escribano a banderillear, tras lo cual, obtuvieron el reconocimiento del público. Poco podía hacer el de Jerez  en la faena de muleta, pues el toro perdió fuelle y se quedó sin recorrido. Comenzó por la derecha, intentando las series ligadas, pero fue ardua tarea. A pesar de que humillaba, no tenia la fuerza suficiente  para desarrollar una faena conexa. Se lo quitó de encima rápidamente dándole la estocada.

Para compensar, Padilla se empleó durante la lidia del cuarto de la tarde, desarrollando pases con el capote de toda variedad: largas y chicuelinas, más tarde verónicas. Nuevamente, perdió fuerza durante la lidia, siguiendo así la tónica general de las corridas isidriles que llevamos. Tras brindar al público, comenzó una faena de forma idéntica a la anterior, pues también intentó verlo por la derecha. A pesar de ello, el toro buscaba la querencia. Manso toro, que no dio opción de nuevo a desarrollar una faena de calidad. Padilla se llenó de actitud, pero no había toro. El público reconoció su labor más tarde. Tras descabellarlo.

El primero de Ferrera, a pesar de llevar la cara por arriba en gran parte de la lidia, cumple en el caballo. Nuevamente los tres toreros compartieron banderillas, por lo que fueron ovacionados. La faena de Ferrera fue digna de reconocimiento, pues puso aplomo, templanza y conocimiento sabiendo ver al toro en lo que le pedía. Comenzó con unos buenos derechazos, para pasárselo a la mano izquierda con actitud muy torera. Intentó la ligazón, pero el hecho de no bajar la cara puso esa dificultad añadida la faena el segundo de la tarde. La estocada no fue buena y obtuvo el silencio del respetable.

Más tarde, lo destacable de la lidia del quinto fueron las banderillas, muy bien puestas, tras no haber cumplido con prontitud en el caballo. La faena al quinto fue un alarde de torería por parte de Ferrera, pues con un toro complicado de entender, ya que no embestía casi nada, pudo sacarse las tandas de donde no se presagiaba que existieran. Hubo torero por encima de toro, y con mucha clase, templó al toro por la derecha en un inicio, pasa llevárselo a la izquierda y comprender lo que le estaba pidiendo. Aguantó Ferrera dándole su espacio y sitio, para nuevamente cambiarlo a la mano derecha y más tarde propinar dos naturales con profundidad y recorrido. La estocada quedó un poco caída, y el toro se desplomó redondo, tras lo que el público pidió la primera y fuertemente la segunda, pero se quedó con la primera.

El tercer toro de la tarde, para Escribano, también fue banderilleado por el conjunto de los diestros, después de realizar un tercio de varas lamentable, pues no acudió y tampoco se arrancaba. El inicio de la faena al tercero  fue de mucha calidad, pues el toro, que humillaba, se dejó caer con el pitón derecho en la muleta de Escribano. Pero al momento, empezó a no tener profundidad y recorrido, es decir, falto de ritmo. Muy manso y sin clase, No hubo conexión de una faena desarrollada, ya que el toro no lo permitió. Intentándolo por última vez por la derecha, no obtuvo fortuna. Rápidamente se deshizo de él con una estocada algo transversal.

De nuevo, con el último toro de la corrida, veríamos la poca clase de los toros para acudir al caballo, así como la poca prontitud. Para ello, y también recapitulando, Escribano se arriesgó en las banderillas, con lo que obtuvo el favor del respetable. En su faena, rápidamente se daría cuenta de que su pitón era el derecho, pues humillaba por ahí y tenía ritmo. Tras una intentona al natural, se lo pasó al derecho, y el toro fue perdiendo fuerza y ligazón. Manuel Escribano puso todo su temple y torería para poder entresacar algunas tandas seguidas, sobre todo por la derecha.

En resumidas cuentas, corrida mansa y descastada, en la que los toreros tuvieron que poner mucho de su parte para el desarrollo de sus faenas. Lo más interesante fueron las lidias, en las que los toreros se emplearon sobre todo en banderillas. Ferrera cortó una merecida oreja al quinto, tras un alarde de actitud. Seguimos viendo mansos ejemplares, pero tenemos esperanza de cambio, y empezar a ver toros de verdad. ¡Viva la Fiesta!

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@Duenases

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