El comentario de Miguel Ángel Yáñez… Así no es Encabo; que puedes destrozar a muchos prospectos

Los grandes hombres en la historia de la humanidad, se han caracterizado por su bonhomía, serena inteligencia y evidente sensibilidad, al margen de su explícita sabiduría; esto, por supuesto, no es el caso -ni por mucho- de, Luis Miguel Encabo, quien en algún momento quiso ser pero no fue, porque todo se quedó en las buenas intenciones en medio de su mar de la nada.

La mediocridad.

El destino le da nuevamente la oportunidad de resarcirse en la Fiesta de los toros, a través de guiar a jóvenes prospectos, pero Encabo -y su mala cabeza- vuelve a demostrarle al porvenir que para este reto, carece de toda capacidad por sus evidentes limitaciones.

La irracionalidad vuelve a ser parte fundamental de su actitud, de su mala conducta y si algo o alguien le molesta, aunque en la realidad no exista motivo para ello, responde de forma ofensiva, iracunda, soez, vulgar, majadera, amenazadora, etcétera, etcétera, etcétera, y se ayuda de sus oficiosos esbirros para amedrentar.

Vosotros os preguntáis el por qué de este prólogo; como todo en la vida hay una historia que contar, y aquí la mía:

Es muy triste y penoso ver y vivir la situación por la que está transitando el mundo del toreo, ya que al margen de los ataques que sufre desde afuera por parte de los antitaurinos, animalistas, de ciertos políticos oportunistas, de gobiernos municipales, así como nacionales, a los que podríamos denominar en algunos casos como bananeros y populistas que todos conocemos; la tauromaquia tiene que soportar a gente que habiendo sido invitada para salvaguardar la grandeza del toreo, persiste en su malévola intención de pisotearla y destrozarla.

Por lo anterior, os reitero que el verdadero enemigo lo tenemos dentro, en nuestra propia Fiesta y son los que más daño le hacen.

Miguel Ángel Yáñez entrevistando al novillero Rubén Núñez hasta que fue agredido por Luis Miguel Encabo

Y, todavía hay más cosas, lamentablemente, peores, mucho peores.

Aquellos que se creen los «dueños» de la Fiesta, con derechos sobre los toreros, especialmente con los que están en los escalafones inferiores, a quienes se supone les deberían enseñar e infundir los nobles valores del toreo, de la persona digna, honesta y respetuosas, con el fin de formar con solidez a esos jóvenes ávidos de llegar a ser esa gran figura con la que todos han soñado y, que sin embargo, pocos de esos disque enseñantes, han sido en la realidad figuras, más bien el pasado inmediato los delata como “obreros” del capote y algunos ni tan siquiera de la muleta.

Algunos se presentan con ciertas ínfulas ante sus alumnos, como si hubieran sido toreros de época, cuando su historial informa que han sido sólo uno más de los toreros del montón.

Así es, penosamente, el caso de, Luis Miguel Encabo, uno de los “»profesores”» -sí muy entrecomillado- del Centro Internacional de Tauromaquia y Alto Rendimiento (C.I.T.A.R.) a quien siempre le ha precedido y acompañado una fama nada recomendable, sobretodo para formar parte de un proyecto tan importante como ser partícipe en la formación de nuevos prospectos.

Justo cuando entrevistaba este sábado 9 de octubre al joven mexicano, Rubén Núñez, recién triunfador del Camino Hacía Las Ventas, un chico por demás educado, amable y afable, quien demostró ser un novillero sin caballos que va por el buen camino al ser proclamado ganador del certamen; llegó inesperadamente, Luis Miguel Encabo, de forma por demás prepotente, vulgar e interrumpió la grabación que estábamos llevando a cabo con el fin informativo de que nuestros amigos lectores conocieran más de los argumentos que posee el joven prospecto.

De forma brusca, majadera y nada educada, exclamó Encabo, que “… ya era muy tarde y llevan mucho tiempo esperando para marcharse”.

¿Mucho tiempo los tres minutos que llevaba la entrevista y cuando mucho faltaban otros 30 segundos?

A, Encabo, se le olvida que él es un simple empleado, y que tiene por obligación de acuerdo a las leyes, reglamentos y los propios estatutos de CITAR, que respetar y obedecer las directrices a seguir. Cuando tenga su empresa -si es que algún día pudiera tenerla- será otra cosa, y aunque la tuviera debe recordar que:

Todos, absolutamente todos merecemos respeto.

Me dio pena, mucha pena con el joven novillero mexicano, porque tuvo que vivir este incidente, su carilla mostraba desconcierto y mucha pena ajena por el comportamiento de su «maestro».

Qué gran pena también me dio con el chico, no se merecía la majadería de Encabo.

No contento con arrebatarme al novillero, se acercaron dos personas a los que por su actitud ofensiva les podríamos llamarles “esbirros o perros de presa”, uno de los miembros de la cuadrilla y otro vestido de calle increpándome e invitándome a que me largase de allí e incluso, con cierta amenaza el banderillero voz en cuello afirmó que él y el otro tipo eran policías y que estaba alterando el orden público, siendo empujado para apartarme del lugar.

Pobre gente iletrada, ni siquiera conocen lo que al Estado de Derecho corresponde, para hablar lo que significa alterar el orden público por lo menos deben conocer de legislar. Y por otra parte el afirmar que son parte de la seguridad del Estado y no serlo cometen un gravísimo ilícito.

Esa es la gente que deambula por la Fiesta y que tanto daño le está haciendo.

Así, que simplemente le digo a, Rubén, así como a todos aquellos que en su entorno tienen personajes de este calado y condición, que no sean como ellos porque podrían fracasar en la vida.

Sólo basta que se vean en ese alarmante espejo que es Encabo.

Los insultos, amenazas y humillaciones que me soltó Encabo se han ido; a él no sé si su fracaso también ya le haya dejado vivir en paz.

¡En qué manos está el toreo!

Y como se dice por estos lares…

¡Entre todas la mataron y ella sola se murió!

Luego vendrá el llanto, el crujir de dientes y el rasgado de vestiduras con la defunción.

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@miguel_a_yanez  

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