En Madrid… Talavante se impone ante un ganado de vergüenza

Madrid, 19 de mayo.Corrida de la Prensa. Lleno de “No hay billetes”. Toros de Puerto de San Lorenzo, uno de Buenavista, 1º bis y uno de Conde de Mayalde, 5º tris. Una tarde protagonizada por los cabestros de Florito, que tuvieron que actuar hasta en tres ocasiones. Dos de ellas por debilidad de los astados y una tercero por lesión.

Sebastián Castella: Ovación tras dos avisos y ovación tras aviso.

Alejandro Talavante: Silencio y oreja.

Javier Jiménez: Silencio y herido.

Detalles

A destacar la reafirmación del apoyo incondicional de S. M el Rey Emérito Juan Carlos I a la tauromaquia contando con su presencia, el cual recibió el brindis de los tres primeros toros.

Desagradable cogida a Javier Jiménez durante la lidia del sexto toro.

Parte médico

Herida por asta de toro en tercio superior cara interna de muslo derecho, con dos trayectorias, una hacia arriba de 20 cm que produce destrozos en músculos aductores y alcanza pubis, y otra hacia abajo de 15 cm que produce destrozos en músculos vasto interno y aductor.” Es intervenido quirúrgicamente en la enfermería de la plaza de toros. Pasa al Hospital San Francisco de Asís con cargo a la Fraternidad. Pronóstico: grave. Firmado: Dr. García Padrós

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Otra tarde de San Isidro que no se merece la afición, caracterizada por mansos con menos hechuras que muchos novillos lidiados en esta plaza. Pudo salvar los trastos Talavante, quien cortó una oreja de peso a un tris de Conde de Mayalde.

Tres pancartas lucieron al arrancar el paseíllo, las cuales reivindicaban lo que ya llevamos comentando toda la Feria, un toro encastado, ya que al tratarse de la plaza más importante del mundo, hay que honrarla como se merece y no insultar al aficionado que ha pagado una entrada para ver TOROS.

El primero de la tarde, tras perder las manos en dos ocasiones durante la suerte de varas, decidió echarse a la arena. El toro fue devuelto a los corrales.

Hacia los medios condujo Sebastián Castella a un primer sobrero, que se quedó dormido en el peto. Aprovechó para lucirse el diestro con un quite por tafalleras. La faena la comenzó con estatuarios, como es habitual en él. Supo entender bien al astado, dejando mucha distancia para aprovechar esa nobleza del animal. El toro humilló en la muleta, dejando una embestida con más clase por el pitón derecho. Demasiado alargó la faena Castella, quien oyó dos avisos. Unas bernardinas fueron las que derivaron en una excitación de los asistentes. La estocada fue trasera, por lo que tuvo que emplear el descabello.

Se rajó desde el inicio el cuarto de la tarde, lo que obligó al torero francés a lidiarlo en las inmediaciones de la puerta de los toriles. Lo intentó por ambos pitones, dejando algún muletazo al natural de gran torería. Tomó rápido los aceros para dejar una buena estocada.

Mirando al tendido salió el segundo de la tarde, para Talavante. Ante el caballo no hizo amago el cornúpeta de bajar la cabeza. Tras contemplar las escasas opciones que tenía el animal, tomó rápido los aceros dejando varios pinchazos y descabellos.

Tras dos pañuelos verdes, salió un Conde de Mayalde que no tuvo clase en la muleta pero al que el torero extremeño movió con suavidad y templanza. La profundidad de los pases hizo despertar a un tendido aburrido de ver siempre lo mismo. El toro requirió esa despaciosidad que tan bien domina el diestro con su muñeca izquierda. En absoluto silencio se quedó el coso cuando empuñó la espada y la colocó en un más que correcto lugar para dar muerte casi instantánea al animal. La petición de oreja fue unánime, la cual fue concedida tras hacerse de rogar un buen rato el presidente de la plaza.

Javier Jiménez fue el que menos suerte tuvo con su lote. Su primero no quiso saber nada ni de capotes ni de varas. No había dado tres pases por estatuarios cuando ya perdió las manos el astado, echándose en el albero, cerrando todas las puertas de triunfo al diestro. Finalizó la faena con una buena estocada.

Otro manso salió en el sexto lugar, un animal que tampoco bajó la cara en varas. La faena decidió brindársela a los asistentes a la corrida. La mansedumbre se hizo presente en el calamocheo del toro, que derivó en peligrosidad. Se intentó cruzar el torero pero tras varios amagos, fue prendido por la pelvis, circunstancia que le impidió continuar con la lidia para acudir a la enfermería para ser operado de urgencia.

En resumen, una tarde en la que las expectativas eran altas pero de nuevo nos encontramos con el mismo problema, el toro desencastado y mal elegido. Muy buenas sensaciones dejó Alejandro Talavante a pesar de la escasa condición del animal. Ya lo decía una de las pancartas que se mostraban al inicio:

“La mejor publicidad para la fiesta es la bravura”.

Y así es, si verdaderamente queremos y creemos en que Nuestra Fiesta es arte, debemos poner como protagonista al Toro Bravo. Sólo desde este argumento podremos asegurar que los toros perduren por muchos años más.

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@pablobielsa5

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