Lo dice Pepe Mata… Rumbo hacia la tonelada de mansedumbre

El toro de Madrid, y todos los toros que se presenten en los cosos del mundo taurino, deben justamente parecer eso… toros; aquello de que para “darle” una supuesta seriedad a la Fiesta, se insista en el toro “elefansiático” me parece algo absurdo.

La ganadería de, Domingo Hernández, que representa, Justo Hernández, ha tenido cuajo, kilos en serio, tantos que por ejemplo, el que hizo tercero, estuvo a punto de rebasar los 700 kilos; o es posible que los haya superado, por las “exquisitos manjares” que le preparó Florito en su estadía en los corrales de Las Ventas…

… pero, algo más, tuvieron movilidad.

Pues sí, han tenido movilidad, pero… les faltó bravura.

Como se ha puesto de moda la fiestecita de la movilidad, pues entonces así sean gigantescos los toros, se mueven, y es posible que por ello, en la genética preparen un toro que sirva sólo al tercio de muleta sin que moleste al torero…

… que ahora se puede hacer todo, y mucho más.

Sí, pudiera ocurrir, aunque les falte esa bravura que otorga la sensación de riesgo, de peligro, y convierte a un torero en un héroe.

Los toros de, Domingo Hernández, no tuvieron un buen tercio de varas, más bien resultó un simulacro, se estrellaban en los caballos, y por supuesto que por la inercia que da peso más velocidad, provocó que los de Domingo, movieran con la “pata en la cintura” a los debiluchos jamelgos.

¿Esta será la solución?

Yo creo que no.

Se requiere un toro con impecable trapío, que sea bravo, esto es pelee con poder, que tenga casta que le otorga ese sustento a la acometida y vaya a más; después, tras ser dominado por el torero, desarrolle calidad, clase, recorrido y emotividad.

En este festejo en cuestión, con el segundo de la corrida -primero del señor Ponce- le vimos hacer lances de dos en dos, porque iba huyendo el astado, luego el simulacro de la suerte de varas, y una faena de obediencia borreguna, no obstante, tuvo gran presencia…

… gigantesca presencia.

El señor Ponce lució con su conocida faena estética, bonita, de fina arquitectura, esto es belleza en las formas, aunque endeble contenido. Reponiendo muchos pasitos entre cada pase… como si se tratara de la representación de Copelia de Leo Delibes; y con una distancia más que pertinente para dar holgura entre la geografía del diestro de Chiva y el obediente bovino de Domingo Hernández. Como estuvo desacertado con el acero, un horrendo metisaca y una estocada trasera, el entusiasta público le regaló una oreja.

Qué bueno, quedaron satisfechos gran número de los ahí presentes…

… sí, quedaron satisfechos torero y su público que le fue a ver.

Quizá, en mi concepto, en donde lució más el señor Ponce, fue en su segundo.

Sí, otro toro de gigante presencia, de una arboladura impresionante, pero tan, tan, tan manso, que le fue complicando la vida, por supuesto, momentáneamente, al divo de Chiva.

El torote iba punteando, en varias ocasiones le alcanzó la muleta al torero, pero este no se inmutó, persistió en su reto, y extrajo una faena ausente de belleza, pero si con poder y aguante, que mostró su deseo de agradar a sus amados seguidores.

Y, eso…

… eso es encomiable.

Estaba en Madrid, y ahí no podía echar el pie hacia atrás, sino consumar una faena a pesar de los designios de la mansedumbre que habían tornado en complicados.

Al final, falló con el acero al dejar un pinchazo, vendría otro espadazo más trasero y tendido, y… claudicaría el toro con retraso por la mala colocación de la espada.

Cierto sector de gente pidió una oreja y la bondad infinita del Excmo. Señor Presidente D. Jesús María Gómez Martín, le dictó su corazoncillo ponciano, que debería regalarle una oreja al señor Ponce, e isofacto exhibió desde las alturas la potestad de hacerlo con ese pañuelo blanco.

¡Claro!

¡Claro!

¡Claro que hubo protestas!, porque este festejo no es ni el resumen de la carrera del señor Ponce, ni premiar la segunda faena para compensar las fallas con el acero de la primera.

Por eso protestó el público, y así en medio de la división provocada por la mala decisión, se dio la vuelta el señor Ponce, y le abriría la bondad franciscana del Presidente Gómez Martín, la puerta grande de Las Ventas.

Por supuesto, que no faltó quien comentó, que, el señor Gómez Martín, al despedirse de sus amiguetes, para abordar su lujoso carrazo que enseña como insignia una estrella, lucía una sonrisa que mostraba la blancura de sus dientes de alegría, por el triunfo de su torero, bueno, pues ya está…

… esa oreja protestada, ha sido una forma, de también sacar en hombros al señor Ponce desde el palco de la presidencia.

De los demás, les complicó la vida el encierro, David Mora recibió un fortísimo guantazo que le pasó rozando el pecho por la entrega al rubricar su segunda faena; mientras que al señor Varea, le faltó dar mucho más de lo que él sí puede ofrecer, acaso unos maravillosos naturales, dos para ser exactos con el que cerró plaza que resultaron en verdad esplendorosos.

En fin, que en Madrid, más que un toro que pueda tener una tonelada de peso y un océano de bondadosa mansedumbre, lo que se requiere es que vuelva a sus orígenes el toro…

… el toro bravo y encastado, para que le otorgue sustento con su verdad, al arte de torear TOROS BRAVOS.

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@PERIODISTAURINO

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