En Valencia… ¡Perera en hombros!

Valencia (España). Sexta de las Fallas 2017. Tres cuartos de plaza. Toros de D. Victoriano del Río, bien presentados, que dieron desigual juego y presentaron dificultades, con matices de bravura, alguno andarín, repetidor, otros más ásperos o que mansearon al final.

Sebastián Castella: Palmas con aviso y ovación con leve petición.

Miguel Ángel Perera: Ovación tras aviso y dos orejas tras aviso.

Román: Una oreja y palmas.

Detalles:

Perera, contundente, cortó dos orejas en su segundo.

Sebastián Castella confirmó su buen momento.

Román sus deseos de llegar a lo más alto.

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La corrida de Victoriano del Río sacó problemas y estamos seguros que no complació para nada a su criador, pues el sabe que del semillero de bravura de sus fincas salen toros con mejor juego que los que hoy se lidiaron en Fallas. Bien puestos de pitones y adecuadamente presentados, sin exageraciones en el peso, pero algunos de ellos con cinco años largos, lo que se notó en el desarrollo de la lidia.

Sebastián Castella, de Rosa y Oro, demostró su gran capacidad lidiadora, especialmente en el 1º al que después de recibirlo con verónicas, lo cambió de tercio con un sólo puyazo. Esto, con toros de Victoriano se paga, pues tienen raza para dar y tomar, de manera que el cinqueño llegó a la muleta andarín, obligando a Castella a un esfuerzo supremo, pues el burel no paraba. No obstante, Castella tiene una de las muletas más poderosas del escalafón, se dobló con el, le aguantó el gazapeo y le pegó muchos pases por los dos lados, tantos que le sonó un aviso sin haber cogido la espada. Lo mató de pinchazo y de tres cuartos de espada. Ovación.

En el cuarto, otro cinqueño burraco se lució en verónicas y chicuelinas de recibo. Quitó Perera con valor. Inició la faena con estatuarios y enseguida se puso a torear a un toro cuya embestida no tenía nada de bobalicona. Otra faena larga con series de derechazos y naturales. Castella está en plena madurez y esta tarde quedó claro que comienza la temporada con fuerza y capacidad. Un espadazo fulminante y no cuajó una tenue petición de oreja. Fue ovacionado.

Miguel Ángel Perera, de Verde Oliva y Oro, apostó por la tarde desde el principio con cinco verónicas de bienvenida al 2º, serio y bien puesto, pero también con mas de cinco hierbas. Quitó Román con gaonera y brionesa. Brindó al respetable y lo cambió dos veces por la espalda para rápidamente hacerse con las embestidas de su enemigo en una faena que hacía presagiar el triunfo. Pero, a mediados de la lidia el toro se rajó descaradamente y buscó el refugio de las tablas, y hasta allí fue Perera a buscarlo, pero poco o nada se podía hacer. Al hilo de las tablas le propinó una certera estocada. Ovación.

En el quinto, un burraco, pelo clásico de esta ganadería, la tarde alcanzó sus más altas cotas. Buenas las verónicas iniciales. Seguimos sin ver un tercio de varas en condiciones, esto es: Dejando los toros bien colocados para que los picadores puedan hacer la suerte como Dios manda, citando para provocar la embestida y dando los pechos del caballo. Y así una y otra vez. La afición lo está esperando, es una parte fundamental de la lidia, de hecho es el primer tercio de esta. Quitó con valor Román. Los que si brillaron fueron los banderilleros, como ha ocurrido en toda la Feria, que rinde un merecido homenaje a ese gran torero que fue Manolo Montoliú. Curro Javier puso dos buenos pares, uno de ellos de cartel de toros. Perera recibió al toro con estatuarios, para continuar con una faena larga en la que combinó su control de distancias, tiempo y altura, pues el toro, que embistió a todos los cites, requería un trato especial y el torero se lo dio. La música animó al personal y así cuando lo mató de una muy buena y efectiva estocada cayeron las dos orejas que paseó entre aclamaciones. Al final de la corrida salió en hombros por la Puerta Grande.

Román Collado Román, de Nazareno y Oro, salió a buscar el triunfo a como diera lugar, como corresponde a un torero en ascenso, y estuvo muy cerca de conseguirlo. A su primero lo toreó con desparpajo con el capote, con el que estuvo muy lucido toda la tarde. El toro tenía mucho que torear y después del brindis al público se puso de rodillas y empezó de manera vibrante a pegar buenos muletazos, algunos por bajo estimables, pero cuando quiso rematar adelantó un pelín el engaño y el toro que no era tonto lo vio, lo cogió por el vientre y lo elevó por los aires. La suerte y el poco peso del torero impidieron que el pitón le hiriera, librándose también en la arena donde el toro le buscó con saña. Román se levantó y a partir de allí se hizo con la escena en un trasteo emocionante acompañado por la extraordinaria Banda de la plaza. Al final, en un exceso de confianza estuvo a punto de ser nuevamente cogido en una arrucina en las tablas donde se había refugiado el morlaco. Una buena estocada que mató sin puntilla y una nube de pañuelos blancos pidió la oreja que fue concedida y paseada en la vuelta al ruedo.

En el sexto, el más basto, las ilusiones de Román se estrellaron contra el peor del encierro, que se paró y no le dio ninguna opción. Sin embargo quedó claro que el torero valenciano quiere comer de esto y sus paisanos lo despidieron con palmas de consuelo.

La Tauromaquia es un arte único y universal. No hay dos tarde de toros iguales y cada una de ellas tiene sus argumentos, desarrollo y razonamiento lógico, por eso hay que ver toros con todos los sentidos puestos en lo que pasa en la arena. Sólo así llegamos a acercarnos a la grandeza de la Fiesta, en la que todas las tardes, tres hombres salen al ruedo a jugarse la vida, ni más ni menos! No hay otra actividad cultural comparable a este rito milenario del enfrentamiento del hombre con el toro!

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@wcardenasrubio

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